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Este proyecto inició hace 10 años como una iniciativa para dar solución a un problema: la falta de cubrimiento diario, de artículos de investigación y de análisis sobre el crimen organizado en el continente americano.

“Existe una extraña dicotomía en el mundo actual, en la que tenemos acceso a enormes cantidades de información, pero aun así tenemos muy poca información necesaria para tomar decisiones y adoptar estrategias para hacer frente a los problemas fundamentales de nuestro tiempo”, escribíamos en nuestra primerísima propuesta en 2010.

“Uno de esos problemas es el crimen organizado. En Latinoamérica y el Caribe, como en la mayor parte del mundo, el crimen organizado desestabiliza gobiernos, azota barrios, erosiona instituciones y afecta de manera importante la manera como los poderes regionales interactúan en temas comerciales, económicos y militares. Sin embargo, parece que tenemos pocas respuestas frente a esto y repetimos los errores cometidos en luchas pasadas”.

Para llenar ese vacío, creamos InSight Crime, una organización a la que siempre hemos considerado en parte periodística, en parte centro de pensamiento y en parte instituto de investigación académica. Desde el comienzo, esa visión fue tan ambiciosa como suena.

“El objetivo de este proyecto es elevar el nivel de investigación, análisis y cubrimiento periodístico sobre el crimen organizado en Latinoamérica y el Caribe”, decía nuestra primera declaración misional.

Y con el respaldo de nuestra entonces organización matriz, Fundación Ideas para la Paz (FIP), y el financiamiento de Open Society Foundations (OSF), lo hicimos, redactando y publicando entre tres y cinco artículos cada día de la semana en nuestros primeros pinitos en el sitio web.

El trabajo se basaba en una combinación de compilación de noticias y reportería propia. Redactábamos noticias breves sobre capturas y decomisos, y análisis más extensos sobre operaciones criminales y sobre la evolución del crimen.

Realizamos investigaciones, que iban desde una exploración de la economía criminal del grupo insurgente más antiguo de la región, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), hasta la brutal expansión de una de las organizaciones criminales más nuevas del continente, Los Zetas.

Elaboramos perfiles de los principales grupos, como el Cartel de Sinaloa y su célebre líder, Joaquín “El Chapo” Guzmán, y reseñas sobre las actividades criminales en más de una docena de países.

Algunas de estas piezas nos plantearon dinámicas criminales extremadamente distintas. Vimos, por ejemplo, a Honduras, un país con altos índices de criminalidad y tasas de homicidios igual de elevadas, y Paraguay, un país con mucha criminalidad y tasas de homicidios bajísimas.

VEA TAMBIÉN: InSight Crime – Diez años de investigación del crimen organizado en América Latina

En poco tiempo el sitio se convirtió, como lo esperábamos, en una completa fuente de información sobre el crimen organizado en el continente americano. Pero nos dimos cuenta de que debíamos ampliar nuestro cubrimiento. Lo que debíamos sacar a la luz no eran solo los criminales, sino también los aliados corruptos de esos grupos criminales en el gobierno y las élites, algunos de quienes habían creado sus propias redes poderosas de tipo mafioso.

Más aún, las políticas de gobierno para enfrentar el crimen organizado requerían mayor escrutinio, por lo que dedicamos mayor atención al análisis de temas como reformas policiales, reformas judiciales y prisiones. El cambio trajo una declaración misional un poco más ambiciosa.

“La misión de InSight Crime es informar y abrir el debate sobre el crimen organizado en Latinoamérica y el Caribe con la esperanza de facilitar iniciativas de política más efectivas y a largo plazo en torno a cuestiones de seguridad ciudadana”, escribimos en 2013.

Los tópicos también se ampliaron: derechos humanos, género, delitos ambientales, cibercrimen, desplazamientosnarcocultura, entre otros.

Pronto comenzamos a dictar seminarios sobre mejores prácticas y formas de mitigar riesgos, dirigidos a organizaciones periodísticas y no gubernamentales en toda la región. Con el tiempo, nuestra red se amplió. Aprendimos de los otros y compartimos artículos de una plataforma a otra, que mostraban patrones transfronterizos y la necesidad de atacar este problema a escala regional.

Durante ese tiempo, presentamos nuestros hallazgos en foros públicos y reuniones a puerta cerrada con representantes de gobiernos. Y pronto comenzamos a investigar lo que funciona en materia de seguridad ciudadana, lo cual motivó otro pequeño ajuste a nuestra misión.

“Buscamos dar forma y profundidad al debate sobre el crimen organizado en la región presentando al público general reportería constante, análisis e investigación sobre el tema y sobre los esfuerzos de los gobiernos por combatirlo”, escribimos en 2018, en la más reciente versión de nuestra declaración misional.

Ahí es donde nos encontramos actualmente, luego de 10 años: aún registrando las hazañas de los grupos criminales, pero ahora buscando soluciones a ellas, sin desatender ninguna tarea.

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