¿Cuál acusación podría derrocar a Jair Bolsonaro en Brasil?

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Las acusaciones legales y políticas contra el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, le llegaron juntas y rápido: presunta injerencia en asuntos policiales, intento de encubrir los problemas criminales de sus dos hijos, intento de manipular las investigaciones contra aliados en el Congreso, y una irresponsable respuesta frente a la pandemia del coronavirus.

Pero falta ver cuál será la que le cause más problemas.

El 2 de mayo, Sergio Moro, exministro de justicia y seguridad pública de Bolsonaro, le mostró a la policía federal copias de los mensajes de WhatsApp que intercambió con el presidente. Dichos mensajes al parecer confirman que Bolsonaro presionó a Moro para que destituyera a Maurício Valeixo del cargo de director de la policía federal.

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En uno de los mensajes, al parecer el presidente le envió al ministro un enlace a una noticia sobre una investigación contra aliados políticos, agregando que aquella era “otra razón para realizar el cambio”. Moro respondió que esa investigación en particular era supervisada por la Corte Suprema y no por la policía federal.

En otro mensaje, Bolsonaro parecía estar presionando para que se nombrara un nuevo jefe de policía en Río de Janeiro, donde uno de sus hijos enfrenta una investigación. “Moro, quedas con 27 jefes de policía, y yo sólo con uno, el de Río de Janeiro”, se lee en el mensaje.

Moro reiteró además que Carla Zambelli, diputada federal y aliada de Bolsonaro, le ofreció un nombramiento en la Corte Suprema de Brasil si aceptaba buscar un remplazo para Valeixo.

Bolsonaro ha pasado al ataque. Ha negado que hubiera cometido algún delito y ha dicho que Moro había filtrado informes confidenciales a la prensa, violando así la Ley de Seguridad Nacional del país, según un informe de  Folha de São Paulo.

Análisis de InSight Crime

Cuando Bolsonaro nombró a Moro como su Ministro de Justicia en noviembre de 2018, los escépticos se preguntaron cuánto tiempo podrían convivir el explosivo presidente y el empecinado juez anticorrupción. Diecisiete meses después, Bolsonaro se está dando cuenta de lo que muchos políticos brasileños ya sabían: que no es buena idea estar del lado malo de Moro.

Según la BBC, Valeixo, a quien Bolsonaro intentó destituir del cargo de jefe de la policía federal, ha sido la mano derecha de Moro durante años. Dirigió la policía federal en el estado de Paraná, al sur del país, cuando Moro estaba allí al frente de la Operación Lavado de Autos (Lava Jato) y fue elegido por Moro para que lo acompañara a Brasilia. Quizá esto hizo que el exjuez se tomara la interferencia de Bolsonaro de una manera más personal.

Aunque el contenido de la declaración de Moro se conocía de antemano, proporcionó pruebas condenatorias que implicaban al presidente y a algunos de sus aliados.

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La reputación de Moro ya no es la que solía ser. Las revelaciones de The Intercept el año pasado, según las cuales él aconsejó a los fiscales en el caso contra el expresidente Luis Inácio Lula da Silva, no están precisamente olvidadas. Sin embargo, su testimonio sigue teniendo bastante peso.

“La destitución de Sergio Moro fue más restringida de lo que muchos esperaban. Aunque no arroja nueva luz sobre las acusaciones contra Bolsonaro, aumenta la presión sobre el presidente”, dice Robert Muggah, fundador del Instituto Igarapé, un centro de pensamiento de políticas, en comunicación con InSight Crime.

La Corte Suprema ha extendido la investigación a otros tres ministros del gabinete Bolsonaro, quienes, según las declaraciones de Moro, tenían conocimiento sobre los supuestos intentos de interferir en asuntos policiales.

Esto no significa aún que Bolsonaro vaya a enfrentar un juicio criminal. Para Matthew M. Taylor, experto en asuntos brasileños en American University, hay una serie de circunstancias que pueden impedir que ello suceda por ahora.

“Lo que creo es que esta investigación quizá no avance mucho. Aunque es evidente que Moro tiene algunas pruebas gravosas y posiblemente incriminatorias contra Bolsonaro, no hay mucho que los tribunales puedan hacer”, le dijo Taylor a InSight Crime.

“Por eso esta evidencia realmente solo tendrá peso si hay una investigación de destitución”, agregó.

Aun si Bolsonaro sobrevive a esta investigación, ello no significa que esté libre de asuntos criminales. Según Muggah, hay al menos otras tres cosas que lo podrían conducir a su caída antes de las elecciones de 2022: destitución por parte del Congreso por delitos de responsabilidad, condena de la Corte Suprema por delitos comunes, o expulsión por parte del tribunal electoral nacional por presuntas acciones irregulares durante la campaña de 2018.

Augusto Aras, fiscal general de Brasil, es la única persona que puede imputar al presidente de “crímenes comunes” en lugar de “crímenes de responsabilidad”, que equivalen a “delitos graves y faltas” en Estados Unidos, y cuya demanda puede ser entablada por cualquier ciudadano brasileño. En cualquier caso, la Cámara de Diputados haría una votación acerca de si iniciar un juicio criminal o audiencias de destitución, respectivamente.

Pero Taylor también cree que la destitución es poco probable. “Me parece que, aunque cada vez hay más presión, la olla todavía no va a explotar. La única persona que puede conseguir el avance de la destitución es Rodrigo Maia (presidente de la Cámara de Diputados), y aunque se le han hecho muchas solicitudes de que adelante la destitución, todavía no parece dispuesto a tomar esa medida”, dice.

Y aunque el manejo del asunto del coronavirus por parte del mandatario ha sido vergonzoso, la pandemia podría serle útil. “Históricamente, las destituciones se han dado solo cuando ha habido mucha presión en las calles. Y esto no puede ocurrir de la misma manera en una época de distanciamiento social”, agregó Taylor.

Hasta ahora, la estrategia de defensa de Bolsonaro es muy típica de su manera de actuar: ha hecho aparecer a los periodistas como mentirosos, a Moro como a un criminal, y, dado que su popularidad disminuye en las encuestas, ha apelado a una base de seguidores cada vez más fanáticos.

Las próximas semanas mostrarán si Bolsonaro podrá jactarse de su manera de salir de todo esto.

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