En el plan de Defensa Nacional de este sexenio, el Ejército mexicano se fijó como meta para 2018 sustituir 121.000 fusiles de guerra alemanes G3 H&K cuyo diseño data de la mitad del siglo pasado y asignados aun a la mayoría de los soldados, por el fusil serpiente de fuego hecho en México, concebido para enfrentar al crimen organizado.

Pero para conseguirlo, deberá invertir 500 millones de pesos (US$32 millones) y por lo menos duplicar la producción anual. En 2014, apenas se fabricaron 12.000 fusiles de este tipo según el informe de resultados del referido plan dado a conocer la semana pasada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Para alcanzar los 109.000 que le faltan, la producción deberá ascender, a partir de ya, a 27.250 serpientes de fuego al año.

Este artículo apareció originalmente en Animal Político y fue publicado con permiso. Vea el artículo original aquí.

El FX-05 Xiuhcóatl (serpiente de fuego en lengua náhuatl), no es un rifle secundario o alternativo. Es nada más y nada menos que el arma reglamentaria de toda la tropa y la que usarán los soldados mexicanos en las eventuales misiones de cascos azules de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sin embargo, aun contando los que se hicieron en el sexenio pasado, apenas 1 de cada 3 soldados cuenta con el nuevo rifle.

La sustitución de los fusiles G3 Heckler & Koch (H&L) es una promesa hecha hace casi 10 años, cuando la Sedena presentó en 2006 el prototipo de la serpiente de fuego, un arma diseñada para el combate urbano, menos pesada, más rápida, y anatómicamente diseñada para el soldado mexicano, a diferencia de la alemana. Además fabricarla en el país era casi cinco veces más barato que comprar una similar nueva.

Pero al terminar el sexenio de Felipe Calderón, el Ejército solo había cambiado 34.000 de los 155.000 fusiles G3 de sus soldados.

En diciembre de 2013 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Plan de Defensa Nacional 2013-2018 en donde se fijó el objetivo de contar con los 121.000 fusiles FX-05 que faltaban para el 2018. Un año después, aún faltan por fabricar más de 100.000.

El tema no solo es de ganas sino de dinero. Datos revelados por la Defensa Nacional en la solicitud de información 000700147508 indican que el costo de producción de un fusil es en promedio de 4.682 pesos por cada pieza. Esto significa que la inversión que aún falta por hacer para completar los fusiles que faltan alcanzaría los 510 millones de pesos.

En los recortes al presupuesto anunciados para este año por el gobierno debido a la situación económica desfavorable, el de la Sedena es el mayor de las dependencias del gabinete de seguridad: 1.200 millones de pesos.

Según lo dicho en su momento por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, estos recortes afectarían únicamente el gasto corriente y no a proyectos de inversión en seguridad, pero la Sedena no ha detallado hasta ahora que áreas se verían afectadas en concreto.

La serpiente se arrastra lento

En 2006, ante la víspera de un combate frontal a los cárteles del narcotráfico, la Sedena planteó la sustitución de los fusiles G3, comprados en los noventa pero diseñados desde la década de los años cincuenta para una guerra convencional de grandes ejércitos en espacios abiertos, distinto a los enfrentamientos urbanos con sicarios armados.

El Centro de Investigación Aplicada y Desarrollo Tecnológico de la Industria Militar planificó un fusil que se hiciera en México; 65 ingenieros participaron en el proyecto. El resultado fue el FX-05 Xiuhcóatl, el cual era superior en cadencia de fuego al rifle alemán, más maniobrable por su reducido peso y culata retráctil, y con un diseño pensado a la complexión física de nuestros soldados y no de los europeos.

Más importante aún. Información oficial de la Sedena indica que la fabricación de cada fusil serpiente de fuego representaba un ahorro de 20.800 pesos por pieza en comparación a lo que habría que pagar por un modelo similar en el extranjero. Es decir, hacerlo constaba casi cinco veces menos.

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En comparación con el G3 alemán, un fusil serpiente de fuego dispara hasta 100 balas más rápido y pesa medio kilo menos. Además su calibre 5,56 es el que usan los ejércitos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y aunque la bala es más pequeña que el 7,62 del G3, resulta más ligera y por tanto un soldado es capaz de llevar más de ellas.

En el desfile del 16 de septiembre de 2006 grupos de fuerzas especiales marcharon con el prototipo de esta arma y se anunció su fabricación en serie. Poco después surgieron los problemas.

Heckler & Koch inició una investigación ante el posible plagio de diseño que representaba el FX-05 de su rifle G-36V, similares en apariencia física, en su sistema de operación con pistones de gas y en el calibre tipo OTAN utilizado. En 2007, ingenieros de la compañía alemana se reunieron con sus contra partes mexicanas para verificar en conjunto el tema.

Tras meses de deliberaciones se determinó que la patente no fue violada y que el rifle mexicano era legítimo. Aun con ello el plan original de producción se vio retrasado.

El sexenio pasado terminó con apenas 34.000 serpientes de fuego de las 155.000 que se necesitaban para sustituir a los fusiles G3.

Armas a control remoto

En el informe de resultados 2014, la Sedena reveló la fabricación de seis sistemas de acción a control remoto de armas de fuego. Dicho sistemas fueron sometidos a pruebas con seis batallones distintos en vista de su posible fabricación en serie.

Esta tecnología forma parte del proyecto que el Ejército mexicano puso en marcha en 2013 bajo el nombre Sistema de Accionamiento Remoto de Armas de fuego SARAF-BALAM1. El objetivo es dar a los soldados un dispositivo que le permita desde una posición segura disparar una torreta armada, ya sea desde dentro de un vehículo o en una posición remota.

Los ingenieros de la Dirección de Industria Militar de la Sedena están a cargo de este proyecto. Las especificaciones son clasificadas, pero se ha probado con ametralladoras calibre 70 así como lanzagranadas colocados en vehículos de blindaje ligero.

Otro proyecto desarrollado por los ingenieros y probado el año pasado fue el prototipo de un lanzagranadas de baja velocidad calibre 40 milímetros, el primero hecho en México. Se realizaron pruebas de fuego con 20 granadas de práctica y 70 granadas de guerra con falsa espoleta.

A pesar de que las pruebas fueron satisfactorias, la dependencia que encabeza el general Salvador Cienfuegos no ha anunciado aun la fabricación en serie de alguno de estos dos proyectos ni algún presupuesto para su financiamiento.

*Este artículo apareció originalmente en Animal Político y fue publicado con permiso. Vea el artículo original aquí

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