Cartel de Sinaloa y CJNG: ¿Enfrentamiento o colaboración?

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Recientes noticias de los medios de México dan una imagen contradictoria de la relación entre el Cartel de Sinaloa y el emergente CJNG.

Por un lado, algunas fuentes señalan que el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos criminales pujantes en México, habría tenido algo que ver con la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán en julio de este año.

Otras fuentes han sugerido que las autoridades mexicanas habrían facilitado la huida para que el “El Chapo” pusiera orden en el mundo criminal mexicano, ante la creciente fuerza del CJNG.

Incluso eventos como el descubrimiento de un narcotúnel del CJNG en Tijuana, zona controlada por la organización de Sinaloa, hablarían de un conflicto latente.

Pero los vínculos entre ambas organizaciones podrían no ser tan evidentes y, de hecho, otros ámbitos sugieren lo contrario, entonces surge la incógnita ¿podría estar gestándose un nuevo conflicto entre las que parecen ser las dos organizaciones criminales más poderosas de México o están estos dos grupos colaborando?

Nexos históricos evitan brote de violencia

Para entender los nexos entre la organización de Sinaloa y el CJNG, y si estos han cambiado en la actualidad, es útil observar qué está sucediendo en el estado occidental de Jalisco, base del CJNG y afín históricamente al Cartel de Sinaloa.

Es sabido que tras el fallecimiento de Ignacio “Nacho” Coronel en 2010, figura de consenso entre los carteles de Sinaloa y Milenio (antecesor del CJNG), hubo un periodo de realineamiento, finalizado con el nuevo liderazgo de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.

La irrupción de Oseguera Cervantes no fue pacífica. Hubo sectores del Cartel de Sinaloa en desacuerdo con el nuevo liderazgo y enfrentamientos. Pero esto no se plasmó en un conflicto a gran escala entre ambos grupos.

Ya en 2012, Ramiro Pozos, “El Molca”, el último líder de un grupo criminal conocido como La Resistencia, organización que se opuso al CJNG por la hegemonía en Jalisco, aventuró en un vídeo una cruenta guerra entre Oseguera Cervantes y Sinaloa. Pero, simplemente, esto no sucedió. Incluso detenidos del CJNG sugirieron en ese momento que las mantas anunciando un enfrentamiento entre ellos y Sinaloa fueron una acción de propaganda de sus rivales, Los Caballeros Templarios.

Un factor que pudo aplacar el enfrentamiento fueron los rasgos de la relación histórica entre Sinaloa y CJNG. Nunca ha habido una fusión completa o una ruptura total entre estas organizaciones, sino un aprovechamiento conjunto de las zonas en las que estos grupos están presentes, a partir de una división de funciones según sus respectivos vínculos históricos con cada zona.

Esto se explica por la sabida naturaleza del Cartel de Sinaloa, de perfil empresarial y con tendencia a dar autonomía a grupos locales, y la del CJNG, cómodo en sus áreas claras de influencia (el eje del Pacífico Nayarit-Guerrero) y adaptado a la “guerra contra la droga”, en la cual hizo las veces de autodefensa en algunos lugares.

Se produce, entonces, un contexto diferente a la relación de juego de suma cero que se da en las rupturas de otros grupos criminales, por ejemplo, de Los Zetas con sus antiguos aliados del Cartel del Golfo, demostrada, en la línea de los intereses de Sinaloa, con su rol de Matazetas. Un grupo de las características de Los Zetas se ve obligado a buscar ingresos (y enemigos) con delitos de mayor impacto. En contraste, el CJNG agrega, a su evidente capacidad de uso de la violencia, una habilidad natural para relacionarse en el negocio del narcotráfico regional.

En Jalisco y en el peligroso vecino Michoacán, y también en los otros que forman el corredor natural del CJNG en el Pacífico, este grupo criminal y el Cartel de Sinaloa parecen conocer sus ejes irrenunciables de actuación y sería precipitado mostrar más fuerza de la que se carece. Mientras, “El Chapo” se sabe predominante más al norte.

¿Son posibles enfrentamientos en otros lugares?

Tijuana parece ser el foco de una posible disputa. En esa ciudad norteña algunos miembros de células criminales en la órbita del Cartel de Tijuana  han decidido hacer explícitos sus vínculos con el CJNG. Esto puede deberse a varias razones. La principal, que la organización de El Mencho es, a pesar de algunos reveses, una marca en auge, sinónimo de éxito y coacción frente a los rivales.

Pero también podría ser un toque de atención contra el grupo dominante de Sinaloa y ello sí sería una clara apuesta por el enfrentamiento, que puede dar lugar a manifestaciones claras de violencia. Sin embargo, en este caso, se estaría más bien ante una actualización del antiguo conflicto entre los restos de la Organización Arellano Félix y el Cartel de El Chapo, y no ante un intento del CJNG de ganar espacio en una zona en la que habitualmente mantiene un perfil exportador bajo.

Por eso mismo, incluso en entornos volátiles como Tijuana, es preferible, de momento, explicar en términos de cooperación el vínculo del CJNG y el Cartel de Sinaloa, relación consolidada por la continuidad de los nexos de los sucesores de “Nacho” Coronel con en esa ciudad estratégica de Baja California.

Así lo ejemplifican también casos como el de Alfonso Lira, “El Atlante”, uno de los operadores en esa región con mejores vínculos con Jalisco, y detenido el año pasado en este estado occidental. El narcotraficante, en su huida de Tijuana, fue protegido en Sinaloa por Dámaso López, “El Licenciado”, uno de los líderes del Cartel de Sinaloa más cercanos a “El Chapo”.  

Lo anterior sugeriría que el CJNG y la organización de Sinaloa tienen más intereses en común que diferencias. En ese sentido, puede comprenderse que la investigación oficial sobre la fuga de El Chapo indague en la colaboración de ambas organizaciones. La importancia del clan Coronel para Guzmán, igual que en Tijuana, explicaría algunos de esos puntos de encuentro.

A falta de más datos, otros indicios apuntarían a colaboraciones en el pago conjunto a abogados. Si esto se confirmase, nos toparíamos con un problema bastante desconocido en el panorama criminal en México: Cómo funcionan las estructuras de apoyo jurídico y financiero que trascienden a los grupos criminales y conforman redes aparentemente legales y necesarias para toda organización criminal. Esas estructuras servirían como puntos neutrales para grupos distintos, o incluso antagónicos.

Tanto el Cartel de Sinaloa como el CJNG enfrentan desafíos recientes. El gobierno federal ha estado a punto de recapturar a El Chapo, y la presión sobre el narcotraficante puede inhibir las acciones de la organización que comanda.

Por su parte, el grupo de “El Mencho” también está en problemas. Tras el desafío del CJNG al gobierno, la Operación Jalisco continúa, lo que supone una presencia masiva de fuerzas de seguridad en la región. Además, el relevo en la polémica Fiscalía General de Jalisco, que controla las fuerzas de seguridad estatales, o el giro contra los partidos políticos tradicionales en las últimas elecciones municipales en ese estado, hacen que el CJNG se esté enfrentando a modificaciones importantes en niveles básicos para sus intereses.

Esas circunstancias, unidas a los vínculos descritos entre ambas organizaciones criminales, harían más previsible el forjar nuevas alianzas y consolidar las existentes que una escalada de violencia entre estos dos poderosos grupos.

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