Desplazamiento interno en Brasil: ¿Una verdad incómoda?

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Mientras Brasil intenta proyectar una imagen positiva internacionalmente, de una nación que está abordando contundentemente los desafíos de seguridad en sus principales ciudades, un indicador importante –el desplazamiento interno- está siendo subestimado.

Esa es la conclusión de un nuevo trabajo de Humanitarian Action in Situations Other than War (HASOW)* (pdf), que será publicado en el Journal of Refugee Studies este otoño.

El autor, Robert Muggah, el director del centro de investigación brasileño Instituto Igarapé, dice que a pesar de contar con una legislación bastante fuerte para hacer frente a los refugiados de otros países, Brasil no ha logrado lidiar con el desplazamiento forzado interno, lo que Muggah considera como una “crisis humanitaria dentro de sus fronteras”.

Brasil carece de cualquier taxonomía del desplazamiento interno, y las pocas medidas existentes en gran parte están dirigidas a ayudar a las poblaciones que ya han sido desplazadas, en lugar de prevenir que esto ocurra en primer lugar, agrega.

El informe describe tres categorías de desplazamiento: el que es provocado por la violencia, el que es provocado por el desarrollo y el que es provocado por el desastre.

El desplazamiento forzado, como resultado de la violencia, incluye el desplazamiento provocado tanto por las pandillas como por las milicias -grupos que surgieron como fuerzas paramilitares que involucraron a la policía municipal y luego se movieron hacia la actividad criminal- así como por las fuerzas de seguridad. Las acciones de los grupos criminales pueden conducir a un desplazamiento de larga duración y entre las ciudades, mientras que las operaciones de la policía y el ejército generalmente producen formas temporales de desplazamiento dentro de una ciudad.

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En las favelas de Brasil, Muggah encuentra que el desplazamiento por lo general se produce de manera familiar o individual más que en masa. 

Sin embargo, en algunas comunidades bajo el control de las milicias se pueden estar desplazando grupos más grandes, pues las milicias presionan a la gente para que abandonen sus hogares con la intención de venderlos, según Muggah. Él cita informes sin verificar que señalan que las milicias han contribuido a desplazar a los residentes de las zonas recién pacificadas en Río de Janeiro, actuando en nombre de políticos y de dueños de negocios.

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El desplazamiento causado por la violencia en las zonas urbanas de Brasil es ocultado, y los medios de comunicación, la política y los círculos académicos permanencen en silencio frente al fenómeno, dijo Muggah a InSight Crime. La información sobre el desplazamiento sigue siendo en gran parte anecdótica y aparece de manera irregular en las noticias y con los reportes de los voluntarios en el terreno, dijo.

Análisis de InSight Crime

Para Muggah, hay varios factores que invisibilizan el desplazamiento. En primer lugar, el hecho de que el desplazamiento no sea entendido como una categoría social discreta en Brasil. Debido a esto, hay una falta de sistemas para registrar las quejas o apoyar a las víctimas. Esto va más allá del contexto brasileño -en toda Latinoamérica y el Caribe, el término “desplazamiento interno” generalmente sólo es aplicado a situaciones de conflicto armado.

En segundo lugar, hay falta de información acerca de la magnitud del desplazamiento pues el desplazamiento forzado de la población en las zonas controladas por las pandillas de ciudades brasileñas suele ser “temporal, transitorio y episódico”, dijo Muggah a InSight Crime. En lugar de comunidades enteras abandonando sus tierras, las familias o las personas se desplazan porque no pueden pagar las exorbitantes cuotas de extorsión o han sido directamente amenazadas o acosadas por las pandillas. A diferencia de las víctimas en lugares como los países del Triángulo Norte, las víctimas también son menos propensas a moverse lejos de sus hogares, dijo.

En tercer lugar, existe lo que Muggah llama la “ley del silencio” -el temor de los residentes para hablar sobre la violencia que están experimentando o del desplazamiento que se ha desencadenado, debido a posibles repercusiones.

Sin embargo, el fracaso de las autoridades para abordar el problema del desplazamiento en Brasil probablemente va más allá de la incapacidad de recuperar el control sobre las cifras. Como InSight Crime ha señalado, el desplazamiento interno es un problema para los gobiernos ya que va en contra de la imagen que los países quieren proyectar de tener el control sobre la seguridad. Esto ha llevado a las autoridades en lugares como México a ignorar en gran medida el fenómeno.

Mientras Brasil trata de posicionarse como una nación progresista, limpiando sus ciudades en el marco de grandes eventos como la reciente Copa Mundial, es muy posible que el desplazamiento interno sea simplemente una verdad incómoda.

“Al ‘nombrar’ un problema, existe implícitamente la obligación de responder”, dijo Muggah a InSight Crime. A pesar de la violencia epidémica perpetrada por los actores criminales en algunas ciudades, que para algunos funcionarios locales ha alcanzado las proporciones de un conflicto armado, el gobierno central no está dispuesto a reconocer una población desplazada que contradiga su narrativa positiva sobre la seguridad.

Las principales ciudades de Brasil son el hogar de poderosas pandillas armadas, como el Comando Vermelho (CV) en Río y el Primer Comando Capital (PCC) en São Paulo. Estas pandillas ejercen un gran control social en los lugares en donde operan, actuando como una especie de sistema de justicia de facto, con un ejército privado listo y capaz de imponer una sentencia de muerte sobre aquellos que los desobedezcan.

Además de participar en el tráfico y la venta de drogas, reclutan a niños en sus filas y cometen extorsiones. Algunas personas huyen para evitar el castigo de las pandillas, mientras otras personas son desplazadas -ya sea temporal o permanentemente- por la violencia entre las pandillas.

Mientras tanto, las milicias manejadas por la policía de Río de Janeiro representan un tipo de justicia similar al de las pandillas, cobrando impuestos a los residentes de unidades de viviendas para los servicios públicos básicos y para brindar protección. Como señaló Muggah, las milicias han sido conocidas por desplazar a los residentes con el fin de alquilar o vender sus apartamentos.

Los esfuerzos de las autoridades para hacer retroceder a las pandillas y a las milicias han tenido un éxito limitado. A pesar del actual programa de pacificación en Río de Janeiro –que tiene como objetivo recuperar el control de las favelas de la ciudad de las bandas de narcotraficantes- un informe publicado a finales de 2013 encontró que 454, o casi la mitad, de las aproximadamente 1.001 favelas de la ciudad continuaron bajo control de las milicias.

Aunque la tasa general de homicidios de la ciudad ha caído significativamente desde el inicio del programa de pacificación, el crimen violento sigue siendo desenfrenado en muchas áreas, los homicidios siguen siendo altos a las afueras de la ciudad, y hay señales de que las pandillas están regresando a algunas de las favelas pacificadas. No se sabe hasta qué punto la migración de las pandillas, como resultado de la pacificación, ha causado el desplazamiento.

Como señala Muggah, las mismas operaciones policiales también han sido responsables de la violencia -una ofensiva de seguridad emprendida por la policía contra las pandillas de Río en 2007 fue descrita por los medios de comunicación de ser “como Bagdad”.

Aunque los casos más publicitados han ocurrido en Río de Janeiro y en São Paulo, Muggah dijo que el desplazamiento urbano, como resultado de la violencia de las pandillas, también estaba teniendo lugar en una serie de ciudades más pequeñas, como Fortaleza, João Pessoa, Maceió, Recife y San Salvador.

“Estas son algunas de las ciudades más violentas del planeta, y estamos viendo los correspondientes incrementos en el desplazamiento voluntario e involuntario de la población”, escribió.

El escenario se asemeja al de las zonas urbanas de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, o de Medellín, en Colombia, donde las bandas de narcotraficantes también extorsionan a los locales, participan en enfrentamientos violentos y ejercen una forma opresiva de control social.

El desplazamiento intra e interurbano es en gran parte oculto o al menos poco reportado en todos estos escenarios. Sin embargo, para Muggah, el silencio que rodea el desplazamiento en Brasil es aún más extremo.

*HASOW cuenta con el apoyo del International Development Research Centre (IDRC)

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