Cómo el crimen organizado de México amenaza el crecimiento de la industria petrolera

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A medida que México trabaja para implementar su histórica reforma petrolera, los grupos del crimen organizado representan, cada vez más, un problemático reto, levantando dudas acerca de su capacidad para socavar el desarrollo económico del país.

Un reciente informe publicado por el Instituto Baker de la Universidad Rice, titulado “Reforma Energética y Seguridad en el noreste de México”, detalla los obstáculos a los que se enfrenta la modernización de la industria petrolera mexicana. Según los autores, Tony Payan y Guadalupe Correa-Cabrera:

“El fracaso [del gobierno] para recuperar vastas franjas de territorio perdido a los Zetas y ponerlas bajo el control total del gobierno y bajo el Estado de derecho, pone en riesgo las promesas de la iniciativa. Él [gobierno] debe reforzar todas sus instituciones de justicia y restablecer la credibilidad de la aplicación de la ley, para proporcionar no sólo seguridad jurídica sino también garantías a los inversionistas privados y extranjeros de que su capital está protegido. Asimismo, el gobierno debe ser transparente acerca de las dimensiones de la actividad criminal en la región y trabajar con los inversionistas para abordar el problema. Las áreas centrales de enfoque deben ser la reforma policial y la lucha contra la corrupción”.

En caso de que México no logre abordar las amenazas planteadas por el crimen organizado y cumplir con estas recomendaciones, Payan y Correa-Cabrera sostienen que podría caer en la misma trampa que Nigeria y Libia, donde los beneficios de ciertos lucrativos recursos naturales son exprimidos por los grupos criminales.

Como señalan los autores, los Zetas representan el mayor desafío. El área de influencia del grupo abarca la mayor parte de las regiones terrestres productoras de petróleo en México, especialmente los campos de petróleo de esquisto que representan el futuro de la industria. El robo de petróleo ha crecido de forma endémica durante los últimos años, causando a la compañía petrolera nacional de México, Pemex, pérdidas anuales estimadas en miles de millones de dólares. La compañía ha presentado dos demandas contra agentes locales en Estados Unidos por el movimiento del petroleo a sabiendas de que es robado. Ningún grupo criminal ha estado más estrechamente vinculado con este fenómeno que los Zetas.

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La superposición del crimen organizado y la industria energética de México representa un amplio desafío para la agenda económica del presidente Enrique Peña Nieto, especialmente a raíz de la histórica reforma petrolera aprobada el año pasado, cuyo objetivo es abrir la industria petrolera del país. Recientemente, la amenaza provocó una visita del secretario de Relaciones Exteriores de México, José Antonio Meade a Houston, Texas, donde habló en un evento del Baker Center y aseguró a los ejecutivos petroleros locales que México era un lugar seguro para invertir:

“Reconocemos que es un reto y el reto no es sólo de México, sino que es de carácter regional. Pero México ha estado haciendo lo que tiene que hacer para recuperar estas condiciones, tendremos éxito en hacerlo, y esto no ha resultado en una menor inversión”.

Análisis de InSight Crime

La amenaza que representan los Zetas para la industria petrolera de México se genera en el contexto de una mayor diversificación de los portafolios criminales de los grupos mexicanos durante los últimos años. Mientras que en el pasado se centraron principalmente en el tráfico de cocaína, marihuana, heroína y otras drogas, estas organizaciones actualmente se dedican a una amplia variedad de actividades diferentes, entre ellas extorsión, secuestro, robo de recursos naturales y de autos, y el asalto de bancos.

Un ejemplo de cómo esto representa una amenaza cada vez mayor para la población en general se puede encontrar en el asesinato de Virgilio Camacho, un ejecutivo de la siderúrgica mundial ArcelorMittal. La firma de Camacho había entrado en conflicto con los Caballeros Templarios porque las operaciones mineras ilegales del grupo criminal saqueaban las áreas sobre las que ArcelorMittal tenía derechos exclusivos, disminuyendo su rentabilidad.

Actividades como el robo de petróleo y la extorsión suelen centrarse en negocios legítimos y en ciudadanos particulares, mientras que en el pasado los grupos criminales se enfrentaban únicamente entre sí. En conjunto, estos crímenes -especialmente cuando se combinan con actos de venganza contra gente como Camacho- generan un significativo desincentivo para la actividad económica.

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El nivel en que un desafío a la seguridad como al que se enfrenta México puede afectar el crecimiento es una cuestión de debate. La amenaza de la violencia requiere que las empresas de las regiones más propensas a la actividad criminal gasten más dinero en seguridad que el que habrían gastado de otra manera, reduciendo la cantidad de dinero disponible para la inversión productiva. En teoría, la inseguridad puede ahuyentar la inversión extranjera directa (IED), pero la IED de México se duplicó el año pasado a pesar de los problemas de seguridad actuales.

Un estudio reciente del Banco D’Italia, el banco central del país, ofrece una idea del alcance de estas preocupaciones: el autor siguió el rendimiento económico de dos regiones, Apulia y Basilicata, tanto antes como después de que los grupos criminales comenzaron a operar en la zona. Durante mucho tiempo, los grupos italianos han utilizado tácticas agresivas contra la población civil y contra la economía legítima, tácticas que han emergido más recientemente en México (algunos analistas se han referido a los recientes cambios en México como la “Sicilianización” de los grupos mexicanos). Después de un período de treinta años en que los grupos del crimen organizado estuvieron operando, el estudio encontró que el Producto Interno Bruto (PIB) de ambas regiones fue un 16 por ciento más bajo de lo que hubiera sido de otra manera.

Las prácticas de los grupos italianos están más arraigadas que las de los mexicanos, y no hay razón por la que un freno a tan largo plazo sobre la actividad económica tenga que ser inevitable. Pero sí ofrece una demostración de los riesgos si el desafío no es tratado. Ninguno ámbito representa un síntoma más representativo de los problemas actuales que el de la industria del petróleo.

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