¿Es el Cartel de Sinaloa un nuevo actor criminal en Medellín?

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+

Un jefe de la mafia es encontrado en el parqueadero de un exclusivo barrio, desplomado y con cuatro balas en la cabeza. Los sicarios en moto y los ataques con granadas dejan un rastro de muerte en la ciudad. La organización criminal más temible de Colombia pacifica a las pandillas callejeras, mientras el principal cartel de la droga de México inunda la ciudad con dinero y armas.

Después de un año de paz criminal, la violencia está volviendo lentamente a Medellín a medida que el hampa de la ciudad está cada vez más cerca de comenzar un nuevo capítulo.

A comienzos de 2014, Medellín registró su más baja tasa de homicidios desde que 30 años antes, Pablo Escobar hizo de la ciudad la capital internacional del comercio  de cocaína. Pero pocos creen en los funcionarios de la ciudad cuando reclaman el crédito por la caída en la violencia. Esta es una paz criminal, dicen los residentes y los expertos -el resultado de un alto al fuego en la guerra entre la mafia de Medellín, conocida como la Oficina de Envigado, y los invasores narcoparamilitares que son los Urabeños.

A pesar de que el pacto entre las dos partes ha silenciado las armas en las calles de Medellín no tenía como propósito llevar paz a los residentes de la ciudad. En cambio, fue una movida en un juego de ajedrez criminal de alto riesgo, en el que Medellín es el tablero, y las pandillas callejeras de la ciudad, las actividades criminales y las “Oficinas de Cobro” son las piezas. Los concursantes no sólo incluyen a los Urabeños y a la Oficina de Envigado, sino también a lo que es, quizás, el jugador criminal más poderoso de Latinoamérica: El Cartel de Sinaloa de México.

El pacto de Medellín cumplió un año, y hay señales de que podría estar comenzando a fracturarse. Las viejas rivalidades han resurgido en un nuevo conflicto, ha brotado una nueva batalla por el control del centro de la ciudad, y las tensiones están creciendo en algunos lugares estratégicos.

“Este pacto de fusil es sobre todo una transición”, señaló Fernando Quijano, presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (CORPADES), un grupo de monitoreo con sede en Medellín,. “Puede culminar con la jefatura única Urabeña en el control, secundado por la Oficina, pero en este camino pueden ocurrir cualquier cantidad de hechos [para evitarlo], y algunos de ellos ya se han venido presentando”.

Detrás del pacto

El 13 de julio de 2013, comandantes de los Urabeños y de la Oficina de Envigado se reunieron en una casa de lujo en el idílico municipio de San Jerónimo a las afueras de Medellín. Juntos llegaron a un acuerdo para poner fin a la crisis criminal que se había apoderado de Medellín desde 2008, con la extradición del último gran capo de la ciudad, Diego Murillo, alias “Don Berna”, que dejó un vacío de poder que nunca fue llenado.

Las dos partes declararon el fin de las hostilidades y se comprometieron a respetar los límites territoriales de sus rivales y los intereses criminales dentro de la ciudad. Según fuentes tanto oficiales como del hampa, también acordaron cooperar en el tráfico internacional de cocaína, reconfigurando las redes de tráfico regionales para que se adaptaran a las nuevas realidades del panorama criminal colombiano.

Poco después de que el acuerdo entró en vigor, fuentes del hampa dijeron a InSight Crime que éste había sido negociado por poderosos criminales de cuello blanco pertenecientes a la élite de la ciudad, que consideraban que la violencia era perjudicial para sus intereses de negocios, tanto legales como ilegales.

Desde entonces han circulado rumores de que las autoridades de Medellín también estuvieron involucradas en el pacto -una sospecha inevitable en una ciudad con una larga historia de connivencia entre el Estado y el crimen organizado, especialmente cuando el gobierno local está luchando para proteger la nueva imagen internacional de Medellín como una ciudad que ha dejado atrás su pasado violento. Los rumores han incluido revelaciones sobre reuniones entre funcionarios y capos criminales de Medellín, para discutir un acuerdo en el que los jefes de la mafia entregarían una ciudad pacificada a cambio de penas de prisión indulgentes.

Sin embargo, tanto fuentes oficiales como analistas ahora dicen que aunque el pacto pueda haber contado con poderosos patrocinadores locales, también tuvo un patrocinador extranjero todavía más poderoso: el Cartel de Sinaloa.

“Los mexicanos tienen un lugar protagónico en este conflicto, en bajar las cifras [de violencia] y también en trabajar en el estratégico comercio de la ilegalidad; y lo mas grave de todo, han metido muchas armas de alto calibre [a la ciudad]”, señaló una fuente del Ministerio Público (MP) de Colombia, que habló con InSight Crime bajo la condición de anonimato.

La conexión mexicana

Los sinaloenses son antiguos colaboradores de la Oficina de Envigado, y según un reciente comunicado de prensa de El Departamento de Tesoro de Estados Unidos, han “llegado a confiar en los operarios de la Oficina para que les presten apoyo en el tráfico de narcóticos a nivel mundial”.

Sin embargo, en los últimos años, la capacidad de cumplimiento de sus socios se ha visto afectada. La Oficina está tambaleando por la sangrienta guerra interna de sucesión que desató la extradición de Don Berna, y también porque desde finales de 2011 ha estado intentando defenderse de la invasión de los Urabeños.

Estos conflictos han permitido que los Urabeños expriman todos los frentes del negocio del tráfico de cocaína de la Oficina, tomándose muchas de sus rutas de tráfico luego de haberse apropiado de las redes administradas por Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano”, el perdedor de la guerra civil que se desató dentro de la Oficina. También han limitado el acceso que tiene la Oficina a la cocaína, sacando del departamento de Antioquia a los Rastrojos, los proveedores de su rival.

Los Urabeños ahora controlan los puntos de despacho de cocaína en Urabá, en el corazón de la costa Caribe, y han logrado constituir un verdadero monopolio en la producción en Antioquia, controlando los laboratorios de procesamiento y, a través de sus contactos con la guerrilla, el acceso a los cultivos de coca. Lo único que falta para que establezcan un control casi completo sobre el comercio de cocaína en Antioquia es que también consigan el control de un centro logístico –un lugar que pueda servir como centro de lavado de dinero, como fuente de mano de obra armada con experiencia criminal, y que genere enormes ganancias ilegales. Y qué mejor ciudad para hacerlo que Medellín, la capital criminal.

VEA TAMBIÉN: La “victoria” de los Urabeños: La nueva cara del crimen organizado en Colombia

Hasta que comenzó el pacto criminal, la batalla entre las dos partes –en su mayor parte librada por representantes de las pandillas callejeras– llegó a un punto muerto, con la Oficina a la defensiva, pero muy arraigada a nivel local, y con demasiados hombres para poder ser completamente derrotada por los Urabeños. Ambas partes pagaron un alto precio en sangre y dinero, pero según el funcionario del MP, necesitaron del Cartel de Sinaloa para poder salir de este punto muerto.

“La producción de la mercancía que llegaba al norte ha rebajado mucho, por eso los sinaloenses, muy interesados en  incrementar la producción que principalmente llega a Estados Unidos, buscaron iniciar un acuerdo”, señaló.

“Sospechamos que realmente lo que da vida al pacto de fusil es que estos [los sinaloenses] hacen un acuerdo [que consiste] en que los Urabeños les venden al precio de costo la coca de la región, y la Oficina respeta y comparte las rutas”.

Hay pruebas de que los sinaloenses, quienes el funcionario considera que están financiando el pacto, no están conformes con sus contactos de alto nivel en el tráfico, y están buscando ampliar su alcance directamente en algunos de los barrios de la ciudad, en los que están controlados por las pandillas. Dijo que ya se han identificado mexicanos en la ciudad, pasando por los tugurios en vehículos de lujo cargados con armas y dinero en efectivo para distribuir entre las pandillas.

CORPADES también ha seguido la creciente infiltración de los sinaloenses en el mundo criminal de Medellín.

“Tenemos dos casos completamente confirmados de dos bandas donde miembros mexicanos del Sinaloa están ahí metidos”, dijo Quijano.

“Esas bandas hoy son propias de los sinaloenses”, añadió.

Un año de paz criminal

En los días posteriores a la firma del pacto, las pandillas rivales se reunieron en algunos de los barrios más conflictivos de Medellín para jugar partidos de fútbol y para participar en fiestas callejeras, celebrando la nueva paz. En gran medida esa paz se ha mantenido. La tasa de homicidios de la ciudad cayó de 52 por cada 100.000 habitantes en 2012, a 38 en 2013, y luego a 28,5 al inicio de 2014.

Las autoridades de la ciudad aseguran que sus políticas de seguridad fueron las encargadas de generar esta drástica caída en la violencia, señalando que coincidió con la llegada de una ola de refuerzos policiales, con la implementación de nuevas tecnologías -como la mejora de las cámaras de seguridad- y con técnicas innovadoras basadas en el control territorial y en el contacto con la comunidad.

Hasta abril de este año, Aníbal Gaviria, el alcalde de Medellín, se negaba a reconocer la existencia del pacto más que de manera hipotética.

Por su parte, Jorge Mejía, consejero de la Alcaldía para la convivencia, la reconciliación y la vida, aceptó la existencia del pacto y el papel que ha jugado en la reducción de la violencia, pero dijo a InSight Crime que consideraba que fue la presión ejercida por el Estado lo que llevó a que los Urabeños y la Oficina llegaran al acuerdo de poner alto al fuego.

“Creo que el pacto de no agresión tiene que ver con el hecho que estaban recibiendo demasiados golpes por parte de la fuerza publica”, señaló.

Los residentes de los barrios pobres de la ciudad, que son los principales campos de batalla criminales en Medellín, contradicen la narrativa de una historia de seguridad exitosa. Dicen que la vida puede parecer normal y tranquila, pero el control que ejercen las pandillas sobre sus barrios ha aumentado con el pacto. La extorsión ha incrementado, el reclutamiento de niños y el abuso sexual siguen siendo la norma, y las desapariciones han incrementado dramáticamente.

VEA TAMBIÉN: Perfil de la Oficina de Envigado

A pesar de las nuevas políticas policiales basadas en la comunidad hay poca confianza en la policía, institución a la cual Quijano acusa de sólo actuar contra las bandas que rompen el alto al fuego, dejando un espacio para que los grupos pacíficos puedan maniobrar.

“Hay bandas que se han rebelado [al pacto] y todo el poder de la fuerza publica cae en contra de ellas”, dijo. “La pregunta es por qué no caen en contra de los que están en el pacto”.

La corrupción policial en Medellín está profundamente arraigada, e incluso Mejía admite que existe el riesgo de que los policías corruptos sean quienes regulan el pacto en nombre de pagadores criminales.

“Es posible, no se puede descartar”, dijo. “Aquí uno de los problemas que hemos tenido, no sólo en Medellín, sino en todo el país, es la corrupción al interior del Estado y en la fuerza pública”.

La policía no respondió a las solicitudes de una entrevista.

Las calles de la ciudad siguen siendo tranquilas, pero al tiempo, la pequeña élite de narcotraficantes en la cúspide de la jerarquía criminal de Medellín se ha beneficiando de la otra parte del pacto entre los Urabeños y la Oficina, el tráfico internacional de cocaína.

“Los verdaderos jefes de la oficina, donde está la plana mayor que poco se mezcla en estas guerras barriales, en estas guerras de la ciudad, los que hacen el gran negocio, ya habían negociado con los Urabeños, y están ganando fuertes recursos”, dijo Quijano.

Puntos de quiebre

El pacto criminal de Medellín cumplió su primer aniversario a principios de este mes, pero la paz que ha traído consigo se ve cada vez más frágil. Han comenzando a aparecer grietas en varios lugares estratégicos (vea mapa abajo), cada uno con una dinámica criminal distinta que pone de relieve los puntos débiles del acuerdo.

Comunas MedellinEsp

En los dos distritos del norte, Castilla y Aranjuez, se ha presentado una ola de tiroteos y asesinatos, y el pacto no ha logrado contener las rivalidades entre los grupos criminales locales. Pero esto tiene poco que ver con las relaciones entre la Oficina y los Urabeños, según el funcionario del MP.

“Son conflictos localizados sobre rentas localizadas y odios históricos, pero no sobre la salida grande de cocaína”, dijo.

Según fuentes de CORPADES, la jerarquía de los Urabeños incluso intervino para obligar a las pandillas a llegar a una nueva tregua en Aranjuez.

Sin embargo, en el centro de Medellín, los Urabeños han sido incapaces de resistirse a intervenir en un conflicto local, según una reciente investigación de CORPADES.

En las últimas semanas, una reciente oleada de golpes de las pandillas y de ataques con granadas anunciaron el inicio de un nuevo conflicto entre grupos rivales de Convivir -bandas que actúan como supervisores criminales en el centro de la ciudad.

La batalla es por el control de las ganancias multimillonarias que generan las diferentes actividades criminales, como la venta de drogas, la extorsión y el comercio sexual. Pero CORPADES cree que esta batalla se está convirtiendo en una guerra de poderes, con los Urabeños tentados a apoyar a uno de los lados del conflicto, luego de que se les presentara la oportunidad de acceder a lo que hasta ahora había sido un bastión de la Oficina virtualmente impenetrable.

“La Oficina y los Urabeños están aplicando el modelo de la Guerra Fría”, dijo Quijano. “Estamos en una tregua, por lo que no tocamos a los líderes, pero si financiamos a los grupos de abajo para que se expandan, y el negocio continúa propagándose”.

Las tensiones también están escalando en las alejadas colinas del oeste, en uno de los límites exteriores de la ciudad. La violencia en La Loma, ubicada en un estratégico cuello de botella, clave para el tráfico de drogas y de armas, a menudo representa una señal de advertencia temprana de que en Medellín lo peor está por venir, y el sector está, una vez más, alcanzando un nuevo punto de quiebre.

La Loma es una de las pocas zonas que se interpone entre los Urabeños y un control total sobre el movimiento en el oeste de la ciudad, y los informes provenientes de la zona indican que los Urabeños no van a seguir permitiendo que el pacto les impida alcanzar el control de la zona.

La Loma todavía no ha explotado en violencia, pero varios residentes contactados por InSight Crime dijeron que la situación era tan tensa que no la iban a discutir, ni siquiera de manera anónima, porque temían ser desplazados -algo que ha sucedido a varias familias recientemente.

¿Jaque mate?

Dure o no el pacto, su impacto sin duda lo hará. Ha ayudado a que el Cartel de Sinaloa gane influencia en la ciudad, y ha beneficiado a una serie de actores, tanto legales como ilegales en el conflicto de Medellín. También ha dejado a un claro ganador.

“Gana la policía del Valle de Aburrá en el sentido de que la supuesta reducción parece que sigue la estrategia de ellos; gana el Alcalde al decir que estamos en paz; pero los reales ganadores de la supuesta pacificación de Medellín son los Urabeños”, afirmó Quijano.

Los Urabeños han codiciado el control de Medellín desde 2007, y gracias al pacto, ahora está a su alcance. La tregua les ha dado la oportunidad de comunicarse directamente con las facciones a menudo divididas de la Oficina, persuadiéndolas con una muestra de lo que tienen para ofrecer. También los ha ayudado a forjar lazos con el principal comprador de cocaína, el Cartel de Sinaloa.

 “Los Urabeños se van a quedar con todo, con la producción y las rutas, ¿y qué va a quedar para la Oficina?” anotó el funcionario del MP. “Esto es lo que los Urabeños quieren, controlar a la Oficina, absolutamente toda, ¿y cómo lo hacen? Desgranándola”.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+

1 Comentario

Comments are closed.