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La historia detrás de la muerte de un poderoso narcotraficante y el arresto de un alto oficial de policía en una provincia con una ubicación estratégica en Argentina reveló cómo los grupos criminales se están sofisticando, dirigen operaciones efectivas y de paso burlan a las autoridades.

La historia tiene el tinte de un drama de Netflix, en una de las provincias más tranquilas de la Argentina.

El 15 de enero de 2019, Claudio Torres, un empresario de 43 años acusado de narcotráfico iba conduciendo junto a su hermanastro Gabriel Bossi en dirección a su lujosa residencia en Río Cuarto, la segunda ciudad de la provincia de Córdoba, Argentina. Dos hombres armados lo esperaban en un vehículo.

Según un video del hecho, que recogió La Nación, Torres ni siquiera tuvo oportunidad de sacar su arma cuando los hombres le propinaron ocho balazos que le provocaron la muerte. Bossi quedó herido pero sobrevivió.

El homicidio tuvo repercusiones en la provincia de Córdoba, tranquila en general, con la tasa de homicidios más baja de Argentina, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana.

Pero una insólita ola de violencia luego de eso —seis homidicios registrados en Río Cuarto, en los primeros 40 días de 2019, que representan el 60 por ciento del total de homicidios en todo 2018— obligó a Argentina a dirigir la mirada a la ciudad, la segunda en importancia de la provincia.

El entonces jefe de investigaciones de la policía local, Gustavo Oyarzábal (de quien no podría decirse que tuviera un expediente impecable) se puso automáticamente a cargo de la investigación del asesinato de Torres.

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En los días siguientes, y como parte de una megainvestigación por narcotráfico y lavado de dinero en la provincia, que se aceleró con los asesinatos, docenas de miembros de la organización de Torres fueron capturados y millones en dinero en efectivo y bienes fueron incautados.

Entre los detenidos había empresarios locales y sindicalistas, pero el giro más escandaloso de la historia se conoció el 7 de febrero, cuando el mismo Oyarzábal fue arrestado, bajo los cargos de proteger negocios de Torres en Río Cuarto.

No era la primera vez que se investigaba a Oyarzábal por cubrir a grupos criminales, pero era el caso más grande que enfrentaba hasta la fecha.

La provincia de Córdoba tiene una posición estratégica en el centro del corredor de narcotráfico en Argentina, y actúa como conexión entre los países productores y los puntos de transporte.

Análisis de InSight Crime

El homicidio de Torres y el arresto del oficial de la policía con mayor rango de Río Cuarto destapó la olla criminal en una provincia que hasta el momento se había mantenido, en términos generales, por fuera del mapa criminal de Argentina.

Pero no hay más que ahondar un poco para que salte a la vista de inmediato por qué la provincia de Córdoba tiene todos los elementos para erigirse como el paradigma ejemplar del narcotráfico en Argentina.

En primer lugar, su ubicación. Córdoba se sitúa en el centro de las rutas de cocaína y marihuana, lo que la hace muy atractiva para las organizaciones criminales que buscan sacar provecho de la creciente demanda de narcóticos en Argentina y otros países.

Sirve de enlace entre los países productores y el Atlántico (por la Ruta Nacional 9 que conecta a Bolivia con Buenos Aires) y tiene una ruta directa al Pacífico (la Ruta Nacional 60). Además, la Ruta Nacional 8, que según algunos expertos es menos controlada, conecta la ciudad de Río Cuarto con Buenos Aires, importante como mercado de consumo y centro de distribución en Argentina.

En segundo lugar, una fuerza policial que no compite por control territorial.

“En Córdoba, la policía es muy vertical, sin grieta interna y no se disputan el territorio. No es como en Rosario, donde hay más violencia y donde hay bandos de la policía que están con distintos bandos”, relató Juan Federico, un periodista que investiga el crimen organizado en Córdoba, en conversación con InSight Crime.

El alcance de la corrupción policial en Córdoba salió a la luz en 2013, cuando los jefes de la policía antinarcóticos fueron a juicio por colusión con organizaciones criminales.

Juan Federico señala que el caso fue tan incriminatorio para la policía que logró detener todas las investigaciones por narcotráfico. Sin el temor de alguna investigación, las organizaciones criminales de menor nivel, dirigidas por clanes familiares, vieron la oportunidad propicia para crecer.

En tercer lugar, Córdoba es considerada un “lugar seguro” para el lavado de dinero.

“En Córdoba, el narcotráfico no generó una explosión inmobiliaria importante, como pasó en otros lugares. Acá, ese dinero que se comenzó a inyectar en la economía formal de maneras más sutiles a partir del 2013 no quedó tan en evidencia en ese proceso”, explicó Federico.

“Río Cuarto tiene llegada directa a Buenos Aires por la ruta 8, tiene un aeropuerto pequeño, pistas de aterrizaje, mucho lavado de dinero que viene de la evasión de impuestos por la soja, entonces que de repente aparezca una torre no llama mucho la atención, porque todo el mundo sabe que está ese lavado, y hay un ‘dejar hacer’. Es un campo fértil perfecto para el narco”.

La ubicación estratégica de Córdoba, su fácil acceso a los centros de aprovisionamiento y producción, y la creciente demanda, más un cuerpo de policía corrupto y facilidades para el lavado de dinero crearon una especie de tormenta perfecta. En este contexto, los pequeños clanes familiares que se beneficiaban del almacenamiento de narcóticos para el transporte o tenían “cocinas” para purificar la pasta base de coca, pronto evolucionaron y se convirtieron en organizaciones más grandes y sofisticadas.

Como lo declaró el fiscal federal Maximiliano Hairabedian a La Voz del Interior:

“En las causas que vienen llegando a juicio en los últimos tiempos, se advierte que hay más cantidad de droga secuestrada, más organización de estas bandas y que cuentan con más dinero. Se ve cada vez más que tercerizan muchos de los eslabones. ¿Y qué es lo que no estamos viendo? dónde se mete, dónde se lava este dinero”.

La muerte de Torres, reconocido narcotraficante de la ciudad, que había logrado dirigir una organización efectiva mediante conexiones poderosas en Buenos Aires y Córdoba, obligó a Argentina dirigir la mirada a un punto improbable del país. Esto podría haber abierto una “caja de Pandora” de violencia.

“Se cree que el asesinato de Torres fue una venganza de alguien de su propia organización, alguien a quien Torres entregó para salvarse. Esto puede ser la señal de una fragmentación. Se rompió una dinámica y se está armando todo un reordenamiento y eso, por lo general, termina con violencia”, señaló Federico.

Crédito fotografía: La Voz del Interior

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