El Capo Colombiano, ‘El Loco’ Barrera, Habla Sobre el Homicidio de sus Enemigos y el Tráfico de Cocaína

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Las grabaciones del narcotraficante colombiano Daniel Barrera, alias “El Loco“, hablando con las autoridades colombianas y venezolanas, arrojan luces sobre el funcionamiento interno de su organización criminal, al igual que de su personalidad descarada.

El audio, publicado por la revista Semana, muestra a Barrera hablando sobre varios temas, justificando sus razones para matar a varios de sus enemigos, y describiendo sus diferentes alianzas con otras organizaciones narcotraficantes colombianas.

[Escuche a los clips de audio en Semana.com de Barrera hablando sobre las exportaciones de cocaína y los Urabeños].

Barrera, un capo que ha sido comparado con Pablo Escobar, fue arrestado en Venezuela en septiembre y luego deportado a Colombia. Estuvo involucrado en el narcotráfico por más de 20 años, trabajando con grupos neo-paramilitares como el desmovilizado ERPAC, y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Actualmente se encuentra en una cárcel colombiana esperando su extradición a los Estados Unidos.

Semana informa que las grabaciones de audio son tomadas de horas de interrogatorios que Barrera sostuvo con oficiales venezolanos y colombianos. Las revista señala que a pesar de los diferentes temas abordados por Barrera, uno particularmente controversial fue dejado por fuera de las grabaciones disponibles: la presunta colaboración entre la organización de Barrera, las fuerzas de seguridad y otras autoridades gubernamentales.

Análisis de InSight Crime

Algunas de las declaraciones de Barrera eran frívolas. En un momento dado dice, “Es más difícil ir a hacer mercado que mover 1.000 kilos [de cocaína]”. Sobre sus expectativas de los Estados Unidos, dice, “Yo voy a colaborar con la justicia y voy a entregar bienes. Pero no puedo entregar todo. Con algo me tengo que quedar para la pensión”.

Aparentemente, Barrera estaba en conversaciones con las autoridades estadounidenses acerca de entregarse, durante los meses anteriores a su entrega, pero las negociaciones fracasaron. El tono de algunas de sus declaraciones en las grabaciones pinta la imagen de un hombre que nunca pensó en entregarse en realidad.

Algunos de los otros comentarios de Barrera daban señas de un hombre que se veía a sí mismo cumpliendo su propio código moral, en contraste con otros capos en Colombia. Él dice que en abril ordenó el asesinato de su exjefe de sicarios Jairo Saldarriaga, alias “Mojarro,” porque Saldarriaga planeaba atacar a su familia en Argentina. “Yo no podía permitir esa situación y mandé a hacerle el trabajo”. Barrera se queja de que Mojarro “se puso de irrespetuoso. Se puso a pedir plata a nombre mío, cosa que siempre odié y detesté.”

Barrera añade que en 2007 ordenó la muerte de Yesid Nieto, un conocido comerciante de esmeraldas, porque Nieto quería que Barrera entregara unos terrenos y hasta amenazó con matarlo. “Yo no podía permitir que me matara por nada. La vida es una sola.”, declaró Barrera.

Barrera luego compara su estilo de liderazgo con el de otros delincuentes colombianos, a los que pinta como carentes de moral. El líder de los Urabeños, Darío Antonio Úsuga, alias “Otoniel“, es “un animal” en palabras de Barrera.

“Ese tipo no merece ninguna oportunidad. Ha matado niños por nada. Es un animal. (…) Es un animal ese tipo. Es muy peligroso. (…) Son unos enfermos que viven de quitarle las cositas a la gente y matarlos”. Barrera también critica a otro conocido líder criminal de los Llanos Orientales, el ya fallecido Miguel Arroyave, diciendo que era un “loco” que torturaba a sus enemigos, usando motosierras.

Una de las ironías de estas declaraciones es que se cree que Barrera es dueño de más de mil hectáreas de tierra en Llanos Orientales de Colombia, pertenecientes a las víctimas del conflicto. La historia de su apodo, “el Loco”, es por los asesinatos despiadados que ordenó en venganza por la muerte de su hermano, Omar, a finales de los años ochenta. La crítica de Barrera hacia los otros líderes criminales de Colombia, de ser “animales” desquiciados, deja entrever la percepción distorsionada que tiene de sí mismo como un hombre de negocios que sólo actúa violentamente por razones “legítimas”, como cuando su familia se ve amenazada.

Al describir sus operaciones de tráfico de cocaína, Barrera lo presenta como un negocio bastante simple y directo. En colaboración con otros narcotraficantes, cada uno compraba 500 kilos de cocaína y enviaban cargamentos de 1.000 a 2.000 kilos desde áreas como la costa pacífica colombiana. Barrera sólo compraba sus cargamentos a las FARC, según afirma.

Cuando Barrera fue arrestado, el gobierno de Colombia lo describió como el “último gran capo” del país. Como indican las grabaciones publicadas por Semana, aparentemente Barrera sí se veía a sí mismo como algo excepcional, siguiendo su propio código moral, en un negocio arriesgado, en comparación a los que lo rodeaban. Mientras que los Urabeños son actualmente la organización mejor situada para convertirse en el poder dominante del narcotráfico colombiano, Barrera parece desafiar esto y hasta llega a considerarse a sí mismo irremplazable. Lo que está claro a partir de sus afirmaciones audaces es que sin duda era único.

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