Con el triunfo de Chávez, los grupos criminales venezolanos van a expandirse

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La victoria de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales, les dará a las organizaciones criminales de Venezuela, seis años más para crecer y consolidar su poder; en la nación suramericana más importante de tránsito de cocaína con destino a Europa y Estados Unidos.

La fácil victoria de Chávez les da un respiro a los elementos corruptos del régimen, los llamados miembros del “Cartel de los Soles”, y posibilitará que organizaciones criminales locales continúen reemplazando a las pandillas colombianas para hacer negocios directamente con los carteles mexicanos.

El crimen en Venezuela ha gozado de un crecimiento exponencial bajo el mandato de Chávez, siendo 2011 el año más violento que se haya registrado. Desde que se posesionó, la tasa de homicidios aumentó de 10 por cada 100.000 habitantes, a un cálculo de entre 52 y 74 por cada 100.000 habitantes, dependiendo de la fuente consultada. Esta cifra sobrepasa la de Colombia, de 36 por cada 100.000 habitantes, pese a que esa nación andina aún se encuentra en medio de un conflicto civil de más de cinco décadas. Caracas es actualmente, de lejos, la ciudad más peligrosa de Suramérica.

El secuestro es un flagelo que ha golpeado las vidas de los venezolanos promedio. Cifras oficiales hablan de 1.105 secuestros en 2011, un incremento de 20 veces, en comparación con el número de casos registrados en 1999, cuando Chávez llegó a la presidencia por primera vez. Estas estadísticas no incluyen los secuestros “express”, aquellos casos en que el secuestro dura sólo un par de horas. Investigación de campo en Caracas, realizada por InSight Crime, obtuvo como resultado que se dan entre 20 y 40 casos diarios de secuestros express. 

El sistema carcelario de Venezuela es uno de los más peligrosos y peor administrados del mundo. Hay estimativos que establecen que al menos 1.000 prisioneros se han escapado en 2012, al tiempo que se han producido innumerables disturbios y enfrentamientos, con reclusos que tienen acceso a armas automáticas. Las cárceles son administradas por jefes prisioneros conocidos como “pranes”. La brutalidad es el pan de cada día entre los reos, particularmente para aquellos sin los recursos para pagar las comodidades tras las rejas, y se estima que 500 prisioneros fueron asesinados el año pasado. Los prisioneros que esperan su juicio se encuentran mezclados con los convictos más difíciles. Es alta la probabilidad de que una persona inocente pase largos periodos tras las rejas mientras espera ser procesada por el sistema judicial obsoleto y corrupto; y dicha probabilidad sólo es comparable con la posible pérdida de su inocencia durante el tiempo de encarcelamiento. El sistema carcelario se ha vuelto uno de los motores primarios del crimen organizado.

Chávez ha pintado gran parte de esta falta de control, como el resultado de tener a Colombia como vecino, y culpando a los grupos colombianos de crimen organizado que cruzan la frontera. Históricamente, es verdad que Venezuela no cuenta con organizaciones criminales nativas sofisticadas y poderosas, pero eso está cambiando. Al igual que los mexicanos han eclipsado a sus contrapartes colombianas en la última década, hay evidencia de que los venezolanos se mueven en la misma dirección. 

Los grupos colombianos han operado largo rato en Venezuela, tendiendo a usar a la vasta diáspora colombiana para llevar a cabo sus negocios de drogas. Los grupos rebeldes de Colombia tienen una presencia permanente en Venezuela. El país se ha vuelto un área de retaguardia clave, tanto para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como para el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Aunque estos grupos solían ser responsables de gran parte de los secuestros en Venezuela, concentrados en los estados fronterizos, han reducido esta práctica drásticamente, al igual que la extorsión, para minimizar la fricción con el vecino país. Los rebeldes fueron forzados a adoptar un perfil bajo en Venezuela, luego de que el expresidente Álvaro Uribe se quejara oficialmente contra Chávez en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), en julio de 2010. 

Algunas de estas actividades han sido asumidas por grupos locales de izquierda, como las Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL). Actualmente, los rebeldes colombianos usan a Venezuela como un santuario para sus líderes, una ubicación para operaciones de narcotráfico, y como lugar para planear ataques fuera del alcance de las fuerzas de seguridad colombianas. La nueva generación de grupos paramilitares en Colombia también cuentan con presencia en Venezuela, como lugar para llevar a cabo operaciones de narcotráfico, aunque también se cree que extorsionan, particularmente en el estado fronterizo de Táchira. 

No obstante, los colombianos, quienes tradicionalmente han controlado el flujo de la cocaína en Venezuela para las organizaciones en México y Europa, están siendo reemplazados por pandillas venezolanas que compran la cocaína apenas cruza la frontera para luego vendérsela a organizaciones criminales transnacionales, principalmente a los mexicanos y también a la mafia italiana. La evidencia sugiere que muchas de las pandillas venezolanas tienen vínculos, o son dirigidos directamente, por miembros del ejército venezolano

Una nueva generación de narcotraficantes colombianos ha sido capturada (o asesinada) en Venezuela, con más de 10 de los más prolíficos traficantes colombianos atrapados aquí desde 2010. ¿Por qué los capos colombianos siguen buscando refugio en este país si las probabilidades de ser atrapados parece bastante alta?.

“Los capos del narcotráfico colombiano se han sentido seguros en Venezuela porque han podido asegurar la protección de alto nivel, de parte de elementos en el gobierno y las fuerzas de seguridad”, dijo un operativo europeo de inteligencia. “Sin embargo, los venezolanos aprietan a los traficantes colombianos y luego, cuando no tienen dinero o cuando es políticamente oportuno, los arrestan y buscan apoderarse de sus rutas”. 

Los carteles mexicanos empezaron siendo transportistas para los carteles colombianos. Luego, con el tiempo, los colombianos empezaron a pagarles a los mexicanos con cocaína y no con dinero en efectivo, así que los mexicanos empezaron a desarrollar sus propias redes de distribución, aumentando sus niveles de sofisticación y fuerza. Hoy en día, los colombianos se han convertido en proveedores al por mayor para los mexicanos que administran su distribución en Estados Unidos, y tienen participación importante en el mercado global. Aunque es improbable que este desarrollo se reproduzca en Venezuela, los grupos del país ya no son únicamente transportistas de los colombianos, si no que actúan como intermediarios, comprando y vendiendo cargamentos de cocaína. Esto significa que sus ganancias y sofisticación van a dar un salto inevitable. A medida que son capturados los capos colombianos, y sus operaciones de narcotráfico son desmanteladas, los grupos venezolanos tomarán las riendas y trabajarán con los mexicanos.

La diferencia entre los modelos criminales mexicano y venezolano está en que en la nación andina, gran parte del mundo del crimen organizado ha crecido bajo la protección de los militares, con sus tentáculos moviéndose entre el establecimiento político y llegando a casi todos los órganos de las instituciones estatales. Otros seis años de un mandato chavista permitirá que esta red se consolide en el poder, cultivando sus contactos mexicanos e internacionales, convirtiéndose en un estado dentro de otro estado.

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