Carlos Nieto: ‘La mafia carcelaria en Venezuela no es solo de los pranes’

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Carlos Nieto Palma ha sido testigo de lo peor del sistema carcelario en Venezuela en las dos últimas décadas en su trabajo como abogado y coordinador de la organización no gubernamental Una Ventana a la Libertad, que defiende los derechos de las personas privadas de la libertad.

Ha visto cómo las prisiones se convierten en hervideros de mafias dirigidas por “pranes”, quienes ahora dominan las actividades criminales dentro y fuera de las prisiones. Tuvo que presenciar las secuelas de los disturbios en prisiones que dejaron cientos de muertos y heridos.

Nieto Palma ahora asesora al jefe de la oposición Juan Guaidó en el desarrollo de su plan de seguridad para una posible transición de gobierno. InSight Crime habló con él sobre el derrumbe de las prisiones en Venezuela y su rol en el crimen organizado. A continuación presentamos una versión editada de la entrevista:

InSight Crime: La ministra de Servicio Penitenciario Iris Varela asegura que en su gestión, que inició en julio de 2011 con la creación del ministerio que representa, se ha acabado con el pranato en las cárceles…

Carlos Nieto Palma: La mafia carcelaria en Venezuela no es solo de los pranes. En ese círculo mafioso están involucrados los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y del Ministerio de Servicio Penitenciario —que antes de ser creado este despacho, quienes estaban involucrados eran los funcionarios del Ministerio de Interior y Justicia—. Las armas que vimos cuando asesinaron al pran “El Conejo” debieron haber entrado por la puerta, no en helicóptero. Las cárceles son cuidadas por fuera por la GNB y por dentro por los funcionarios del Ministerio de Servicio Penitenciario. Yo tengo una teoría muy particular y es que, para mí, los pranes fueron creados por los funcionarios porque era más fácil negociar con una, dos o tres personas, que negociar con todos los presos a la vez. Para que un negocio produzca dinero, hay que buscarle efectividad. Todo el crimen organizado que opera en las prisiones es un negocio para los funcionarios.

IC: ¿Cuándo surge la figura del pranato en Venezuela?

CNP: La figura del pranato es reciente. Los pranes surgieron con Hugo Chávez. En la gestión de Tareck El Aissami, cuando era Ministro de Interior y Justicia, inició la figura del pranato y desde entonces empezaron las pernoctas de los familiares, que se quedaban los viernes y luego pasaban hasta semanas en las cárceles. Los reclusos decían que quienes estaban en las pernoctas integraban grupos para rezar, pero en realidad hacían fiestas (…) Antes del gobierno del chavismo, que empezó en 1999, había reclusos que tenían recursos para conseguir un buen lugar dentro de la cárcel. Esa población penitenciaria tenía armas de fabricación casera, pero no el armamento de guerra tan sofisticado que los pranes han exhibido incluso en las redes sociales.

IC: ¿Antes del chavismo no había corrupción en las prisiones?

CNP: Sí había corrupción antes del chavismo, pero no tan grande como ahora. En los años ochenta y noventa también había negocios ilícitos y se traficaba con dinero. Los directores de las cárceles negociaban con las comidas, ellos eran los que manejaban esa partida. Sin embargo, Iris Varela ha hecho muy poco, más allá de rasparles los cabellos a los reclusos con su plan del Nuevo Régimen Penitenciario. Si los presos están todo el día sin hacer nada, no tienen oportunidad de reinsertarse, pero sí de delinquir. Como bien lo decía Gómez Grillo: Las cárceles son un negocio tan productivo como PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.). Y, lamentablemente, nuestras cárceles son universidades del delito en donde siguen planificando secuestros, extorsiones y otras actividades de crimen organizado.

IC: A su juicio, ¿Cuáles son los grandes problemas carcelarios?

CNP: El problema más grave es que no se ha cumplido con lo establecido en el artículo 272 de la Constitución del 99. Si se aplicara, fuéramos la envidia de todos los países en el mundo, con profesionales, con académicos y con cárceles descentralizadas, que en lugar de ser manejadas por un ministerio, se haría desde la gobernación (…) Toda la crisis carcelaria está unida. El retardo procesal es terrible. En Venezuela no hay cifras oficiales, nosotros en la ONG hacemos aproximaciones basadas en nuestros estudios. Al menos el 80 por ciento de los presos en Venezuela tiene retardo procesal y no tienen una sentencia definitivamente firme, que según lo que dice la misma Constitución, son presuntamente inocentes, pues son inocentes hasta que no se demuestre su culpabilidad.

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IC: En la ONG que usted dirige han denunciado que los calabozos policiales son un sistema penitenciario paralelo, ¿En qué se basa para asegurarlo?

CNP: Desde que se creó el Ministerio de Servicio Penitenciario se incrementó el hacinamiento en los calabozos policiales, que son centros para tener a las personas por lapsos de 48 horas, pero casi al mes de asumir su cargo como ministra, Iris Varela giró una circular para prohibir los ingresos de presos a las cárceles sin su consentimiento. Nosotros, entre otras cosas tenemos mala memoria, no nos acordamos que cuando Varela hizo esa circular el presidente era Chávez y en una cadena nacional él le reclamó a Iris Varela por la crisis carcelaria. Estos centros se han convertido en cárceles más pequeñas, en donde los policías y los presos extorsionan. En estos lugares no hay condiciones mínimas para tener a personas por lapsos tan prolongados. Nunca habíamos visto tantos presos muriendo de hambre, desnutrición y por enfermedades como en la actualidad. Según Una Ventana a la Libertad, hay más de 50.000 presos en unos 500 calabozos policiales en todo el país, lo cual es casi la misma cantidad de población que hay en las cárceles. Iris Varela ha admitido que en sus prisiones hay más de 51.000 reclusos.

IC: Por lo general, las personas que defienden los derechos de los reclusos son cuestionadas, ¿qué le dice a quienes lo critican por su trabajo?

CNP: Nosotros nunca hemos defendido que un delincuente no esté en una cárcel pagando un delito que cometió. Pero sí exigimos que se respeten los derechos humanos, que además son universales. Los derechos de los presos tienen que ser respetados en el lugar en donde se encuentren.

IC: Venezuela enfrenta la peor crisis eléctrica que ha habido en el país desde marzo de este 2019, ¿cómo ha afectado esta situación a los centros penitenciarios?

CNP: Los presos padecen los mismos problemas que sufrimos todos los venezolanos. En las cárceles tampoco tienen agua y luz y los alimentos han fallado. Pero en los calabozos policiales la situación es aún más grave. En menos de una semana, durante el primer apagón registrado en marzo, murieron dos presos en una comisaría de la Policía Nacional ubicada en Caracas. Uno de los reclusos fue asesinado y el otro falleció por tuberculosis. En los dos casos también influyó la negligencia médica (…) En todo este contexto ha sido mucho más complicado para los familiares de los internos que están en las sedes policiales llevarles comida e ir a atenderlos por las fallas en el transporte como consecuencia de los apagones.

IC: Recientemente una comisión de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) visitó el país y usted se reunió con ellos, ¿qué concluyeron estos expertos en torno a la situación carcelaria en Venezuela?

CNP: La delegación de la ONU que visitó el país sabe que Iris Varela maquilló las cárceles porque ellos venían. De hecho, hubo lugares a los cuales no los dejaron entrar a ellos, ni a la prensa. Esto es algo atípico. En este tipo de visitas no debe estar presente la ministra y los delegados de la ONU deben tener la libertad de ver los lugares de las prisiones que quieran, pues así lo establecen los protocolos. Incluso, antes de las visitas fueron trasladados los presos enfermos y los que estaban desnutridos. Me imagino que eso será reseñado en el informe, pues ellos vinieron a hacer una visita exploratoria para ese estudio que preparan. Nosotros estamos en contacto permanente con el personal de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH).

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