El Índice de Estados Fallidos de Foreign Policy se Equivoca en América Latina

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

El último índice de estados fallidos de la revista Foreign Policy presenta una imagen errónea de la estabilidad regional en América Latina, en gran parte debido a una interpretación demasiada amplia del fracaso de los estados.

La revista Foreign Policy, en colaboración con el Fund for Peace (Fondo para la Paz), ha publicado el Índice de Estados Fallidos de 2012, la octava edición del informe. El índice utiliza una serie de indicadores sociales, económicos y políticos para clasificar a los países en orden ascendente en función de su riesgo de colapso y de sucumbir a la violencia. Luego Foreign Policy agrupa a los países en cinco categorías: “críticos”, “en peligro “,” en el límite “,” estables ” y “muy estable”.

Como es de esperar, la mayoría de los estados con los índices más altos se encuentran en África, con Somalia, la República Democrática del Congo y Sudán encabezando la lista. Sin embargo, el índice de este año incluye inesperadamente a tres países de América Latina en la misma categoría “crítica” en la que pone a estas naciones africanas asediadas. Según el índice, Haití, Colombia y Bolivia están en riesgo de ser estados fallidos en los puestos 7, 52 y 62 de la lista, respectivamente.

Si bien la pobreza extrema y la anarquía en Haití, sin duda, justifican el alto rango de ese país, Bolivia y Colombia generalmente no son considerados en la misma categoría. En los índices de 2010 y 2011, Haití fue el único país del hemisferio occidental en ser clasificado como un “crítico”. Las razones para que este año estén incluidas Colombia y Bolivia no son claras.

Si bien Colombia aún se encuentra en medio de un conflicto interno desde hace décadas con las guerrillas marxistas, y hay evidencia que sugiera que el número de ataques de la guerrilla aumentó en 2011 en un 10 por ciento, la situación general de seguridad en el país está mejorando lentamente. El grupo guerrillero más grande, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sigue estando consignado a las zonas remotas del país, muy lejos de su máximo en 2002, cuando controlaban un área del tamaño de Suiza, en el sureste del país. Sólo el último año se han perdido cantidades considerables de apoyo a sus bases en Venezuela y Ecuador, con los gobiernos de ambos países prometiendo acabar con presencia de la guerrilla. Los diversos grupos neo-paramilitares que el gobierno llama “bandas criminales” (BACRIM) siguen siendo una amenaza, pero varios de sus líderes de más alto nivel han sido capturados o dados de baja , como sucedió con Javier Serna Calle, alias “Comba”, y Juan de Dios Usuga , alias “Giovanni”. El éxito del gobierno en contra de estas organizaciones ha sido recompensado con una caída significativa en los homicidios. En 2011, la tasa de homicidios en Colombia llegó a su punto más bajo en 27 años.

El alto puesto de Bolivia en el ranking es aún más desconcertante. Es cierto que el país se ha visto afectada por la inestabilidad política durante gran parte de su historia reciente, pero ha mejorado desde que Evo Morales asumió la presidencia en 2006. Las manifestaciones de los grupos indígenas, sindicatos, y más recientemente por agentes de policía han sacudido a las grandes ciudades en todo el país desde entonces, pero en cada uno de estos casos, el gobierno ha intervenido para llegar a algún tipo de acuerdo. Mientras que las protestas han contribuido a la renuncia de los miembros de su gabinete, tales movilizaciones de masas son una especie de tradición en el país y no han llevado al presidente Morales ni cerca a dejar el poder, como les ocurrió a los presidentes en 2003 y 2005.

No parece haber ninguna buena razón para que la revista Foreign Policy describa a Bolivia o Colombia como en peligro crítico de ser estados fallidos, y mucho menos por qué esos dos se clasifican más alto que otros países en el hemisferio. Honduras, donde la corrupción policial es endémica, la tasa de homicidios es el más alto en el mundo y los periodistas son a menudo blanco del crimen organizado, es tal vez a mayor riesgo de fracaso como estado que cualquiera de los países de Suramérica. Otro contendiente potencial sería de Surinam, donde el narcotraficante convicto y exdictador Desi Bouterse es el presidente. Bouterse, quien pudo haber estado involucrado en el tráfico de drogas en fechas tan recientes como en 2006, presionó hace poco a la legislatura de Surinam para que aprobara una ley otorgándole una amnistía general y cerrando una investigación sobre las acusaciones de que él mató a 15 miembros de la oposición en 1982.

Pero incluso éstos se basan en definiciones demasiadas amplias del fracaso del estado, que es uno de los principales problemas con el Índice de Estados Fallidos. Los doce indicadores utilizados por el Fondo para la Paz en su análisis inicial incluyen factores tales como “desarrollo económico desigual”, “presión demográfica” y “fuga humana y de cerebros”, cuestiones que están más allá de las concepciones tradicionales del fracaso de estado que impliquen el deterioro del estado de derecho. Esta metodología resulta limitada en su aplicabilidad a otros países de la región. Chile, por ejemplo, se describe como uno de los casos de éxito de América Latina “en el resumen general del índice, pero el país ha visto la sexta mayor caída en su puntaje en comparación con 2007. En última instancia, aunque el Fondo para la Paz dice que la “integración sistemática de una amplia gama de fuentes de datos” es una fortaleza del índice, en el caso de América Latina parece hacer más borroso el panorama en vez de aclararlo.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn