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El próximo presidente de México tendrá la oportunidad de renovar la política de seguridad del país, que durante más de una década se ha centrado en la confrontación militarizada con los grupos criminales. Sin embargo, a pocos días de las elecciones, los principales candidatos todavía no logran hacer propuestas viables y coherentes en este sentido.

Según cifras oficiales, en 2017 hubo más homicidios que en cualquier otro año en la historia reciente de México. Y los análisis independientes señalan que el crimen organizado es el principal causante de la escalada de violencia. Esto se suma a la creciente evidencia de que la estrategia de mano dura de los últimos dos presidentes no ha logrado mejorar la seguridad en el país.

¿Pero los candidatos presidenciales de este año están haciendo propuestas diferentes? Y en caso afirmativo, ¿funcionarán sus propuestas?

De cara a las elecciones del próximo 1 de julio, InSight Crime analiza las propuestas de los candidatos, así como la probabilidad de que sean efectivas.

El favorito: Andrés Manuel López Obrador

Como candidato del Movimiento de Renovación Nacional (MORENA), el exalcalde de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, más conocido como “AMLO”, es el favorito en esta etapa de la carrera presidencial, con resultados de dos dígitos en la mayoría de las encuestas. Acérrimo crítico de los expresidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, en caso de resultar victorioso, AMLO buscaría tenazmente una ruptura con las políticas previas.

El mejor ejemplo de ello es su propuesta de otorgar algún tipo de amnistía a los miembros de los grupos criminales. Esta idea es todavía muy reciente, pero AMLO la ha repetido y refinado, a pesar de las airadas reacciones de sus oponentes. Recientemente, en su campaña aclaró que la amnistía no beneficiaría a los capos más violentos sino a los infractores menores cuya falta de oportunidades los ha llevado a involucrarse en actividades criminales.

Es poco probable que la amnistía sea políticamente viable, pero, como otros aspectos del programa de AMLO, resalta por su distanciamiento de las políticas de mano dura. Por ejemplo, el exalcalde ha hablado favorablemente de la eliminación gradual de la participación del ejército en asuntos de seguridad interna.

También ha prometido promover la inclusión de la rehabilitación como parte de las penas de prisión, con el fin de preparar mejor a los reclusos para su reinserción en la sociedad y reducir las reincidencias. Este plan abordaría un importante generador de inseguridad en México: el caótico sistema penitenciario, que viola sistemáticamente los derechos humanos, suele servir de base para las operaciones criminales, y a menudo encauza a los convictos hacia otras actividades delictivas.

Aunque las ideas de AMLO no son lo suficientemente específicas, dan cuenta de un cambio de retórica que busca considerar de una manera más empática y matizada los incentivos que conducen a involucrarse en actividades criminales. Si bien la eficacia de los planes que sustentan este discurso depende casi por completo de detalles que no se han especificado, este tipo de propuestas han estado ausentes durante años.

Además de que las ideas de AMLO carecen de detalles, también podrían ser contraproducentes. Al igual que la mayoría de los candidatos presidenciales de México, AMLO ha mostrado una tendencia hacia la reorganización institucional, que deja de lado algunos defectos obvios. Él ha prometido abolir la institución encargada del trabajo de inteligencia en México, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), y no ha explicado qué entidad absorbería sus funciones. Además, ha propuesto reinstaurar la Secretaría de Seguridad Pública, pero no ha explicado por qué la ausencia de dicha entidad ha sido perjudicial para México.

En esencia, López Obrador está promoviendo una gran revolución de la burocracia de la seguridad a nivel federal, pero no ha hecho ninguna propuesta sobre cuáles problemas va a resolver o qué nuevas herramientas creará. En el mejor de los casos, implementar dichos programas sin suficiente planificación representaría un esfuerzo inútil; en el peor de los casos, sería un retroceso.

El adversario: Ricardo Anaya

El candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Ricardo Anaya, se ubica en el segundo lugar de las encuestas. Aunque la distancia con respecto a AMLO es grande, Anaya parece ser el único candidato que podría representar un riesgo para el favorito.

Anaya fue presidente del PAN, y al interior del partido fue un feroz rival del expresidente Felipe Calderón, por lo que tomaría distancia de quienes causaron los errores de seguridad en México y buscaría un cambio de dirección.

La campaña de Anaya publicó un compendio de compromisos frente al tema de seguridad, una verdadera lista de cosas obvias, sin ninguna prioridad clara y sin considerar los recursos que se necesitarían para implementar dichas propuestas. Ha prometido, por ejemplo, “reforzar la capacidad” de los magistrados investigadores, pero en su retórica tiende a enfatizar los fines y a ignorar los medios.

Sin embargo, las ideas concretas de Anaya en temas específicos son a menudo loables. Ha propuesto una serie de temas dirigidos a profesionalizar a la policía y mejorar el prestigio de la carrera policial, pues señala que las falencias de seguridad están relacionadas con la falta de sentido de pertenencia de los agentes. Este tema, considerado vital por muchos expertos en seguridad en México, suele estar ausente de las propuestas políticas.

Anaya también ha prometido endurecer las leyes relacionadas con la financiación de campañas, con el fin de detectar las donaciones de los grupos criminales a las campañas electorales. Su plataforma incluye una propuesta para bloquear las señales de telefonía celular en las cárceles, como parte de un plan general para reducir el control que ejercen los criminales sobre el sistema penitenciario.

Este tipo de ideas específicas se pierden en medio de las abundantes superficialidades, pero, en caso de que resulte victorioso en julio, Anaya las pondría en el centro de su nueva estrategia.

El rezagado: José Antonio Meade

La lista de los principales candidatos se cierra con José Antonio Meade, del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Meade ha propuesto una estrategia de seguridad basada en cinco pilares: reducción del tráfico de armas, mejor capacitación y salarios para la policía, estandarización de los castigos para los crímenes, implementación de políticas preventivas, y la reforma del aparato de inteligencia e información.

Al igual que sus adversarios, Meade ha hecho propuestas lógicas, y también verdaderos sinsentidos. Dado que Estados Unidos no ha hecho ajustes sustanciales a sus laxas leyes sobre armas, intentar reducir el tráfico de armas podría ser un cometido inútil, al menos en el corto plazo. Pero la prevalencia de armas provenientes de Estados Unidos es un factor importante que contribuye a la violencia en México, y tendría sentido intentar reducir la cantidad de armas que circulan en el país.

Así mismo, no está claro de qué manera las diversas formas de emitir sentencias en las diferentes regiones del país tienen un gran impacto en los niveles generales de criminalidad. Estandarizar las penas parece bastante razonable, pero es dudoso que ello contribuiría a reducir las tasas de criminalidad en todo el país, y que por lo tanto amerite su inclusión como parte de los pilares básicos de los planes de Meade. Del mismo modo, las políticas de prevención del crimen y el fortalecimiento de los sistemas de inteligencia son buenas ideas, pero si se carece de detalles y de medidas políticas concretas, son solo objetivos vagos y sin significado práctico.

Independientemente del contenido de sus ideas, los antecedentes de Meade lo desfavorecen en cuanto al tema de seguridad. Meade fue un alto funcionario de las administraciones de Calderón y Peña Nieto, y fue elegido por este último como el candidato de su partido. Su indiscutible asociación con políticas que han fracasado durante años pone en duda su potencial como el autor de un nuevo derrotero.

Finalmente, las virtudes y defectos de las propuestas de Meade son en general hipotéticos, ya que está más de 20 puntos por debajo de López Obrador en la mayoría de las encuestas.

A medida que se acerca el día de las votaciones, parece que López Obrador ocupará el cargo más disputado del país, donde se pondrá a prueba la calidad de sus ideas y su capacidad de gobernanza.

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