El ascenso y la caída de El Chapo, según el gobierno de Estados Unidos

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Fiscales de Estados Unidos han presentado un memorando en el que describen la larga carrera del capo mexicano extraditado recientemente, Joaquín “El Chapo” Guzmán, una curiosa mirada al caso que el gobierno de Estados Unidos está preparando contra el hombre que ha sido considerado “el mayor narcotraficante del mundo”.

Tras la esperada extradición de El Chapo a Estados Unidos el pasado 19 de enero, los fiscales del Distrito Este de Nueva York publicaron un memorando (pdf) en el que describen su impresionante transformación de hijo de humildes campesinos mexicanos a narcotraficante con suficiente dinero y poder como para encabezar la lista de Forbes de las personas más ricas del mundo.

Antes de que se volviera famoso con el apodo de “El Chapo“, Guzmán era conocido por un apodo diferente: “El Rápido”. Se ganó ese apodo debido a su habilidad para pasar rápidamente cargamentos de droga en la frontera entre México y Estados Unidos y retornar las ganancias a sus socios colombianos, según cuenta el memorando.

Los talentos de El Chapo le permitieron comenzar a negociar directamente los cargamentos de droga con los carteles colombianos, lo cual, según los fiscales, le permitió aumentar sus ganancias y su estatus en México. Hizo alianzas con algunos de los mayores narcotraficantes de México y les declaró la guerra a los demás. El memorando describe cómo, en los años noventa, una batalla por la ciudad norteña de Tijuana enfrentó a El Chapo y a su fiel aliado, Ismael Zambada García, alias “El Mayo”, con la poderosa organización de los Arellano Félix.

Esta sangrienta batalla puso en la mira a El Chapo, quien fue capturado por primera vez en Guatemala en 1993. Él continuó construyendo su incipiente imperio narcotraficante desde la cárcel, para posteriormente fugarse en el año 2001.

Dada la frenética carrera que se desató para capturar a El Chapo, el capo “creó un ejército de guardaespaldas fuertemente armados y reforzó sus escondites con armas de grado militar”, dice el memorando. “Guzmán estableció además una compleja red de comunicaciones que le permitía hablar secretamente con los miembros de su creciente imperio sin que las autoridades lo detectaran”.

La adquisición de estos sofisticados equipos de El Chapo coincidió con cambios en las leyes de extradición colombiana, así como en las leyes antinarcóticos de Estados Unidos, que condujeron a que el centro de poder del narcotráfico se desplazara de Colombia a México. La estricta aplicación de estas leyes forzó a los narcotraficantes colombianos a ceder el control de las redes de distribución hacia Estados Unidos a sus contrapartes mexicanos, como dice en el memorando. Y El Chapo, que siempre se caracterizó por una aguda perspicacia para los negocios, aprovechó este nuevo acceso al lucrativo mercado estadounidense.

“Estos cambios le permitieron a Guzmán aumentar exponencialmente sus ganancias a niveles asombrosos”, dice el memorando.

El Chapo utilizó sus riquezas para consolidar su poder en México y luego seguir hacia el sur. Extendió la influencia del Cartel de Sinaloa en Centroamérica y envió a emisarios a Colombia, Ecuador y Venezuela para que negociaran con los traficantes en otros niveles de la cadena de suministro, según dice el memorando.

Con El Chapo al timón, la expansión del cartel de Sinaloa no se limitó al Hemisferio Occidental. Para satisfacer la creciente demanda de Estados Unidos por nuevos tipos de drogas, El Chapo puso su mirada incluso más lejos. “Guzmán estableció fuentes de abastecimiento de precursores químicos para la producción de metanfetamina en África y Asia, en países como China e India”, como también dice en el memorando.

Si bien el éxito de El Chapo suele atribuirse a su capacidad de lograr acuerdos con otros actores criminales y con funcionarios corruptos, no era raro que recurriera a la violencia para acabar con sus enemigos.

“Además de su ejército de guardias armados, se sabe que Guzmán cargaba un fusil AK-47 de oro y una pistola incrustada en diamante de .45 mm”, según se lee en el memorando. “Guzmán también contrataba sicarios, que llevaron a cabo miles de actos de violencia, como asesinatos, asaltos, secuestros y torturas, según él lo solicitara, con el fin de aumentar su prestigio, reputación y posición dentro del Cartel de Sinaloa, y para proteger al cartel contra las amenazas de sus rivales”.

VEA TAMBIÉN: Perfil de El Chapo

El memorando señala a El Chapo como uno de los principales instigadores de la guerra por las drogas en la primera década del siglo XXI, e incluso a principios de la segunda década, lo que llevó a que las tasas de homicidio en México aumentaran exponencialmente. El Cartel de Sinaloa se involucró en una “guerra abierta” contra Los Zetas y el Cartel del Golfo en la primera década del siglo, y en 2007 comenzó a disputarle el control de Juárez al cartel homónimo de esta ciudad.

“Las causas de estas guerras pueden atribuirse, en parte, a las provocaciones de Guzmán”, señala el memorando.

De hecho, una acusación de 2012 (pdf), emitida por la división de El Paso de la Corte Federal de Estados Unidos en el Distrito Oeste de Texas, afirma que El Chapo y El Mayo le suministraron dinero y armas a una red de sicarios conocida como “Gente Nueva”, con el fin de que trabajaran para ellos durante la guerra por el control de Juárez. Sin embargo, la fuerza letal de los escuadrones del cartel se utilizó a menudo dentro de su propia organización. Además de enfrentarse con el brazo armado de los carteles rivales, dice la acusación de El Paso, dichos escuadrones fueron utilizados para imponer disciplina y para castigar presuntos actos de deslealtad entre los miembros del Cartel de Sinaloa.

Las enormes sumas de dinero que El Chapo estaba acumulando lo obligaron a establecer lo que el memorando llama “una gran máquina de lavado de dinero“. Aunque el memorando no da detalles sobre las operaciones de lavado de dinero de El Chapo, una acusación de 2014 (pdf), emitida por el Distrito Sur de La Florida, da una idea de la magnitud de dicha empresa. La acusación enumera un total de 92 transferencias electrónicas realizadas por colaboradores de El Chapo entre 2003 y 2007, cada una por decenas o cientos de miles de dólares.

Es impresionante el descaro con el que sus socios movían los dineros de la droga. Para citar sólo un ejemplo, hicieron 11 transferencias diferentes en un lapso de tres días en junio de 2006, las cuales ascendieron a más de un millón de dólares. Muchas de las transferencias fueron realizadas en la misma casa de cambios en México, y el dinero fue enviado a una cuenta de Bank of America en la ciudad de Oklahoma.

Otra acusación diferente, del Distrito Este de Nueva York (pdf), señala que ese periodo de cinco años fue el más prolífico de la larga carrera criminal de El Chapo. Dicha acusación presenta 84 casos en los que El Chapo y El Mayo coordinaron el envío de cargamentos de cocaína o heroína a Estados Unidos, muchos de los cuales eran de varias toneladas. Unos 70 de esos cargamentos fueron enviados entre 2003 y 2007, y el más grande de ellos contenía la impresionante cantidad de 19.000 kilos de cocaína.

El memorando sostiene que El Chapo reunió unos US$14 mil millones de dineros ilegales a lo largo de su carrera de narcotraficante.

A principios de 2014, El Chapo fue finalmente localizado y detenido en la ciudad turística de Mazatlán, en su estado natal de Sinaloa. Según el memorando, en ese momento su dominio del comercio de cocaína en el Hemisferio Occidental era casi absoluto.

“Al momento de su detención, Guzmán tenía el control de la mayor parte de la red de transporte y distribución de cocaína del Hemisferio Occidental, desde Suramérica hasta Canadá”, dice el memorando.

Como bien se sabe, El Chapo escapó de la prisión de una manera espectacular por segunda vez en julio de 2015 y fue recapturado seis meses más tarde. Su reciente extradición dio fin a una larga batalla legal por parte de sus abogados para que permaneciera en México.

Análisis de InSight Crime

El memorando, que fue presentado con el fin de poder mantener a El Chapo detenido antes y durante sus juicios, presenta la imagen de un narcotraficante dominante con un poder aparentemente ilimitado.

“Estas últimas décadas han demostrado que la influencia de Guzmán no conoce límites”, declara el memorando osadamente.

Es verdad que no se puede negar que El Chapo fue el narcotraficante más poderoso de su época, o que sus conexiones se extendieron por varios continentes y llegaron a los niveles más altos del Estado mexicano.

Pero también es fácil caer en las exageraciones cuando se habla de El Chapo, cuya condición de figura mítica y como un icono de la contracultura creció exponencialmente tras su segunda fuga de una prisión y luego de la reunión que sostuvo de manera secreta con el actor estadounidense Sean Penn y la actriz de telenovelas mexicana Kate del Castillo. Los mitos en torno a su figura pueden hacer difícil juzgar con precisión el impacto real de El Chapo en el tráfico de drogas.

El analista de seguridad mexicano Alejandro Hope, por ejemplo, duda de la afirmación de los fiscales estadounidenses según la cual El Chapo amasó US$14 mil millones del narcotráfico.

“¿De dónde proviene esta cifra?”, se pregunta Hope en una columna que escribió para El Universal recientemente. “¿El Chapo tiene esa fortuna? ¿La tuvo? ¿La tendrá? Muy seguramente, no”.

Hope supone que dicha cifra proviene de las estimaciones de Estados Unidos acerca de cuánta cocaína traficó el Cartel de Sinaloa durante la carrera criminal de 25 años de El Chapo. Pero además de que esa cifra es “arbitraria”, como dice Hope, la lógica que la sustenta no tiene en cuenta cómo opera el Cartel de Sinaloa. Como InSight Crime ha señalado reiteradamente, el cartel es más una federación de narcotraficantes aliados que una estructura monolítica con una sola cadena de mando. Nadie, ni siquiera El Chapo, tiene o ha tenido el control total sobre el Cartel de Sinaloa, y por lo tanto nadie es responsable de todas sus fuentes de ingresos.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles del Cartel de Sinaloa

En el memorando hay otros ejemplos de esta confusión entre El Chapo como individuo y como parte del Cartel de Sinaloa. Aunque muchos observadores creen que la influencia de El Chapo sobre el cartel ya había comenzado a declinar antes de su detención en 2014, los fiscales de Estados Unidos consideran que aún estaba en la cima de la organización. La afirmación de que él ejerce un cuasi monopolio sobre el comercio de cocaína tiene quizá que ver más con el dominio del Cartel de Sinaloa que con la autoridad personal de El Chapo. El hecho de que las operaciones del cartel se vieran poco afectadas después de su arresto es una muestra de lo poco que dependía de El Chapo para mantener sus negocios funcionando.

Sin embargo, el juicio de El Chapo seguramente permitirá dar una mirada sin precedentes a la verdadera magnitud del poder del capo de la droga.

“El gobierno contará con el testimonio de un gran número de testigos cooperantes, entre ellos decenas de testigos que han tenido relaciones cara a cara con Guzmán, para demostrar el poder, la corrupción y la violencia de Guzmán dentro del Cartel de Sinaloa“, dice el memorando.

Se espera que estos testigos —entre los que se encuentran “numerosos líderes de los carteles colombianos”— atestigüen sobre todos los aspectos de la participación de El Chapo en el tráfico de drogas, desde la década de los ochenta hasta el día de hoy.

Sin embargo, cuánta información ofrecerá El Chapo a las autoridades sobre sus redes de narcotráfico y sobre sus vínculos con funcionarios mexicanos sigue siendo un misterio.

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