Por Qué la Violencia en México es una Excepción a la Tendencia Histórica

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El actual derramamiento de sangre en México es una excepción a una disminución general de la violencia, que ha tenido lugar durante casi un siglo, según un académico mexicano, quien dijo a InSight Crime que la ola de asesinatos se debe en gran parte a decisiones políticas erróneas.

Carlos Vilalta, profesor en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) en la Ciudad de México, sostiene que los episodios de violencia, como la reciente ola de asesinatos, sirven para oscurecer una tendencia más profunda: progresivamente México se ha vuelto más seguro, por lo menos, desde los años treinta.

La medición del número de condenas por homicidio por cada 100.000 habitantes – que sirve como un indicador razonable de la violencia en general – incluso en el apogeo de la reciente ola de asesinatos, la cifra actual de 7,5 por cada 100.000 habitantes es inferior a un quinto de la cifra de 40 en 1938. Esta tendencia mayor de una reducción de los crímenes violentos, que los investigadores han percibido en gran parte del mundo a lo largo de varios siglos, es una nota de aliento en medio de informes de asesinatos en masa y mutilaciones grotescas.

La delincuencia organizada puede ser imposible de erradicar, y el narcotráfico seguirá dando a los grupos criminales un flujo constante de ingresos, aunque estos grupos operan en una sociedad cada vez más pacífica. Según Vilalta: “Estamos mucho mejor que nuestros padres, y ellos estaban mucho mejor en comparación a nuestros abuelos. Estamos pasando por un período difícil, pero es de una magnitud mucho menor que los problemas que ellos tuvieron que enfrentar en el pasado.”

A pesar de un estancamiento en las tasas de homicidios en el último año, Vilalta considera que México aún sigue enredado en un episodio de violencia extrema.

Para Vilalta, la causa del derramamiento de sangre en este momento es principalmente política. Es una consecuencia de las tácticas de aplicación de la ley asociadas a la presidencia de Felipe Calderón, que terminó en diciembre de 2012. “Estoy convencido de que si hubiéramos llevado a cabo un buen diagnóstico y pronóstico de la situación, en retrospectiva, algunas de las decisiones no se habrían tomado,” dijo Vilalta a InSight Crime. “El presidente, de haber sabido y podido prever el daño de su enfrentamiento directo con el crimen organizado… no habría tomado ciertas decisiones.”

Es una evaluación común de la actuación de Calderón en materia de seguridad, aunque Vilalta dice que las tácticas erróneas comenzaron antes de que Calderón llegara a la presidencia, en diciembre de 2006.

Además, para Vilalta, el problema con la política de gobierno no se limita a la creciente dependencia de las fuerzas armadas, que es el elemento más resaltable del enfoque de Calderón. Los esfuerzos cada vez mayores para perseguir los casos penales por cargos de narcotráfico, que comenzaron en los últimos meses de la administración de Fox y continuaron bajo Calderón, también ayudaron a desestabilizar al narcotráfico. El promedio mensual para el número de investigaciones penales abiertas por delitos de drogas durante el gobierno de Fox fue 3.346, mientras que durante Calderón fue de 6.567.

Vilalta considera los factores sociales como vitales en la conducción de la violencia. Algunos de estos, son la amplia tolerancia y expectativa de la corrupción oficial en México. Si la sociedad en su conjunto considera la corrupción como el precio que paga el gobierno en sus asuntos, más que un acto raro y excepcional, entonces se hace más difícil exigir honestidad de los agentes de policía y los líderes políticos. Los grupos criminales sacan el mayor provecho de este entorno social, creando a su vez un amplio patrón de impunidad.

Otro problema es la falta de alternativas viables para muchos de los mexicanos que llenan las filas de los grupos criminales. “La falta de oportunidades de educación y salud son los motivos claros de la desigualdad social y a su vez limitaciones para el éxito financiero,” dijo Vilalta haciendo eco de las preocupaciones sobre la denominada clase juvenil de los “ni-ni”, que son jóvenes que ni estudian ni trabajan. “Esto provoca ira e inconformidad entre los grupos de la sociedad que recurren a la delincuencia para cumplir con sus objetivos; el crimen es un medio para el fin de tener dinero, y en ocasiones también para gozar de estatus al interior de un grupo determinado. Es por eso que, a fin de prevenir el delito, tenemos que crear oportunidades para el éxito financiero a través de medios legales.”

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