El caos también se apodera de cárcel de mujeres en Honduras

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La violencia letal entre pandillas dentro de las prisiones de mujeres en Honduras, Guatemala y El Salvador no es común. Sin embargo, recientes asesinatos en una cárcel hondureña parecen ser una advertencia de que subestimar el rol de las mujeres en las dinámicas de pandilla y carcelarias puede resultar costoso.

El pasado 11 de junio, una presunta pandillera del Barrio 18 fue estrangulada por sus compañeras de celda dentro de la Penitenciaria Nacional Femenil de Adaptación Social (PNFAS), ubicada cerca de la capital de Honduras.

El hecho ocurre unas semanas después de que un grupo de presuntas integrantes del Barrio 18 ocasionaran un incendio y asesinaran con armas blancas a seis colaboradoras de la pandilla rival, la MS13.

Cuatro de las víctimas llevaban apenas tres días de haber ingresado al penal, luego de ser capturadas por la Fuerza Nacional Anti-Maras y Pandillas (FNAMP) en Tegucigalpa, donde se dedicaban a extorsionar comerciantes, según La Prensa. Los asesinatos supuestamente ocurrieron con el conocimiento de la directora del penal, según dijeron varias reclusas en un video que días después de la matanza circuló en los medios.

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“La directora de este centro penal no hace nada. Ella miró cuando las pandilleras mataron a esas mujeres, ¿por qué no habló?”, dijo una de las presuntas internas, según el diario Tiempo.

El mismo día que se difundió el video ocurrió otro intento de amotinamiento en la prisión en el que no hubo víctimas, informó Proceso. Según este diario, la población carcelaria de la PFNAS es casi el doble de la que tiene capacidad para albergar.

La violencia entre pandillas, así como los sobornos a las autoridades carcelarias y las muestras de control son comunes en las prisiones hondureñas varoniles, y han causado varias sangrientas batallas entre la MS13 y el Barrio 18.

Sin embargo, hasta ahora había sido inusual que este tipo de episodios ocurrieran en prisiones femeniles, incluso en El Salvador o Guatemala, donde también hay una importante presencia de pandilleras o colaboradoras de pandillas en las cárceles.

Análisis de InSight Crime

Si bien las pandilleras o mujeres asociadas a las pandillas en los países del Triángulo Norte de Centroamérica no han ejercido los mismos niveles de violencia y control en las prisiones que sus contrapartes masculinas, la matanza en la PNFAS es una advertencia sobre los costos de subestimar el papel de las pandilleras dentro de las cárceles y la potencial corrupción en esos recintos.

Orlín Castro, periodista hondureño que se especializa en pandillas, le dijo a InSight Crime que el Barrio 18 tiene un mayor control dentro de la PNFAS que cualquier otro grupo de reclusas.

Castro asegura que las agresiones entre esta pandilla y las colaboradoras de la MS13 son comunes, así como los amotinamientos, pero es la primera vez que ocurre un caso de múltiples asesinatos. Esto fue confirmado por Digna Aguilar, vocera del Instituto Nacional Penitenciario de Honduras (INP).

“Es la primera vez … La mayoría de ellas [las reclusas] son una población pasiva, concentrada en sus estudios y cursos”, escribió Aguilar a InSight Crime en un mensaje de texto.

Las declaraciones de Aguilar encajan con la visión generalizada en Latinoamérica sobre las mujeres que participan en el crimen organizado; suele darse por hecho que son “víctimas” o “menos violentas” y esto también se puede ver reflejado en la formulación de políticas públicas.

En una investigación sobre género y crimen organizado, InSight Crime explicó que las mujeres no siempre asumen los mismos roles dentro de grupos criminales y tampoco utilizan siempre los mismos niveles de violencia. Sus contribuciones en estos grupos varían y no deberían de ser pasadas por alto.

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Este también es el caso de las mujeres en las pandillas del Triángulo Norte de Centroamérica.

En Honduras, por ejemplo, la presencia de pandilleras “brincadas” –argot pandillero que se refiere a “iniciadas”– en la MS13 ha ido dismuyendo desde aproximadamente 2003, según el investigador Carlos García, que se especializa en esa pandilla.

No es el mismo caso en El Salvador, por ejemplo, donde por lo general hay más integrantes mujeres en ambas pandillas y su papel en las cárceles femeniles es por ende más protagónico, según García.

En Guatemala, la mayoría de las reclusas asociadas a las pandillas solo son colaboradoras y no pandilleras brincadas. Ashley Williams, directora de una ONG de derechos humanos en ese país, dijo a InSight Crime que las riñas violentas entre mujeres asociadas a las pandillas no son comunes.

“No se involucran en tantos problemas porque [muchas] quieren regresar lo más pronto posible con sus hijos”, escribió a InSight Crime en un mensaje de texto.

La ola de asesinatos en la cárcel hondureña, y la forma en que fueron cometidos, sin embargo, hablan de todos los rasgos de brutalidad y control que suele asociarse a las prisiones que albergan a los pandilleros de la MS13 y el Barrio 18 en la región.

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