15 años de sangre y venganza: Disputa del Cartel del Norte del Valle continúa

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La amarga vendetta que dividió al Cartel Norte del Valle de Colombia ha cobrado su tercera generación de víctimas, y sigue desarrollándose a medida que los Rastrojos se enfrentan a los Urabeños.

La captura de Fernando Greylin Varón Cadena, alias “Martín Bala”, a finales de mayo, marcó el fin de una alianza de “narcos junior” (una nueva generación de narcotraficantes, herederos de clanes familiares establecidos) relacionados con la caída de los narcotraficantes del Cartel Norte del Valle (CNDV), la cual incluyó la combinación de fuerzas entre Varón y Mario Urdinola, alias “Chicho”, y Andrés Arroyave, alias la “Maquinita”.

Durante los dos últimos años, esa alianza ha luchado junto al grupo neo-paramilitar conocido como los Urabeños, en una sangrienta disputa territorial con sus rivales los Rastrojos. La lucha se centra en el suroeste de Colombia, adentro y alrededor de la parte norte del departamento (provincia) del Valle del Cauca, de donde el cartel tomó su nombre. Para los Urabeños, la guerra era simplemente de negocios, como parte de una agresiva expansión a nivel nacional. Para Varón, Urdinola y Arroyave, ésta era una forma de recuperar la riqueza y el poder que veían como su herencia, y una forma para exigir venganza.

Las raíces de la enemistad entre los jóvenes traficantes y los Rastrojos se remontan a la decapitación de los dirigentes del CNDV, a finales de la década de los noventa. La pérdida provocó una lucha por el poder, que fue alimentada por la paranoia generada por la re-introducción de la extradición de los narcotraficantes. A un lado de esa lucha estaba Diego Montoya, alias “Don Diego”, y su ejército privado – los Machos. Por otro lado, estaba Wilber Varela, alias “Jabón”, y su brazo armado – los Rastrojos.

En 2002, los dos grupos abiertamente entraron en guerra después de que Varela ordenara el asesinato de uno de los aliados de Montoya, quien, sin Montoya saberlo, estaba colaborando con la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). La primera fase de la guerra, conocida en Colombia como de “la guerra de los espías”, cobró la vida de más de mil personas, entre ellas, familiares, amigos y socios de las principales figuras de ambos lados. El conflicto continuó hasta que Montoya fue arrestado en 2007 y su enemigo Varela fue asesinado el año siguiente por sus propios lugartenientes.

Rastrojo vs Machos Presence espanol

El control de los Rastrojos quedó en manos de los asesinos de Varela – los hermanos Calle Serna, conocidos como Los Comba – y su aliado Diego Pérez Henao, alias ‘Diego Rastrojo “, un antiguo socio de Montoya, quien desertó después de que la pareja cayera. El poder de sus rivales pasó al Clan Urdinola, familiares de uno de los fundadores del CNDV – Iván Urdinola, quien murió en circunstancias misteriosas en una cárcel colombiana en 2002. Tras la captura de un líder y la entrega de otro, el liderazgo de los Machos quedó en manos del joven Mario Urdinola – alias Chicho.

Bajo la dirección de los hermanos Calle Serna, los Rastrojos comenzaron a expandirse rápidamente a través del país, convirtiéndose, posiblemente, en la organización narcotraficante más poderosa de Colombia. Los Machos, por su parte, empezaron a vivir un periodo de declive, y lucharon por tener un lugar asegurado en el nuevo mundo de la más reciente generación de grupos narcotraficantes, que surgieron a partir de la disolución del CDNV y el grupo paramilitar: las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

No obstante, las fortunas contrastantes de los rivales hicieron poco para calmar la mala sangre entre ellos y, pese a su debilitada posición, Urdinola comenzó a formar una coalición para hacer frente a los Rastrojos.

Uno de los primeros en unirse a esta coalición fue Varón, hijo de uno de los aliados más cercanos de Diego Montoya, Martin Fernando Varón. La historia de Varón sigue siendo oscura, ya que los cuentos de sus hazañas criminales a menudo se mezclan con los de su padre, quien transfirió su alias de Martín Bala a su hijo. Sin embargo, se sabe que Varón huyó a España después de un atentado contra su vida por parte de los Rastrojos, en 2005. Mientras se encontraba en España, la familia, incluida la hermana de Varón, usó sus conexiones para establecer una lucrativa ruta de narcotráfico en Europa. La red de tráfico fue desmantelada en 2011, pero en ese momento Varón ya había regresado a Colombia en busca de su venganza.

Más adelante, Varón presuntamente ayudó a Andrés Arroyave a agrupar la tercera parte de los narcos junior. Arroyave huyó de Colombia a México luego de que su padre, y socio del CNDV, José Arley Arroyave, fuera asesinado en 2010, en un golpe que el joven Arroyave cree que fue llevado a cabo por los Rastrojos. Los carteles mexicanos tomaron a Arroyave bajo su ala, y juntos emplearon sus conexiones familiares para establecer rutas de narcotráfico desde Colombia. En el proceso, Arroyave – todavía en sus veintes – amasó una fortuna que se cree que superó los US$100 millones. No obstante, para Arroyave, la tentación de venganza también era demasiado fuerte como para mantenerse al margen, y en 2011 regresó a Colombia para, según sus palabras: ” “(…) matar a todos los que bajaron a mi papá.

Detrás de los narcos junior y la guerra renovada con los Rastrojos se encontraba un viejo estadista del mundo del narcotráfico, quien también guardaba rencor contra los Rastrojos – Víctor Patiño Fómeque, alias “El Químico”. Luego de trabajar primero con el Cartel de Cali, Patiño se convirtió en socio del CNDV y aliado cercano de Montoya, pero en 2002 fue encarcelado en Estados Unidos. A cambio de una sentencia corta, Patiño colaboró con la DEA, convirtiéndose en una verdadera fuente de información para las autoridades estadounidenses. A cambio, sus antiguos aliados en Colombia respondieron con retaliaciones contra su familia, socios e intereses comerciales, y sus declaraciones le costaron la vida a unas 35 personas, entre ellas su medio hermano, a quien los hermanos Calle Serna y sus asociados asesinaron, descuartizaron y arrojaron a un río.

Tras su liberación y regreso a Colombia, Patiño buscó reubicarse en el mundo criminal de Colombia. Lo hizo buscando y patrocinando a los herederos del imperio caído del CNDV, particularmente a Varón, Arroyave y Urdinola; y mediante la construcción de contactos con la única mafia en Colombia equipada para enfrentarse a los Rastrojos en el ámbito nacional: los Urabeños.

En 2011, la incipiente alianza anti-Rastrojos se consolidó cuando Urdinola llegó a un acuerdo en el que los Machos fueron absorbidos por los Urabeños. En ese momento los Machos tenían 35 combatientes, una sombra del ejército que alguna vez fue. Sin embargo, todavía controlaban las redes criminales locales y las lucrativas rutas del narcotráfico de la costa del Pacífico, las cuales entregaron a los Urabeños a cambio de dinero, armas y pie de fuerza.

La guerra provocó el aumento de la violencia, con Cali – epicentro del conflicto – reclamando el honor no deseado de ser la ciudad más peligrosa de Colombia, y la séptima más peligrosa del mundo. El conflicto también cobró la vida y la libertad de los líderes de ambas partes.

Los Rastrojos han sufrido la caída más fuerte, pero adecuada. En mayo de 2012, el más poderoso de los líderes del grupo, Javier Antonio Calle Serna, se entregó a las autoridades estadounidenses. En cuestión de meses la estructura de mando fue diezmada, probablemente como resultado de las declaraciones de Calle Serna. El grupo comenzó a fracturarse en facciones locales, y sus días como un actor importante en el mundo criminal de Colombia, estaban contados.

No obstante, mientras los Urabeños aprovecharon los problemas de los Rastrojos para reforzar su control sobre la región del Pacífico, los días de los enemigos acérrimos del CNDV de los hermanos Calle Serna fueron apenas mejores. En marzo de 2012, Arroyave se convirtió en el primero de la nueva generación en caer cuando fue detenido en una finca en Cundinamarca. Urdinola fue el siguiente, y fue capturado en enero de 2013 después de que la policía aparentemente lo localizara, luego de poner un chip en el collar de su perro favorito. Finalmente cayó Varón, quien fue capturado mientras compraba una moto Harley Davidson en Bogotá.

Sin embargo, la violencia continúa. Se cree que las facciones atomizadas de los Rastrojos son controladas por ex lugartenientes de los hermanos Calle Serna, y siguen siendo una fuerza a nivel local. Los Machos luchan ahora bajo el nombre de los Urabeños, pero al parecer siguen bajo la influencia de la familia Urdinolala familia y socios de Diego Montoya.

Mientras tanto, El Químico – Víctor Patiño Fómeque – ocupa un lugar importante tras bambalinas. Siendo un narcotraficante y capo mafioso, Patiño Fómeque ha sobrevivido el Cartel de Cali y el CNDV, y ahora se ha posicionado con los Urabeños para sobrevivir a la desaparición de los Machos y, también, de los Rastrojos. Aún está por verse si él logra sobrevivir al ciclo de traición y venganza que ha consumido a esos, otrora poderosos, ejércitos.

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