SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+

El 10 de julio, el mismo día en que Francia venció a Bélgica con un marcador 1 a 0 y clasificó a la final, una empresa de marketing deportivo ubicada en Florida se declaró culpable en una corte federal de Nueva York por cargos criminales relacionados con millonarios sobornos pagados a funcionarios del fútbol de todo el continente americano.

Los fiscales sostienen que, en el año 2012, la empresa, Imagina US, junto con otra compañía de mercadeo deportivo, Traffic USA, le pagó sobornos a Jeffrey Webb, quien en ese momento ocupaba altos cargos en la FIFA y en la Unión de Fútbol del Caribe (UFC).

Traffic USA le había ofrecido a Webb US$3 millones para que le ayudara a obtener los derechos de mercadeo y transmisión de los partidos de clasificación para las copas mundiales de 2018 y 2022, que eran administradas por miembros de la UFC. Imagina US admitió que había llegado a un acuerdo con Traffic USA para pagar la mitad de los US$3 millones y compartir los costos y los ingresos del mercadeo y la transmisión de esos partidos.

Imagina US se declaró además culpable de haber sobornado a funcionarios de fútbol de Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica a cambio de obtener los derechos de comercialización y transmisión de los partidos de clasificación de la Copa Mundial administrados por asociaciones de fútbol nacionales afiliadas a la FIFA en esos países.

Un comunicado de prensa de la Fiscalía de Estados Unidos señala que muchas de las personas involucradas en los sobornos se habían declarado culpables de esquemas similares; por lo tanto, Imagina US es solo uno más de los muchos peces gordos del medio futbolístico atrapados por las autoridades estadounidenses desde que en 2015 se dio a conocer una larga investigación sobre corrupción al interior de la FIFA.

“La investigación del gobierno sigue en curso”, dice el comunicado de prensa.

El periodista Ken Bensinger expone el origen y la evolución del caso, todavía en desarrollo, en un libro publicado en la víspera del partido de apertura de la Copa Mundial de este año, “Red Card: How the U.S. Blew the Whistle on the World’s Biggest Sports Scandal” [“Tarjeta roja: el arbitraje de Estados Unidos en el mayor escándalo deportivo del mundo”].

Con base en una rigurosa investigación, la obra describe detalladamente cómo los organismos de seguridad estadounidenses enfrentaron a algunas de las figuras más poderosas del fútbol y terminaron manejando las investigaciones y los enjuiciamientos como un caso de crimen organizado —incluso considerando a la FIFA como una organización criminal—.

Trump y Rusia

El caso empezó de manera un poco azarosa. En 2010, un agente del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI por sus iniciales en inglés) que investigaba a los grupos del crimen organizado rusos recibió una pista según la cual Rusia estaría intentando influir en los funcionarios de la FIFA para que votaran a favor de que el país fuera el anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol de 2018.

Esa pista llegó al FBI a través del exespía británico Christopher Steele, quien más tarde se hizo famoso por escribir un documento que contenía graves acusaciones sobre supuestos vínculos entre Donald Trump y el gobierno ruso.

En 2011, un comprometido agente del Servicio de Rentas Nacionales de Estados Unidos (IRS por sus iniciales en inglés), y gran apasionado por el fútbol, se involucró en el caso del FBI tras descubrir que un poderoso funcionario de la FIFA llamado Chuck Blazer, de nacionalidad estadounidense, no había pagado impuestos en casi dos décadas.

El agente del IRS y el equipo del FBI empezaron a trabajar en conjunto con el fin de reunir evidencias de la corrupción sistemática al interior de la FIFA durante varias décadas.

Muchos de los esquemas de corrupción que descubrieron eran similares al descrito arriba entre Traffic USA e Imagina US: sobornos para obtener los derechos de comercialización y transmisión. Sin embargo, esta no era la única forma de corrupción.

“Parecía una mafia”

Blazer, por ejemplo, adquirió lujosas propiedades y compró cenas, viajes y regalos utilizando dineros de la FIFA. Además, aceptó pagos ilícitos a cambio de su voto en decisiones importantes de la FIFA, como la elección de Sudáfrica como anfitrión de la Copa Mundial 2010.

En diálogo con InSight Crime, Bensinger dijo que las víctimas de esta actividad ilegal son los millones de aficionados y jugadores del fútbol en todo el mundo.

“Todos estos funcionarios corruptos se apoderan del dinero que debería ser parte del deporte”, dice el periodista. “Se supone que este dinero debe quedar en manos de los equipos profesionales, los cuales necesitan fondos para construir mejores estadios. Debe ser utilizado para apoyar a los equipos de jóvenes, para que puedan comprar balones y guayos, y para construir canchas para los niños… A todos se les engaña y se están robando los recursos mediante la corrupción”.

En la línea de gol

A finales de 2011, los investigadores estadounidenses confrontaron a Blazer y le presentaron dos alternativas: cooperar en la investigación sobre la FIFA, o bien enfrentar un enjuiciamiento por fraude fiscal doloso. Blazer decidió cooperar, y de esta manera se convirtió, en palabras de Bensinger, en un “guía” de la corrupción en el fútbol.

Blazer les mostró a los investigadores cómo funcionaban los esquemas de corrupción y quiénes estaban involucrados en ellos, lo que les permitió identificar que la red de funcionarios de fútbol y compañías de mercadeo se asemejaba a una organización criminal.

“De hecho”, escribe Bensinger, “cada vez más parecía una mafia”.

Durante los años siguientes, las autoridades dieron con otros altos funcionarios de la FIFA y ejecutivos de mercadeo involucrados en los esquemas de corrupción. Identificaron otras figuras importantes, las cuales a su vez les proporcionaron pruebas que implicaban a muchos otros miembros de las élites del fútbol internacional.

La investigación culminó en mayo de 2015, cuando se anunció públicamente una imputación en la que se nombraba a 20 acusados, seis de los cuales ya se habían declarado culpables.

La revelación de los cargos criminales desató un escándalo internacional. Más adelante, en diciembre de 2015, las autoridades hicieron pública una acusación adicional que incrementó el número de sospechosos imputados y dejó más en claro por qué los fiscales consideraban a la FIFA como una empresa criminal.

Bensinger incluye apartes de la imputación en su libro: “La corrupción de la empresa llegó a ser endémica”. Cuando los escándalos obligaban a ciertos funcionarios a retirarse de la organización, otros actores corruptos los remplazaban rápidamente.

Muchos de los acusados se declararon culpables. Pero en noviembre de 2017, tres altos funcionarios de la FIFA prefirieron enfrentar un juicio. Un mes después, dos de ellos fueron condenados. Su sentencia está programada para el próximo mes.

¿Juego limpio?

¿La exhaustiva investigación y el enjuiciamiento de algunas de las figuras más poderosas del fútbol ha permitido depurar este deporte?

Bensinger le dijo a Insight Crimen que, a raíz del escándalo, la FIFA ha tomado algunas medidas positivas. Pero señala que la organización no ha hecho lo suficiente.

“Creo que es ingenuo pensar que el arresto de un puñado de personas va a resolver los problemas culturales de las instituciones”, dice. “Esto es como un baldado de agua fría, pero lo que se tiene que dar a continuación es el arduo trabajo de generar realmente una nueva cultura menos corrupta”.

     VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre fútbol y crimen

Bensinger señaló que la FIFA ha operado turbiamente durante mucho tiempo, y que su tradicional falta de transparencia será difícil de cambiar.

“Es muy difícil que dentro de su cultura entiendan que se espera que proporcionen más información, que sean más abiertos en cuanto a lo que hacen”, dice.

Con respecto a si las revelaciones de corrupción generalizada en el fútbol afectarán significativamente la inmensa popularidad del deporte a nivel mundial, Bensinger cree que hay pocas probabilidades de que ello ocurra.

“Creo que algunas personas dejarán de seguir este deporte, pero son pocas en comparación con la cantidad de fervientes aficionados”, afirma. “Así es el fútbol: a pesar de las ollas podridas, la gente ama el deporte y quiere seguir viéndolo”.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+