Captura del ‘Chapo’ Guzmán proporciona una mirada al pasado y futuro de México

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La decisiva captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán marca el fin de una era para el hampa de México. La nueva realidad podría ser un creciente y caótico terreno criminal, y, frente a una estrategia mexicana de seguridad más coordinada, podría resultarle imposible a la próxima generación de grupos criminales replicar el imperio creado por Guzmán.

El cambio en la dinámica y la composición del hampa se ha estado produciendo durante mucho tiempo. Los que una vez fueron cinco grandes carteles, a finales de la década de los noventa, se transformaron en 80 grupos criminales operando en casi todos los estados, a finales de 2012.

Hasta cierto punto, la organización de Guzmán, el Cartel de Sinaloa, se había aprovechado de esta atomización, expandiéndose en los últimos años hacia nuevos territorios, sobre todo Tijuana y Juárez. En el camino, el Cartel de Sinaloa no pudo evitar su propia atomización, dejando enormemente debilitadas a sus estructuras y vulnerables a sus líderes.

El proceso tuvo lugar en muchos niveles. Con el fin de evitar rivales cada vez más violentos, grupos como el Cartel de Sinaloa tuvieron que crear estructuras militares. Los comandantes de nivel medio y alto que estaban dirigiendo estas estructuras, necesitaban más dinero para hacer crecer y mantener sus ejércitos, algo que los jefes no siempre estaban dispuestos a proporcionar.

La única solución a este problema fue darles más autonomía a estos comandantes, dando paso a rivalidades dentro de las organizaciones, a luchas internas y a separaciones. Este proceso se aceleró cuando la economía criminal de México se expandió, especialmente a medida que creció el mercado local de drogas.

Ninguna organización puede soportar estas fuerzas. Los carteles de Tijuana, Juárez, del Golfo, del Milenio y de Sinaloa han sufrido divisiones. Muchos de ellos se han dividido muchas más veces desde entonces.

La vulnerabilidad del Cartel de Sinaloa fue evidente a partir de 2008, cuando su ex brazo armado, la Organización de los Beltrán Leyva (OBL), se separó y comenzó una sangrienta batalla con sus jefes. Se pensaba que la OBL estaba al borde de la extinción.

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Pero para 2011, el grupo había resurgido, en parte debido a esta nueva economía criminal local. Y en 2012, la OBL, los Zetas y La Línea -otros dos grupos que alguna vez habían sido brazos armados de organizaciones más grandes- hicieron algo impensable años atrás: atacaron varios bastiones de la organización del Chapo en Sinaloa.

Otras debilidades se hicieron evidentes en los últimos meses. El principal y durante mucho tiempo socio del Chapo, Ismael “El Mayo” Zambada, sufrió la detención de varios de sus principales hombres, y el asesinato de al menos uno. El padrasto del Chapo también fue capturado, y numerosos aliados, operarios y empresas fueron puestos bajo el microscopio del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

La red alrededor del Chapo se reducía con claridad. Un agente antinarcóticos de Estados Unidos le dijo a un periodista mexicano que la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) tuvo al Chapo dos veces en la mira, pero que los funcionarios del gobierno mexicano se resistieron a dar luz verde a las operaciones. El Chapo también estuvo cerca de ser capturado en 2012.

Con la ayuda de la DEA, las autoridades finalmente lo acorralaron en Mazatlán, Sinaloa, un supuesto bastión de su compañero El Mayo. Fue un final apropiado: El Chapo, quien nació en Sinaloa, no estaba seguro ni siquiera en su propio patio trasero.

Guzmán fue el número 75 en la lista de los 122 principales blancos de la administración de Enrique Peña Nieto. Pero fue, por mucho, la mayor victoria para el presidente en su lucha contra el crimen organizado, y valida su decisión de hacerle ajustes menores, en lugar de grandes ajustes, a la estrategia implementada por su antecesor, Felipe Calderón.

Calderón, quien gobernó entre 2006 y 2012, ha recibido muchas críticas por iniciar esta lucha contra las grandes estructuras criminales, las cuales habían funcionado durante décadas con el respaldo y visto bueno de las élites políticas del país. Fue la decisión correcta, aunque no haya sido la estrategia más organizada y menos aún la mejor presentada.

La violencia se disparó y devoró la presidencia de Calderón. Aunque tuvo sus éxitos, Calderón también parecía perder de vista el objetivo más importante: la creación de instituciones responsables que pudieran responder a todos los problemas, no sólo a los grandes grupos internacionales de tráfico de drogas.

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Peña Nieto ha tomado el concepto de Calderón a otro nivel y ha intentado mejorar, en vez de cambiar, lo que había comenzado Calderón. Ha centrado su estrategia en la reducción de la violencia. Sin embargo, entre los cambios más importantes que ha hecho han estado la centralización del mando y el control en el Ministerio del Interior, y el replanteamiento de la forma en que el gobierno organizó sus fuerzas.

En diciembre de 2012, el recién inaugurado gobierno de Peña Nieto dividió el país en regiones. Todas sus fuerzas -desde la Procuraduría General de la Nación, hasta los servicios de inteligencia de la policía federal- siguieron su ejemplo.

Ha seguido una mejor coordinación, especialmente entre la inteligencia y las ramas operativas, que es lo que ha dado lugar a varias capturas importantes.

Peña Nieto parece también estar dispuesto y ser capaz de evitar gobiernos estatales y municipales inoperantes y corruptos de manera más eficaz que su predecesor. Esto está, en parte, relacionado con el enfoque disciplinado y el control sobre los asuntos administrativos y políticos del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por citar otro ejemplo, aparte de la captura de Guzmán, las autoridades federales han arrestado a más de 500 presuntos delincuentes en las últimas semanas, en sus operaciones en el estado en guerra de Michoacán.

Gran parte del resto de la estrategia de Calderón, por controversial que haya sido, sigue vigente. El gobierno sigue purgando lentamente la policía y se encuentra instaurando un nuevo sistema de justicia. Es el estableciemiento de estableciendo un código penal federal, lo que debería facilitar este proceso.

La nueva administración utiliza al ejército, la infantería de marina y a la policía federal en áreas de alto conflicto. Ha permitido la continua cooperación entre la DEA y la infantería de marina de México, un dúo que ha logrado algunas de las capturas y muertes más importantes de presuntos narcotraficantes, y de alto nivel en el país, y fue la punta de lanza en la operación Guzmán.

Las autoridades mexicanas dicen que su enfoque es más holístico, pero la evidencia de su impacto a través de las categorías es escasa. La violencia ha disminuido, pero el grado en que lo ha hecho es un tema de debate. Además, los secuestros y la extorsión están en niveles récord.

Esto es parte del nuevo paisaje criminal causado por esta atomización. Con al menos 80 organizaciones criminales operando en todo el país, la competencia es feroz. Sus objetivos varían, pero el campo de batalla es cada vez más el mercado nacional y no el mercado internacional.

Paradójicamente, esto es lo que quiere el gobierno. Estas son organizaciones más pequeñas, con menos capacidad, conexiones y capital para comprometer al Estado. Por lo tanto, no representan tanto una amenaza nacional, sino más bien una local.

También tienen menos capacidad y menos conexiones a nivel internacional. De hecho, parece como si los días de las monolíticas y verticalmente integradas organizaciones de traficantes estuviesen llegando a su fin.

Sin duda, esto no es un camino fácil, como pudo darse cuenta Colombia después de la muerte de Pablo Escobar y el desmantelamiento de numerosas y grandes organizaciones criminales que siguieron, como el Cartel del Norte del Valle y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Además, el Cartel de Sinaloa no ha muerto. Todavía tiene una gran y sofisticada estructura de propagada a través de una enorme franja de territorio, con una gran capacidad para penetrar gobiernos grandes y pequeños. Dos de sus líderes, El Mayo y Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”, siguen en libertad y, según muchos testimonios, ha estado funcionando sin problemas, sin la regular contribución del Chapo por un tiempo.

Pero su poder se está desvaneciendo. Y es difícil imaginar a Guzmán pasando la antorcha a alguien de una generación más joven, por lo menos a uno que pueda restaurarlo exitosamente a su estado anterior.

Mire este espacio durante toda la semana para más información sobre la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

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