Autoridades centroamericanas alertan por movimiento fronterizo de pandillas

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Funcionarios de El Salvador han advertido sobre la fuga de pandilleros a países vecinos a causa de la presión de las fuerzas de seguridad. Pero, ¿se trata de una amenaza seria o es simplemente un método conveniente de las autoridades para pregonar los “logros” de las medidas severas de seguridad?

El ministro de seguridad salvadoreño Mauricio Ramírez Landaverde ha alertado a las fuerzas de policía centroamericanas que puede haber fugas de pandilleros desde El Salvador hacia países vecinos, informó El Mundo.

“Tenemos conocimiento que existe la posibilidad de fuga”, comentó Ramírez. “[los pandilleros] estarían buscando evadir la justicia salvadoreña”.

Roberto Flores, viceministro de seguridad de El Salvador, añadió, que “tenemos información que [los pandilleros] estaban saliendo por puntos ciegos, no legales, y otros por frontera”, según reportó La Prensa Gráfica.

Las alertas por la fuga de pandilleros de El Salvador surgen a raíz de una nueva serie de medidas de seguridad.

El 20 de abril, El Salvador desplegó en zonas rurales la Fuerza Especializada de Reacción (FER), unidad de élite antipandillas conformada por 600 soldados y 400 agentes de policía. Uno de los principales objetivos de la FER es capturar a 100 cabecillas de las pandillas más peligrosas del país.

Tras el despliegue de la FER a las zonas rurales, Howard Cotto, director de la Policía Nacional Civil (PNC), advirtió que era posible que los pandilleros se desplazaran y migraran a las zonas urbanas.

“Es posible que los líderes de las estructuras criminales estén instruyendo a sus miembros para que se trasladen a zonas urbanas”, señaló Cotto. “Nuestra fuerza especial está entrenada para operar en zonas urbanas si es necesario y si las condiciones lo requieren”.

El 27 de abril, otra fuerza de tarea conjunta, la Fuerza de Intervención y Recuperación Territorial (FIRT), se desplegó en una zona del municipio de Soyapango, norte de San Salvador, de la que se dice es un reducto de la facción Sureños de Barrio 18. Cotto señaló que la FIRT, con 600 soldados y 200 agentes de policía, sería enviada a los 10 municipios que registraran los índices más altos de violencia de pandillas.

Además del despliegue de las unidades antipandillas, El Salvador ha ido incrementando otras medidas de seguridad en el último mes, con la declaración de varios “estados de excepción” y la introducción de “medidas extraordinarias” para reprimir la actividad de las pandillas en el sistema carcelario del país. Además, la Asamblea Legislativa de El Salvador reformó los códigos penales del país para prohibir negociaciones con criminales y clasificar a las pandillas callejeras como organizaciones terroristas.

Casi al tiempo de la implementación de estas medidas, la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina) de Honduras anunció que había “intensificado operaciones a lo largo  de las fronteras terrestres y marítimas del país” para impedir el ingreso de elementos criminales, según informes de EFE. La Fusina divulgó un comunicado en el que declaraba que “mantiene estrecha coordinación con las autoridades de la región centroamericana para intercambiar información sobre el desplazamiento de bandas delictivas”, y trabaja para impedir el ingreso a Honduras de personas “con el ánimo de cometer actos delictivos”.

Agentes de seguridad en Guatemala también han ordenado a la policía nacional que implemente una serie de controles para evitar que pandilleros salvadoreños entren al país, informó La Prensa Gráfica.

“Tomando en cuenta la información proporcionada… respecto de la política del gobierno de El Salvador para enfrentar el fenómeno pandillero, les pido que instruyamos a nuestros mandos y colaboradores para que realicemos los operativos de control vehicular y peatonales”, dice la orden.

Los agentes fronterizos guatemaltecos verificarán la nacionalidad de quienes crucen la frontera para determinar si tienen prendas o tatuajes alusivos a alguna pandilla. Si muestran señales de pertenecer a alguna pandilla, los agentes fronterizos verificarán si tienen antecedentes criminales, según La Prensa Gráfica.

El mensaje de El Salvador a sus vecinos sobre la necesidad de que se protejan de los pandilleros que escapan de la ofensiva de seguridad hace parte de una campaña del gobierno para proclamar a viva voz los logros de sus medidas de seguridad recién implementadas.

El presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, ha declarado que las políticas de seguridad y contra la delincuencia dictadas por su gobierno están rindiendo frutos, pues sirven para desmantelar la coordinación entre los pandilleros encarcelados y permite que las fuerzas de seguridad retomen el control del territorio de las pandillas. En abril, el número de homicidios en el país se redujo un 42 por ciento, el crédito de lo cual se atribuyó el gobierno —aunque también las pandillas, quienes el mes anterior habían anunciado un cese al fuego.

Análisis de InSight Crime

Los pandilleros centroamericanos llevan años moviéndose entre los países, algo que con frecuencia hace sonar las alarmas de las autoridades locales.

En abril de 2015, las autoridades hicieron comentarios increíblemente similares sobre la fuga de pandilleros salvadoreños a los países limítrofes como respuesta a la persecución intensificada. En aquel momento, se presentaron informes de que pandilleros de la MS13 salvadoreña habían tomado el control de una población aislada de Honduras, donde reclutaban jóvenes y forzaban a los lugareños a darles refugio.

En otro caso, a mediados de 2015, seis pandilleros de la MS13 “altamente peligrosos” escaparon de la custodia de la policía en El Salvador y huyeron a Honduras. Varios fueron recapturados en un pueblo junto a la frontera salvadoreña.

Sin embargo, las últimas alertas de los centroamericanos comportan una nueva dimensión de la probabilidad del fenómeno de la migración criminal fuera de El Salvador, que puede ser mayor esta vez.

Llegar a una conclusión confiable, sin embargo, es difícil. Las autoridades locales ofrecen pocas cifras, si las proveen, sobre detenciones en las fronteras que puedan arrojar luz sobre las tendencias en el movimiento transfronterizo de delincuentes. Por ejemplo, la semana pasada agentes de fronteras guatemaltecos detuvieron a varias personas que intentaban ingresar ilegalmente al país desde El Salvador. Un funcionario guatemalteco dijo a InSight Crime que esas detenciones eran el resultado del refuerzo de las políticas de seguridad y judiciales en El Salvador. Los capturados fueron procesados y entregados a agentes salvadoreños, afirmó la fuente.

Pero en tales casos no siempre queda en evidencia si quienes cruzaban ilegalmente eran realmente pandilleros, ni cuál era su motivación exacta para salir de El Salvador.

La motivación de las últimas alertas de aumento de la migración criminal desde El Salvador, entretanto, pueden tener una arista política. Prender las alarmas de esta manera permite a las autoridades pregonar los avances de sus políticas en un momento en que tienen una necesidad desesperada de que la opinión pública piense que retoman el control en la crisis de seguridad que vive el país.

A pesar de todo, si las políticas de seguridad de El Salvador precipitan un éxodo de pandilleros a los países vecinos, podría haber graves consecuencias para la dinámica regional.

La búsqueda de refugio de los pandilleros salvadoreños con facciones locales en Guatemala y Honduras puede fomentar la el fortalecimiento de vínculos y ayudar a la consolidación de las redes pandilleras transfronterizas. Esto podría dar lugar a mayor participación de las pandillas en más actividades criminales transnacionales de mayor sofisticación.

Más aún, la migración criminal desde El Salvador puede llevar también a un desbordamiento de la violencia, en especial si los pandilleros salvadoreños no usan los países vecinos solo como escondite, sino que también comienzan a participar en actividades delictivas.

Algunos eventos recientes indican que esto ya está ocurriendo. Fuentes del gobierno salvadoreño dijeron a InSight Crime que un pandillero salvadoreño de Barrio 18 fue quien puso una bomba en un bus de San José Pinula en marzo. También se cree que un pandillero salvadoreño lideró una red de extorsión en Mixco, cerca de Ciudad de Guatemala, y las autoridades guatemaltecas están investigando la presencia de elementos de pandillas salvadoreñas en Chimaltenango, indicó la fuente.

Por el momento, esos casos parecen ser incidentes aislados y no hay correlación evidente con las medidas de seguridad cada vez más represivas en El Salvador. Siguiendo adelante, sin embargo, mientras El Salvador mantenga su arremetida de seguridad y la presión sobre las pandillas, esa migración criminal puede convertirse en un problema serio.

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