Arresto de grandes traficantes no acabará con producción de cocaína en VRAEM, Perú

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Las autoridades han detenido a dos prominentes narcotraficantes en la región de mayor producción de coca en Perú, pero es poco probable que estas capturas permitan corregir las deficiencias del país en la lucha contra el cultivo y procesamiento de coca.

A principios de mayo, la policía detuvo a Víctor Rivera Muñoz, alias “Jarachupa”, en un puesto de control cerca de la ciudad de Ayacucho, informó El Comercio. Rivera Muñoz es acusado de dirigir una de las principales operaciones de narcotráfico en el Valle de los Ríos Apurimac, Ene y Mantaro (VRAEM). Sus redes también se extendían a Bolivia y Colombia, e incluso a México.

Las autoridades dicen que un socio de Rivera Muñoz lavaba las ganancias del grupo mediante la compra y venta de autos en Lima, la capital del país. La red de tráfico tenía al parecer un patrimonio neto de unos US$3 millones, según El Comercio.

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Rivera Muñoz es el más reciente de una serie de importantes narcotraficantes capturados en el VRAEM.

En el mes de abril, las autoridades arrestaron al supuesto capo Gregorio Murillo Delgadillo en su casa en aquella región. Según El Comercio, los investigadores dicen que Murillo Delgadillo ejercía el control sobre un corredor de drogas que conecta las ciudades de Junín, Huancavelica y Ayacucho. En conjunto con guerrilleros de Sendero Luminoso, el capo de la droga ocupaba a grupos de unos 18 “mochileros” de cocaína, cada uno de los cuales cargaba hasta 15 kilos de cocaína en sus mochilas.

A finales de 2018, el ministro de Defensa, José Huerta Torres, dijo que el gobierno se había propuesto pacificar el VRAEM hacia 2021. Recientemente, se asignaron cerca de US$500.000 a la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida Sin Drogas (DEVIDA), para financiar operaciones de lucha contra las drogas en la zona.

El cultivo de coca en el VRAEM ha aumentado en los últimos años. En 2017, las 21.646 hectáreas de coca en el valle peruano representaban casi la mitad de los cultivos del país, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

Análisis de InSight Crime

El VRAEM ha sido por muchos años una de las regiones cocaleras más importantes de Perú. Y si bien dos de los traficantes más buscados han sido detenidos, las condiciones en la región indican que el cultivo de coca continuará existiendo.

Las oportunidades económicas en el VRAEM son escasas. Para muchas familias campesinas, el cultivo de coca es la única manera de ganarse el sustento. Incluso después del arresto de traficantes como Rivera Muñoz y Murillo Delgadillo, el narcotráfico en la región seguirá siendo muy resiliente. Las poderosas estructuras del crimen organizado como la guerrilla de Sendero Luminoso continúan siendo activas y son temidas por los residentes locales.

Además, los programas gubernamentales para alejar a los pequeños productores de coca de este negocio y llevarlos hacia cultivos como el cacao y el café están en peligro por el continuo mercado de la coca.

En el mes de abril, una organización de unos 3.000 agricultores dedicados al cacao y el café en el VRAEM se unieron para pedir su certificación como cultivadores de productos orgánicos, informó El Comercio. El líder de la organización dijo que el aumento en los cultivos de coca en la zona está poniendo en riesgo esa certificación, que les permitiría a esos agricultores obtener mejores precios. El uso indiscriminado de glifosato, herbicidas, pesticidas y fungicidas en los cultivos de coca cercanos amenaza con contaminar sus tierras certificadas para la siembra de productos orgánicos.

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“Si el gobierno no nos apoya, estimamos que en el 2021 muchas de las familias productoras de café y cacao ya no tendrán nada para exportar y, lamentablemente, tendrán que dedicarse a la hoja de coca”, dice Luis Santivañez Sánchez, representante de una cooperativa local de cultivadores de cacao y café.

Para empeorar las cosas, la caída en los precios del café a nivel mundial ha obligado a los pequeños agricultores que han optado por cultivos alternativos a volver al cultivo de la coca, el cual ofrece mayores ganancias y de manera más constante. Una cosecha de 1.500 kilos de café puede significarles a los pequeños agricultores ganancias por US$2.000 al año. La misma cantidad de cacao les puede generar cerca de US$2.700 al año. Pero, por otro lado, los cultivadores de coca reciben unos US$18.000 al año, según estimaciones del Geni Fundes, una asociación local de productores de cacao y café.

Perú no es el único país con problemas relacionados con los cultivos alternativos a la coca. En Colombia, por ejemplo, miles de pequeños agricultores que participan en un programa de sustitución de cultivos que surgió a raíz del histórico acuerdo de paz entre el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a finales de 2016 han quedado en el limbo, dado que el gobierno está centrando sus esfuerzos en estrategias de línea dura de lucha contra las drogas.

Este año, el gobierno peruano anunció que planea invertir en más de mil proyectos en el VRAEM relacionados con educación, transporte y agricultura. Sin embargo, según El Economista, más tarde se descubrió que el 63 por ciento de los proyectos de inversión carecían de financiamiento oficial.

Si continúan los problemas financieros y la falta de apoyo gubernamental, y si los esfuerzos se siguen centrando en los arrestos, los funcionarios estarán dejando de lado las realidades cotidianas que siguen conduciendo a los agricultores del VRAEM a los cultivos coca.

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