Elección del gabinete de Bolsonaro en Brasil, tira y afloje entre ejército y judicial

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Los nombramientos del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, para conformar su equipo de seguridad nacional confirman que su recia postura frente a la violencia criminal sigue siendo una de sus prioridades.

Sin embargo, otros nombramientos, como los del ministro de Justicia y el jefe de la Policía, permiten suponer que su gobierno asumirá un enfoque más mesurado en la lucha contra el crimen.

En el mes de noviembre, Bolsonaro designó al general retirado del ejército, Augusto Heleno, como secretario de seguridad institucional, cargo similar al de consejero de seguridad nacional. Heleno, quien anteriormente había sido propuesto para los cargos de vicepresidente y ministro de Defensa, se convierte así en la quinta figura militar de importancia en el gabinete del próximo gobierno.

Los otros son Hamilton Mourão (vicepresidente), Fernando Azevedo y Silva (ministro de Defensa), Carlos Alberto dos Santos Cruz (secretario de Gobierno) y Bento Costa Lima Leite (Minas y Energía).

Este equipo estaría encargado de implementar la estrategia de seguridad de Bolsonaro, lo que incluye dar más autonomía a la policía y el ejército en la lucha contra el crimen organizado.

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En agosto, Heleno había expresado su descontento por el hecho de que los agentes de policía sienten que no pueden actuar, pues se arriesgan a enfrentar consecuencias. “No podemos seguir con estas normas de combate. Los criminales tienen todas las de ganar; saben que los policías no tienen autonomía para actuar, que están maniatados”, dijo en comentarios a Metropoles.

Sin embargo, otros nombramientos del gabinete van en sentido contrario a esta tendencia de línea dura. Sergio Moro, candidato a la cartera de Justicia, ha estado a cargo del caso “Operación Lavado de Autos” (Lava Jato en portugués), investigación que busca eliminar la corrupción endémica en los círculos políticos y empresariales de Brasil.

Moro estuvo al frente de la detención, el enjuiciamiento y el encarcelamiento de numerosas figuras, entre ellas el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente de Odebrecht, Marcelo Odebrecht, y el destituido gobernador de Río, Sergio Cabral.

Además, Moro ha designado a varios compañeros de su confianza en cargos importantes. En noviembre, nombró a Mauricio Valeixo como director de la Policía Nacional.

Valeixo fue director de la policía del estado de Paraná, donde Moro llegó a ser conocido como fiscal federal. Se le acredita haber disuelto las tensiones en torno a la detención de Lula da Silva en abril y haber evitado enfrentamientos entre la policía y multitudes de seguidores del carismático exmandatario.

Análisis de InSight Crime

Parece haber dos tendencias en la manera como Bolsonaro está conformando su gabinete.

En cuanto a los nombramientos de carácter judicial, Bolsonaro está buscando jugar en terreno seguro. La elección de Moro fue inicialmente polémica. Pero desde que aceptó la designación, Moro se ha esforzado por mejorar la reputación de Brasil y la participación del país en círculos judiciales internacionales.

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Esta semana instó a la Cámara de Representantes de Brasil a aprobar una ley antiterrorista que pondría al país en línea con los estándares internacionales para combatir el lavado de dinero y confiscar los bienes de individuos y grupos vinculados al terrorismo.

Aunque Bolsonaro ha criticado ciertos planes multilaterales, como la lucha contra el cambio climático, Moro ha dejado clara la necesidad de que Brasil evite ser retirado del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), lo cual sería riesgoso si la ley de lucha contra el terrorismo no es aprobada.

Ignacio Cano, investigador de asuntos políticos en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, sostiene que la fama y visibilidad de Moro le ayudarán a mantener su independencia fiscal, pero solo hasta cierto punto.

“Bolsonaro ha dicho que, aunque no está de acuerdo con Moro, tratará de llegar a un arreglo. Esto demuestra el poder político de Moro como ministro”, le dijo Cano a InSight Crime.

Sin embargo, es probable que Moro sea mantenido aparte del equipo de seguridad nacional. “El equipo de Moro tiene experiencia en la lucha contra la corrupción, pero no contra la violencia criminal”, dijo Cano.

En cuanto a la seguridad nacional, es probable que el presidente electo vaya lanza en ristre.

Heleno ha sido considerado por mucho tiempo mentor de Bolsonaro, quien estuvo bajo mando del general cuando era un joven soldado. El hecho de que haya sido propuesto para la vicepresidencia y la cartera de Defensa —aunque luego fue elegido para un cargo menos prominente debido a discrepancias entre los partidos políticos— muestra lo importantes que los consejos de Heleno son y seguirán siendo para el presidente electo.

Heleno es un respetado oficial de carrera, que estuvo al frente de la misión de la ONU para la estabilización de la paz en Haití y fue nombrado por Lula da Silva para ser comandante militar en la región amazónica. Existe la esperanza de que, dada su experiencia, Heleno ejerza una influencia moderadora en el gobierno de Bolsonaro.

Sin embargo, la operación denominada “Puño de hierro” en Haití muestra un lado más preocupante de Heleno en lo que respecta a su manera de enfrentar a las pandillas. En 2005, el general envió tropas al suburbio Cité Soleil en Haití. Las tropas hicieron miles de disparos en su intento por acabar con un líder pandillero. El objetivo fue asesinado, pero algunos informes no oficiales afirman que también murieron decenas de civiles que quedaron atrapados en el fuego cruzado.

La incierta interacción entre los generales y Moro puede trazar el rumbo del gobierno de Bolsonaro.

Cano afirma que la prueba de fuego del poder de Moro se presentará cuando se acuse a figuras del gobierno de transgredir las leyes, bien sea por corrupción o por violaciones a los derechos humanos.

“Será entonces cuando Moro deberá adoptar una posición”, dice Caro. “¿Apoyará las investigaciones al interior del gobierno, arriesgándose a contrariar a Bolsonaro? ¿O será indulgente al respecto, con el fin de no estropear su capital político?”.

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