Asesinatos entre pandilleros: La historia de nunca acabar en Honduras

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El ajuste de cuentas entre pandilleros de una misma organización dentro de los penales hondureños es una práctica histórica y recurrente. Las cárceles de este país se han bañado de sangre pandillera por 16 años.

Tan solo en marzo pasado, luego de que el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández removiera al menos 105 presos a diferentes centros penales, como parte de su operación “Cero Privilegios”, pandilleros de Barrio 18 se asesinaron entre ellos en pugnas internas.

El 11 de marzo los principales líderes de esta pandilla: Nahum Montes Medina, alias “Tacoma;” Howen Alexis Romero, alias “Ratón” y Olvín Reinaldo Arriaga Baca, alias “Porqui” fueron removidos del penal de San Pedro Sula con el propósito de debilitar a la pandilla en prisión.

Nueve días después, siete miembros de Barrio 18 fueron estrangulados por compañeros tanto en el penal de Támara y San Pedro Sula, supuestamente por intentar abusar sexualmente de algunas visitas de sus compañeros.

Actos similares han demostrado a lo largo de los años el modo en que los pandilleros resuelven sus pugnas internas, generalmente para reacomodar líderes.

El mejor ejemplo es la primera batalla entre compañeros de la Mara Salvatrucha (MS13) ocurrido en 2000, una historia que ha permanecido en el silencio por años, pero hoy revelamos.

La ruptura del “SUR”

En 1997 los internos del penal de San Pedro Sula replicaron el modelo carcelario de California llamado SUR (South Union Race por sus iniciales en inglés), un concepto donde pandillas enemigas se toleran y se protegen al interior del presidio para enfrentar a otras organizaciones criminales, mientras que en las calles siguen manteniendo enemistad. La tregua duró cerca de dos años hasta que su ruptura significó un quiebre en la lógica pandilleril, desencadenó las primeras muertes entre pandilleros, según el testimonio de un par de mareros que lo vivieron.

Era 1999, el penal sampedrano recluía en un mismo módulo y sin barreras físicas a las pandillas Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18, Wanderer 13, La 75, Sunseri, Poison, Barrio Pobre y Vatos Locos.

Saybo murmura y repite que Geo “nos vendió, nos vendió”.

Para entonces, Barrio 18 era mayor en número. Quienes estuvieron allí calculan que eran cerca de 80 reclusos de Barrio 18 y apenas 30 de la MS13. La expansión de Barrio 18 no fue exclusivamente numérica, sino espacial y de influencia, tanto que al interior contaba con un perro pitbull color negro llamado Little Satanás. Para cuando Little Satanás estaba a manos de Barrio 18, la gente de la MS13 se sentía amenazada en el SUR.

Geofredo Cortés Ortiz, alias “Geo”, de la MS13, era el “palabrero” de la pandilla y, por consiguiente, el representante de la misma en el SUR. Había sido deportado de Los Ángeles y traía consigo un historial delictivo que ocultó por largo tiempo a la pandilla. Durante su vida en California fue miembro de la pandilla Play Boys, enemiga mortal de la MS13. Repatriado, el instinto de sobrevivencia lo obligó a camuflarse como marero para sobrevivir en Honduras. Geo estaba en la boca del lobo.

Por el lado de Barrio 18, quien dirigía las huestes era “Spanky”, un joven salvadoreño que cumplía condena en San Pedro Sula.

El ambiente que se vivía en el módulo jamás fue de armonía y menos para finales de 1999 cuando el clima se volvió más tenso. Los desacuerdos entre pandillas desataron el rumor de que el SUR terminaría. Así que inquietos, los pandilleros de la MS13 pensaron romper la tregua antes de ser víctimas y se lo manifestaron a Geo en más de una ocasión, quien como respuesta les pidió mantener la calma.

La traición de Geo

“Saybo” es quien ha narrado la mayor parte de esta historia porque estuvo ahí. Tiene 12 años de haberse retirado de la MS13 y es por eso que lleva tachadas las letras de tinta de la pandilla en sus hombros. Desde el interior del penal de Támara, al norte de Tegucigalpa, asegura más de una vez que Geo traicionó a la MS13.

Geo sabía realmente que Barrio 18 estaba planeando atacar a la MS13, el mismo Spanky, líder de Barrio 18, se lo dijo. Spanky tambien le dijo a Geo que desarmara a sus compañeros si quería evitarse una muerte nauseabunda a manos de ellos. Geo debía retirar todos los machetes hechizos a sus compañeros y apaciguarlos con la idea de que el SUR se respetaría, que nada pasaría. Saybo escucho a Geo decir estas palabras más de una vez.

El plan para entregar a la MS13 era una estrategia que no sólo consistía en corromper a su líder, tenía el respaldo de los guardias del penal y del resto de las pandillas. Por eso en una ocasión los custodios realizaron un decomiso sorpresa a la MS13 donde les encontró un arsenal de machetes hechizos que previamente Geo les había levantado con el pretexto de que la paz todavía reinaba en el SUR.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfil de MS13

Como parte del plan con Spanky, el líder del Barrio 18, Geo fue acusado por las armas decomisadas y encerrado en una celda de castigo junto a su compañero Cuervo. La MS13 eligió de emergencia a Oso y Soro como representantes de la pandilla, quedando debilitada y desarmada.

Dos semanas después y siguiendo la maquinación, integrantes de la pandilla La 75 cortaron el cable que abastecía de electricidad a la sección de la MS13, enardeciendo los ánimos. La provocación tenía el objetivo de enervar a los miembros de la MS13 para responder la agresión para ser sancionados por las autoridades del SUR.

Oso y Soro siguiendo los protocolos hablaron con demás líderes del Barrio 18 y otras pandillas como los Vatos Locos y los Wanderers 13. Narraron lo sucedido, querían un enfrentamiento uno a uno y a puño limpio con el responsable. Los representantes del SUR accedieron maquiavélicamente a que se realizara ese enfrentamiento a golpes para solucionar el problema. Las pandillas habían acordado atacar a la MS13 en cuanto comenzara la justa contra La 75.

Varios estaban acostados en sus camas cuando comenzaron a llover machetazos. Saybo y un puñado lograron huir por un pequeño boquete ubicado en el techo de la sección. Geo los había traicionado

Y así sucedió, el 12 de noviembre mientras oscurecía, los guardias pusieron candado a las puertas para que nadie saliera. Armados con pedazos de metal afilados miembros de Barrio 18, Wanderers 13, Barrio Pobre, La 75, Posion y Sunseri desgarraron y atravesaron sin escrúpulos a varios miembros de la MS13 y Vatos Locos durante casi una hora.

Varios estaban acostados en sus camas cuando comenzaron a llover machetazos. Saybo y un puñado lograron huir por un pequeño boquete ubicado en el techo de la sección. Geo los había traicionado.

Marcio Arturo Sánchez, alias Recio y miembro de la MS13, antes de reducirse a cenizas el 14 de febrero de 2012 cuando el penal de Comayagua se quemó, se dedicó a escribir tres pequeños libros donde describió el desenlace de aquel baño de sangre.

“Ví como un pandillero de Barrio 18 le cortaba la cabeza a un miembro de la MS13, me detuve y les pregunté acerca de que pasaba con el SUR. El diablo se había apoderado de sus mentes repentinamente”, escribió en su libro “Errores y secretos de las maras”.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfil de Barrio 18

El saldo fue de 11 muertos y 31 heridos, dos pertenecientes a los Vatos Locos y el resto a la MS13. Todos murieron a punta de armas cortopunzantes como lo indicaba un reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los cuerpos presentaban múltiples laceraciones, estaban irreconocibles. Algunos no tenían cabeza y otros más no tenían orejas, varias de ellas se las dieron de tragar a Little Satanás.

“Teníamos un perro que se comió algunos de los cuerpos que lastimosamente fueron asesinados” recuerda Scrappy, un viejo miembro de Barrio 18, asesinado un par de años atrás, pero que ese día se manufacturó un collar con las orejas de las víctimas como símbolo de victoria.

La escena era un batidero de vísceras. Sobrevivientes de la MS13 y Vatos Locos fueron reacomodados y aislados en una escuela del penal. La matanza terminó con el SUR y comenzó una guerra dentro de la MS13.

Geo y Cuervo fueron trasladados al centro penal de Támara cinco días después como medida preventiva. Permanecieron apartados por un año hasta que sus compañeros relacionaron los hechos y pagaron un abogado para transferirlos nuevamente a la prisión sampedrana. Saybo murmura y repite que Geo “nos vendió, nos vendió”.

El brutal asesinato de Geo

Una reunión dentro del penal se celebró antes de la llegada de Geo para decidir cómo asesinarlo, eso significaba la primera orden de muerte en contra de un compañero. Geo debía pagar.

Su cacería abrió un capítulo nuevo para la MS13. “El Veloz”, un miembro de la pandilla, le relató a un custodio el plan para asesinar a Geo, revelación que le costó la vida. Esa fuga de información nuevamente puso en un dilema a la MS13 quienes debían también asesinar su primer delator, según Saybo. El Veloz inesperadamente se le adelantó a Geo, y también debía pagar.

Saybo describe con sus manos y sin ninguna señal de dolor como El Veloz fue golpeado y después atravesado con un fierro en la garganta por parte de “El Piojo”.”¡Los sapos deben morir!”, es el grito que aún recuerda Saybo.

A un año de lo sucedido, llegó Geo. En el penal los compañeros estaban listos y realizaron una reunión donde se le pidió que explicara lo sucedido en 1999.

“No se necesita más, pasa al frente”, le ordenaron. Atormentado, no se atrevía a dar un paso adelante, describe Saybo. Entonces alguien lo puso en el centro. Apenas comenzó a decir palabra cuando lo obligaron a callarse. “Para hablar a la MS13 tienes que tener respeto”, le reprocharon. Entonces lo obligaron a hincarse.

En ese momento Shaggy pasó sigilosamente con un fierro afilado por su espalda sin que se percatara e inesperadamente y de manera abrupta lo atravesó dejando ver el machete por el pecho

“Hasta lloró, pidió perdón y todo, hincado”, recuerda a más de diez años, a quien es ampliamente considerado como el primer pandillero de la MS13 en Honduras.

Le dieron la oportunidad de defenderse y con lágrimas en los ojos argumentó que gracias a él la pandilla se había expandido por Honduras. En ese momento “Shaggy”

pasó sigilosamente con un fierro afilado por su espalda sin que se percatara e inesperadamente y de manera abrupta lo atravesó dejando ver el machete por el pecho. De inmediato Largo se fue al acecho para “pedacearlo” con un cuchillo, como describe Saybo.

Agonizando se tiró al suelo mientras los orificios de su cuerpo borboteaban sangre. El pandillero “Aguila” saltó de su cama y con furia le clavó un enorme pedazo de fierro en el corazón. En un reflejo Geo se levantó, pero pronto una multitud de pandilleros comenzaron a rematarlo. Entre ellos Saybo.

El boquete que tenía a la altura del corazón permitió que los compañeros le retiraran el órgano a pedazos y con la mano. Lo arrastraron al baño y lo subieron a las pilas de lavabo para decapitarlo. Con la cabeza comenzaron a patearla como si aún muerto se le pudiese faltar al respeto.

Mientras tanto, en las pilas los pandilleros rebanaban y desmembraban el cuerpo con navajas Gillete. Cada extremidad de Geo era pasada entre los miembros con el propósito de reducir su cuerpo a la materia más mínima. Los restos de tejido fueron echados por la tubería de los baños. A las afueras nadie se percataba. Una televisión con alto volumen ayudó a disipar el ruido y los gritos. Era el 8 de octubre de 2000.

En un saco echaron los huesos y con las pesas de ejercicio molieron cada uno de los restos óseos hasta reducirlos a polvo. Saybo asegura que el cráneo pateado fue la última extremidad en desaparecer, tenía tatuada las letras MS, y habían que respetarlas hasta el final.

Ahí quedó Geo y ahí quedó la primer evidencia de cómo los pandilleros ajustan cuentas en las prisiones hondureñas.

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