Crimen organizado se beneficia de la esclavitud moderna en Latinoamérica

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Un reciente informe arroja luz sobre cómo las poblaciones vulnerables sometidas a condiciones de esclavitud llenan los bolsillos del crimen organizado en toda Latinoamérica.


El Índice Global de Esclavitud 2016 (pdf), publicado por Walk Free Foundation, estima que, de los 45,8 millones de personas esclavizadas en el mundo, 2,2 millones viven en el continente americano.

El mayor número de víctimas en la región se encuentra en México, con 376.800 personas, seguido por Colombia, con 308.200. Los países con el mayor porcentaje de población viviendo en esclavitud son Haití y República Dominicana, con casi el 1 por ciento cada uno.

El informe describe cómo las redes de tráfico y otros grupos criminales se benefician de la explotación de las poblaciones marginales, especialmente de las mujeres, las niñas y los niños. Según algunas estimaciones, el 70 por ciento de los casos de esclavitud moderna en México involucran a grupos del crimen organizado. Esto incluye el secuestro de niñas y mujeres sobre todo para la prostitución forzada, y de niños y hombres sobre todo para los trabajos forzados. Se considera que la capital mundial del tráfico sexual es la ciudad de Tenancingo en el estado de Tlaxcala, desde donde los traficantes llevan niñas indígenas a otras partes de México y a Estados Unidos.

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Según el documento, se cree que los carteles de la droga están involucrados en el tráfico sexual, utilizando las mismas redes que el crimen organizado usa para transportar ilegalmente drogas y armas para pasar víctimas humanas a través de la frontera con Estados Unidos.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre la trata de personas

Por otra parte, la evidencia anecdótica sugiere que una parte de la población mexicana desparecida —cuyas cifras hacienden a las decenas de miles— se encuentra en campamentos donde la prostitución, el trabajo forzado y otros actos criminales son autorizados por los carteles.

El informe descubrió que el tráfico sexual a nivel nacional e internacional es también generalizado en República Dominicana. Los turistas extranjeros representan aproximadamente el 25 por ciento de los casos de explotación sexual en República Dominicana. A nivel internacional, se han rescatado niñas dominicanas en el vecino Haití, pero también se han encontrado en países de todo el mundo, como Estados Unidos, naciones europeas y Japón.

Pero el tráfico sexual en el continente americano se concentra sobre todo en las minas de oro de Perú y Colombia, lo cual se debe en parte, según el informe, a la participación de grupos del crimen organizado en la industria minera, que opera en las regiones remotas de esos países.

Los grupos criminales no son los únicos que se enriquecen a expensas de los esclavos. El informe señala que, tanto en México como en República Dominicana, las autoridades a nivel local, estatal y federal son cómplices (o bien se sospecha de su complicidad) de las actividades de tráfico de personas.

Análisis de InSight Crime

Las conexiones que se presentan en el informe entre el crimen organizado latinoamericano y la esclavitud moderna se centran en las actividades de tráfico de personas. Pero hay una gran variedad de formas como las redes criminales de la región coaccionan a las poblaciones vulnerables y las usan para sus fines.

Los niños a menudo son vistos por los grupos criminales como fuentes de trabajo barato y de bajo riesgo, por lo que son un blanco atractivo para los reclutadores. En México, se ha sabido que los “sicaritos”, o pequeños asesinos, son empleados por los carteles de la droga para llevar a cabo despiadados actos de violencia. Las violentas pandillas callejeras de Centroamérica obligan a los niños a realizar trabajos diversos, a menudo peligrosos, como prestar servicios de vigilancia y mensajería. En Honduras, las pandillas presuntamente reclutan a niños de hasta seis años, y aquellos que se niegan corren el riesgo de morir.

VEA TAMBIÉN: Informe especial de InSight Crime sobre las pandillas en Honduras

Las pandillas de narcotraficantes en las favelas de Río de Janeiro, Brasil, también suelen reclutar jóvenes, quienes son apetecidos porque enfrentan penas de prisión más cortas que los adultos. Un residente de Río le dijo a Spiegel Online en 2007 que miembros del Tercer Comando (Terceiro Comando) lo drogaron para desensibilizarlo durante el proceso de iniciación en la pandilla, que incluía dispararle a un informante en la cabeza a quemarropa. En ese momento tenía 11 años de edad.

Las pandillas criminales no son las únicas que reclutan menores de edad en Latinoamérica; los niños y niñas reclutados por los grupos armados han jugado un papel importante en el largo conflicto civil colombiano. Prácticamente la mitad de los combatientes adultos de las filas del grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se iniciaron como menores de edad. Según funcionarios del gobierno, cerca de 12.000 niños y niñas han sido reclutados desde 1975. Muchos de estos jóvenes provienen de los bastiones de las FARC en áreas rurales y pobres del país, donde la presencia del Estado es débil o prácticamente inexistente.

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