Controversia por trabajo de Giuliani para firma responsable de epidemia de heroína

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Además de que puede írsele de las manos la oportunidad de asegurar una importante posición en la administración entrante del presidente electo Donald Trump, el controvertido trabajo que realizó Rudolph Giuliani para un fabricante de calmantes a base de opiáceos contribuyó a facilitar la explosión de violencia por drogas en México.

El 15 de noviembre, The New York Times informó que el trabajo de Giuliani para Purdue Pharma y otras organizaciones en la década de los 2000 le están complicando al exalcalde de Nueva York las posibilidades de ser nominado para el cargo de Secretario de Estado en la entrante administración Trump.

Luego de fundar la consultora Giuliani Partners al dejar la alcaldía, Purdue se convirtió en uno de los primeros clientes de Giuliani. Según un artículo de 2007 aparecido en el Times, se encargó a Giuliani la tarea de “convencer a las autoridades de que podían confiar en Purdue, porque podían confiar en él”.

En la práctica, esto implicó la asistencia de Giuliani a reuniones en representación de Purdue ante organismos de orden público de Estados Unidos que buscaban llevar a Purdue a los tribunales por haber engañado al público al restar importancia sobre el potencial adictivo del fuerte analgésico OxyContin y por negligencia corporativa en aplicar medidas enérgicas para limitar la disponibilidad del medicamento en el mercado negro.

Giuliani también hizo de enlace con miembros del Congreso que investigaban los mismos temas, en un intento de apaciguarlos respecto al compromiso de la compañía en dar solución a las amenazas a la salud pública.

El trabajo de Giuliani para otros clientes, incluido el gobierno de Qatar y un grupo opositor iraní que estaba en la lista de grupos terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos, ha atizado la controversia sobre su posible nominación como Secretario de Estado.

Análisis de InSight Crime

El trabajo de Giuliani para Purdue va más allá de la tajada normal que saca un funcionario público recién retirado. El agresivo mercadeo del OxyContin adelantado por la farmacéutica, que eventualmente llevó a una declaración de culpabilidad de tres directivos de la empresa y a la compañía misma, pese al lobby de Giuliani, fue la punta de lanza de una revolución en la práctica médica que de otro modo no hubiera ocurrido. Esta rotunda estrategia hacia el dolor desató perversamente una crisis de salud pública en Estados Unidos y agravó la crisis de seguridad pública en México.

Como ya lo ha señalado InSight Crime, la prescripción excesiva de analgésicos como los producidos por Purdue creó un apetito descontrolado por los opiáceos en todo el país. Y muchos de quienes se hicieron adictos a estos analgésicos controlados con fórmula médica eventualmente recurrirían a la heroína como alternativa de menor costo.

Las acciones y omisiones del gobierno contribuyeron a esta dinámica en varias formas, aunque dos se destacan: los organismos de orden público esperaron hasta los 2000 para implementar medidas de fuerza a los laxos controles de las farmacéuticas en relación con sus medicamentos a base de opio, lo cual fomentó el florecimiento del mercado negro para los consumidores recreativos; y las políticas de reembolso de Medicaid crearon incentivos perversos para los médicos que dirigieran las llamadas “fábricas de píldoras” para distribuir grandes cantidades de estos fármacos superiores a lo justificable en términos médicos.

En este sentido, Giuliani trabajó para evitar medidas que hubieran limitado los perjuicios creados por los opiáceos, lo que hubiera salvado miles de vidas. Tales medidas podrían haber reducido los márgenes de ganancia de su cliente.

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El incremento del consumo de opiáceos como calmantes generó el resurgimiento de la epidemia de abuso de heroína, un flagelo que había desaparecido en gran parte en la década de 1990. Las estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention) indican que, después de ir en ascenso por 15 años consecutivos, las sobredosis de heroína cobraron las vidas de más de 11.000 personas en Estados Unidos en 2014 —más de tres veces el número de muertes por sobredosis registradas en 2010—. La Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD) estimó que en 2014 había cerca de un millón de heroinómanos en Estados Unidos, casi el triple que diez años antes.

Esta explosiva demanda de heroína, a su vez, ha motivado la duplicación de la producción del narcótico en México, en estados como Guerrero, Jalisco y Sinaloa, y ha desatado conflictos entre grupos criminales que operan en esas zonas. No es coincidencia que Guerrero se haya convertido en el estado más sangriento de México, y que la violencia en Jalisco también haya aumentado sustancialmente. Sinaloa ha sido por largo tiempo uno de los estados más afectados por la violencia en México.

En la medida en que dio lugar a la violencia en México, el servicio que prestó Giuliani a Purdue fue en contravía con uno de sus proyectos más célebres en el sector privado: enfrentar la inseguridad en Ciudad de México, a comienzos de la década del 2000, con éxito limitado.

El trabajo de Giuliani para Purdue también se erige en clara oposición a la retórica de campaña de Trump, quien muchas veces atacó el tráfico de heroína como evidencia de la porosidad de la frontera entre México y Estados Unidos. Como lo señaló el presidente electo en el tercer debate presidencial, “El gran problema es la heroína que se desborda en nuestras fronteras del sur, solo se desborda, y destruye a sus jóvenes y envenena la sangre de sus jóvenes y de mucha otra gente”.

Los nexos de Giuliani con Purdue —y por extensión, sus nexos con el resurgimiento de la epidemia de heroína— son una demostración contundente de la brecha entre el discurso de Trump y el historial real de su campaña.

También constituye una evidencia más de la hipocresía de la política de drogas de Estados Unidos en general. Mientras que autoridades estadounidenses, desde el expresidente Richard Nixon hasta el actual presidente Barack Obama han adelantado una guerra contra las drogas en grados variables de energía, la incapacidad de atacar la demanda de drogas recreativas ha garantizado por largo tiempo la existencia de un mercado ilícito de miles de millones de dólares. Y la falta de voluntad de las autoridades para interponerse en el camino de los márgenes de ganancias de la industria farmacéutica permitió una revolución médica mal dirigida que ha creado cientos de miles de nuevos adictos y ha matado a decenas de miles de estadounidenses.

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