China promueve tráfico de vida silvestre en Latinoamérica

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La demanda de China de bienes exóticos está promoviendo el tráfico de vida silvestre en Latinoamérica —y el crimen organizado está presto a beneficiarse—.

El mercado negro de vida silvestre a nivel mundial genera actualmente unos US$19 mil millones al año, lo que lo convierte en la cuarta mayor industria ilegal a nivel mundial, después de las drogas, la falsificación de dinero y el tráfico de personas, según un informe (pdf) del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW por sus iniciales en inglés), organismo sin ánimo de lucro.

La región latinoamericana ha llegado a desempeñar un papel importante en este comercio debido a la diversidad de los ecosistemas en el hemisferio, la falta de conciencia y regulaciones por parte de los estados, y diversos grupos criminales con redes de contrabando ya existentes dispuestas a sacar provecho de nuevas oportunidades. Uno de los grandes promotores del creciente comercio ilegal de vida silvestre en la región es China, donde ha aumentado la demanda de bienes exóticos y de manjares escasos debido a la pujante burguesía del país.

Los animales marinos, que a menudo se utilizan en recetas tradicionales chinas, han tenido una demanda particular. Un lujo especialmente apetecido en años recientes ha sido la vejiga del pez totoaba de México. El totoaba es un pez en peligro de extinción que sólo se encuentra en el Golfo de California, México, y es muy apreciado por su bolsa llena de gas que utiliza para ayudar a regular la flotación. Esta bolsa, o vejiga natatoria, es un manjar codiciado en China, donde se seca y se utiliza para hacer en una sopa que se dice tiene cualidades medicinales.

Las vejigas se pueden vender hasta por US$20.000 en China (este alto precio se debe a que la especie china de la totoaba ha sido cazada hasta la extinción), mientras que en México las vejigas valen entre US$7.000 y 14.000, según las investigaciones realizadas por medios de comunicación mexicanos.

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En 2013, las autoridades mexicanas incautaron unos US$2,25 millones en vejigas de totoaba ilegales. En abril de ese año también se presentó uno de los casos más importantes de contrabando de vejigas hasta la fecha, cuando las autoridades de Estados Unidos arrestaron a un hombre que estaba transportando 214 vejigas de contrabando de México a Estados Unidos, desde donde debían ser enviadas a Asia. Las vejigas incautadas valían unos US$361.500 en México, US$1.265 millones en Estados Unidos y US$3,6 millones en el mercado negro extranjero. Incluso se dice que una deuda de tráfico de vejigas pudo haber sido la causa para el asesinato de un presunto jefe del narcotráfico y el crimen organizado en México en junio de 2014.

Además de las vejigas de totoaba, la demanda asiática ha promovido la recolección y el tráfico ilegal de pepinos de mar en Latinoamérica. Considerado un afrodisíaco y con propiedades medicinales (como el tratamiento de la hipertensión arterial), el pepino de mar tiene un mercado en China y Hong Kong que se ha estimado en US$60 millones al año, pues se vende hasta por US$600 el kilo.

Aunque la recolección ilegal de pepinos de mar se ha presentado anteriormente en lugares como las Islas Galápagos, la evidencia sugiere que las redes criminales mexicanas, especialmente a lo largo de la Península de Yucatán, cada vez participan más en este negocio, que ya se está volviendo riesgoso: el 29 de abril, unos 10 hombres armados robaron 3,5 toneladas de pepino de mar deshidratado en la localidad de El Cuyo, Yucatán, según informes de medios locales. Dado que en México un kilo vale cerca de US$450, se estima que la carga valía más de US$100.000.

Aunque las autoridades mexicanas han identificado redes a lo largo de la costa de Yucatán, en el oeste de México, que trafican pepinos de mar a Asia, las rutas de tráfico también pasan por Estados Unidos. En enero de 2015, un tribunal de San Diego acusó a un ciudadano chino estadounidense de exportar a China más de US$3 millones en mariscos de contrabando desde México. Los cargamentos incluían casi una tonelada de pepinos de mar, así como 58 vejigas natatorias de totoaba.

Además de la caza ilegal y el tráfico de totoaba y pepinos de mar, que han permanecido relativamente aislados en regiones específicas, la demanda asiática también ha promovido la práctica del “aleteo” en Latinoamérica, actividad que se ha extendido más geográficamente.

Los cazadores ilegales en varios países atrapan y matan tiburones para obtener sus aletas, que se utilizan para hacer sopa de aleta de tiburón en China y otros países asiáticos como Singapur y Taiwán. Las últimas estimaciones señalan que anualmente se matan entre 26 y 73 millones de tiburones en todo el mundo. Según dicen los grupos ambientalistas, China es el destino de cerca del 75 por ciento de este comercio, pues la sopa de aleta de tiburón, que vale hasta US$200 la taza, es un plato común en banquetes de bodas y otras celebraciones.

La disminución de las poblaciones de tiburón en aguas asiáticas ha impulsado la práctica del aleteo en otros lugares, y países como Perú y Ecuador proporcionan un territorio fértil para la pesca ilegal de tiburón. Según los informes, con las aletas de un solo tiburón un pescador en estos lugares puede ganar hasta US$100, y un kilo de aletas vale hasta US$700 en Asia. En mayo de 2015, las autoridades ecuatorianas informaron sobre la confiscación de casi 100.000 aletas de tiburón ilegales, obtenidas de unos 30.000 tiburones.

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Centroamérica también ha sido un punto importante para el aleteo de tiburón, y el problema es más agudo en Costa Rica. En marzo de 2015, hubo indignación con el gobierno de Costa Rica, después de que autorizara la exportación de 900 kilos de aletas de tiburón cabeza de martillo a Hong Kong, a pesar de que había prohibido el aleteo en 2012. Costa Rica todavía exporta 67.000 kilos de aletas de tiburón a Hong Kong anualmente, según estimaciones de las organizaciones ambientalistas locales.

Análisis de InSight Crime

Hay varias razones claves que se combinan para impulsar el aumento del tráfico de vida marina, y del ecotráfico en general, de Latinoamérica a China.

La primera de ellas ha sido el éxito económico de China en las últimas décadas, que ha llevado al aumento de los ingresos y al crecimiento de la clase media. Como resultado, nuevos sectores de la sociedad china han podido permitirse artículos de lujo y símbolos de estatus tradicionalmente reservados para la élite rica del país. Dado que la demanda del lujo ecológico ha aumentado, las fuentes tradicionales de tales artículos a nivel regional se han agotado, y por lo tanto los mercados chinos han vuelto sus ojos a regiones como Latinoamérica para satisfacer la demanda interna.

El acceso a nuevas fuentes de bienes lujosos, como los pepinos de mar y las vejigas de totoaba en Latinoamérica, ha sido facilitado por los crecientes lazos económicos de China con la región en los últimos años: el aumento del comercio entre las dos regiones ha facilitado el movimiento de mercancías lícitas e ilícitas.

De hecho, debido a estos vínculos, los grupos criminales latinoamericanos, así como otros oportunistas, están bien posicionados para aprovechar el rentable y voraz mercado negro de Asia. Además, en los últimos años ha habido pruebas consistentes de que grupos criminales latinoamericanos y chinos han establecido vínculos y redes interregionales para suministrar una variedad de productos ilícitos, como drogas, minerales extraídos ilegalmente, productos de contrabando, precursores químicos para la fabricación de metanfetamina, y madera de Centroamérica.

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Estas conexiones criminales que han venido evolucionando entre las dos regiones son indicativas de una tendencia en toda Latinoamérica: los grupos criminales buscan diversificar sus fuentes de ingresos y dejar de depender del tráfico de drogas para incursionar en actividades como la extorsión, el robo de recursos naturales y el ecotráfico. La mayor participación del crimen organizado en el ecotráfico también ha sido facilitada por estados que han demostrado estar mal preparados e incluso poco interesados en abordar el tema.

Las tendencias globales y regionales sugieren que Latinoamérica y China se relacionarán cada vez más, en tanto las fuerzas de la globalización derriben las barreras del comercio y faciliten las comunicaciones. Y como lo ilustra el auge del comercio del ecotráfico entre los dos, los nuevos mercados del comercio legal estarán acompañados de nuevos mercados de bienes ilegales —algo de lo que el crimen organizado latinoamericano está siempre dispuesto a beneficiarse—.

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