Procuraduría General de México señala la creciente presencia de las Maras

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Una disminución de la tensión entre los mayores grupos criminales mexicanos ha sido contrarrestada por la creciente afluencia de las pandillas más conocidas de Centroamérica, un desarrollo que, de continuar, podría desafiar los esfuerzos para mejorar la seguridad de México en los próximos años.

Según informó El Diario, un nuevo informe de la Procuraduría General de México detalla los crecientes vínculos entre las Maras de Centroamérica y los principales grupos criminales del país. Las pandillas como Barrio 18 y Mara Salvatrucha realizan una gama de servicios para grupos como los Zetas, los Caballeros Templarios y la Familia Michoacana.

Al hacerlo, las Maras en México operan en coordinación con sus pares de las pandillas en Centroamérica. Esto refleja la expansión de los grupos mexicanos más grandes, como los Zetas en el istmo en los últimos años, e ilustra el grado en que el crimen organizado en Latinoamérica es un fenómeno transfronterizo.

El informe indica que las pandillas sirven como soldados que ayudan a los grupos más grandes a controlar el territorio. Su presencia ha sido más evidente en los estados del sur, entre ellos Chiapas, Guerrero, Colima, Morelos y Estado de México. El informe dice que hay hasta 70 células de las Mara operando en México.

Análisis de InSight Crime

La presencia de actores centroamericanos en México tiene sus antecedentes. La frontera sur entre Chiapas y Guatemala ha tenido una importante presencia de Maras, quienes participan en la trata de personas.

Las fuerzas exespeciales guatemaltecas, conocidas como Kaibiles, surgieron como aliadas de los Zetas en los primeros años de la administración de Calderón. Los Kaibiles, que participaron en la guerra civil de Guatemala, la cual dejó cientos de miles de muertos, a menudo son culpados por la escalada en el nivel de brutalidad entre los grupos mexicanos; por ejemplo, el aumento de las decapitaciones y mutilaciones públicas en México coincidió con su incursión.

Grupos como las Maras encajan con las tácticas cambiantes de los grupos mexicanos y los objetivos de los últimos años. Una masa de jóvenes y violentos centroamericanos podrían no ser de vital importancia para la producción de metanfetamina o el tráfico de cocaína, pero si darían a los grupos mexicanos la mano de obra para el control de un territorio determinado. Esto a su vez podría ser utilizado como otra fuente de ingresos, ya que las empresas locales se ven obligadas a pagar cuotas de protección.

Los aliados Mara podrían también trabajar con los mexicanos para mover a los inmigrantes indocumentados a través de la frontera con Estados Unidos, un campo de creciente importancia para los grupos de crimen organizado. Las Maras también darían a los grupos mexicanos un suministro de soldados en caso de encontrarse en una prolongada lucha con sus rivales, un fenómeno frecuente en los últimos años.

Dado que el informe es corto en detalles, no es del todo claro qué tan profundo ha crecido la relación entre los traficantes y las Maras, ni si van a seguir trabajando juntos en el futuro. También está por verse qué impacto tendrá esta relación en la violencia en México, pero es poco probable que sea positivo.

Una razón es que las actividades comerciales en las que se especializan las Maras es prestarse a la violencia, incluso más que al tráfico de drogas. No se puede extorsionar sin la amenaza de la violencia y el tráfico de inmigrantes indocumentados en los últimos años se ha caracterizado por los secuestros y las masacres. Y en la medida en que sirven como soldados, las Maras pueden ayudar a perpetuar los conflictos violentos entre grupos mexicanos.

Aún más, la llegada de otro grupo de actores criminales, cuyos intereses chocan invariablemente con otras bandas establecidas y quienes esencialmente intentarán cortar un trozo del pastel, de tamaño limitado, sirve inevitablemente como un factor de complicación. Queda por verse si la presencia de las Maras es un problema pasajero en un informe que pronto será olvidado o si es parte de una tendencia más amplia, pero si es esto último, es una noticia lamentable.

El papel más importante de las Maras es consistente con la teoría de las súper bandas de la que habla Southern Pulse. Esta teoría, que se elaboró por primera vez en 2012, sostiene que las pandillas callejeras menos organizadas tomarán un papel más importante en México, y pronto serán los principales impulsores de la violencia. La evidencia que apoya este paradigma ha surgido a lo largo de México, incluyendo a muchas de sus persistentes ciudades más violentas, y va mucho más allá de cualquier papel que jueguen las Maras. En caso de que las conclusiones del informe representen un desarrollo en el largo plazo, la teoría de súper banda parece estar mucho más cerca de la realidad. Es casi inevitable que esta polinización cruzada de experticia criminal también de lugar a un aumento en la sofisticación de las Maras.

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