¿Debe El Salvador reiniciar la tregua con las pandillas?

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Las conclusiones de un reciente estudio sobre los efectos de las treguas con pandillas en Latinoamérica sugieren que un nuevo acuerdo de paz entre Barrio 18 y MS13 en El Salvador sólo podría conducir a un aumento de la violencia a largo plazo.

El estudio (pdf), realizado por Arizona State University (ASU) y la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), de El Salvador, evalúa las condiciones bajo las cuales se presentan las treguas con las pandillas, el papel de los negociadores y los efectos de los acuerdos a corto y largo plazo. Con base en estudios de caso de El Salvador, Honduras y Jamaica, los autores descubrieron varias condiciones comunes que permitieron las treguas con las pandillas:

1) Las comunidades habían estado experimentando un “número atípicamente alto de homicidios relacionados con pandillas” durante un período prolongado de tiempo, lo cual presionó a los gobiernos para tomar medidas.

2) Las tentativas de controlar la violencia de las pandillas mediante estrategias represivas habían fallado.

3) La incapacidad del gobierno para disminuir la violencia se había vuelto evidente, lo que llevó al Estado y a los líderes comunitarios a buscar “una estrategia alternativa, en la que los negociadores trabajaran directamente, de manera formal o informal, con los líderes de las pandillas para establecer una tregua”.

4) Las partes interesadas en El Salvador, Honduras y Jamaica desempeñaron funciones similares en las negociaciones. Los líderes de las pandillas estuvieron dispuestos a participar en el proceso y buscaron colaborar con los negociadores —usualmente un pequeño grupo de personas percibidas como “negociadores honestos”—.

Sin embargo, las estrategias para implementar las respectivas treguas fueron diferentes. Estas diferencias estuvieron relacionadas principalmente con la manera como los negociadores y las pandillas identificaron objetivos comunes y “tangibles que se les pudieran otorgar a las pandillas a cambio de que éstas lograran los objetivos establecidos”.

En El Salvador, los negociadores se aseguraron de que las pandillas se comprometieran a hacer cambios inmediatos en su comportamiento (es decir, reducir la violencia). A cambio, los líderes de las pandillas encarcelados fueron trasladados a prisiones menos restrictivas. Tras estos logros a corto plazo para ambas partes, se lograron negociar temas adicionales y sobre bases más fuertes.

Sin embargo, los resultados del estudio de ASU-FUNDE ponen en duda la conveniencia de iniciar una segunda tregua con las pandillas en El Salvador.

En Jamaica y Honduras, sin embargo, los líderes pandilleros pidieron cambios sociales y gubernamentales duraderos a cambio de una reducción inmediata de la violencia. Ninguno de estos países podía satisfacer las demandas de las pandillas en un corto plazo, lo que sugiere la importancia de obtener resultados rápidos y fáciles con el fin de “lograr confianza y servir como una primera prueba de la capacidad de cumplimiento de los líderes de las pandillas”. El estudio descubrió que las treguas con pandillas de Jamaica y Honduras no tuvieron ningún impacto de corto o mediano plazo sobre la violencia total, y atribuyó la disminución de los homicidios a tendencias generales en estos países.

En contraste, los autores hallaron que la tregua con las pandillas en El Salvador fue una eficaz estrategia para reducir los homicidios a corto plazo. Según el informe, la tregua salvó unas 5.500 vidas entre marzo y junio de 2014.

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Si bien los autores consideran que la tregua con las pandillas en El Salvador fue un éxito a corto plazo, también descubrieron que parece ser un caso aislado y les advirtieron a las autoridades que están considerando una tregua con las pandillas que deben ser conscientes de las posibilidades de consecuencias negativas a largo plazo —que podrían opacar cualquier beneficio potencial en el corto plazo.

Análisis de InSight Crime

Las treguas con pandillas son una iniciativa polémica, cuyos beneficios —como lo sugiere este nuevo estudio— son diversos y abiertos a interpretaciones contradictorias. Tal vez el mejor ejemplo de esto es el acalorado debate sobre si el gobierno de El Salvador debe reiniciar las negociaciones con las principales pandillas callejeras del país, Barrio 18 y MS13.

Inicialmente, la tregua con las pandillas en El Salvador condujo a una gran disminución en los homicidios, lo cual llevó a que países vecinos como Guatemala, Honduras y Belice consideraran e iniciaran acuerdos similares, con la esperanza de replicar los logros de El Salvador. A finales de 2013, sin embargo, la tregua comenzó a fallar y la violencia volvió a aumentar, alcanzando niveles epidémicos durante el primer semestre de 2015.

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Los líderes pandilleros de El Salvador han hecho recientes llamados a restablecer la tregua, pidiendo un “mecanismo” que permita el diálogo y un eventual acuerdo de paz. En esencia, las pandillas les están dando a las autoridades un ultimátum, negándose a reducir la violencia hasta que el gobierno se siente a la mesa a negociar.

Sin embargo, los resultados del estudio de ASU-FUNDE ponen en duda la conveniencia de iniciar una segunda tregua con las pandillas en El Salvador.

Por un lado, es claro que en El Salvador existen dos de las condiciones que según el estudio deberían cumplirse antes de que se pueda iniciar una tregua con las pandillas: altos niveles de violencia de las pandillas y limitada capacidad del gobierno para el control social.

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Sin embargo, no está claro hasta qué punto los líderes de MS13 y Barrio 18 pueden controlar a sus miembros y ofrecer beneficios inmediatos, como la reducción de la violencia.

Los líderes de las pandillas han sido enviados de nuevo a una cárcel de máxima seguridad, lo que limita ostensiblemente su capacidad para coordinar y ejercer control sobre las actividades diarias de los miembros que se encuentran libres. Además, los líderes de las pandillas al parecer acordaron poner fin a violencia a principios de 2015, y sin embargo El Salvador acaba de registrar los dos meses más violentos que se hayan presentado en el país desde su guerra civil.

Otra tregua con las pandillas también incrementa la posibilidad de que la violencia aumente a largo plazo, así como las tasas de homicidio han aumentado en El Salvador desde la ruptura de la primera tregua. Una segunda tregua con pandillas plantea entonces la posibilidad de un efecto cíclico, con períodos de bajas tasas de homicidios alternando con períodos de violencia extrema.

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