Estados Unidos acusa a guerrilleros de Sendero Luminoso

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La acusación de Estados Unidos contra los comandantes del grupo guerrillero Sendero Luminoso de Perú, es un estímulo para la campaña de las fuerzas de seguridad peruanas de aumentar el apoyo de Estados Unidos contra la insurgencia. Sin embargo, es poco probable que los cargos resulten en el procesamiento de los líderes guerrilleros en Estados Unidos, e incluso podría resultar contraproducente para los esfuerzos que buscan arrancar de raíz tanto a los guerrilleros como el tráfico de drogas en Perú.

El 2 de julio, el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York publicó una acusación (pdf) en contra de los líderes guerrilleros que dirigieron dos grupos enemigos, disidentes de la organización guerrillera izquierdista Sendero Luminoso.

Víctor Quispe Palomino, alias “Camarada José”, dirige la última facción sobreviviente del grupo, con sede en el Valle de los Ríos Apurimac, Ene y Mantaro (VRAEM), junto con su hermano Jorge, alias “Camarada Raúl”. El tercer acusado, Florindo Eleuterio Flores Hala, alias “Camarada Artemio”, fue capturado en febrero de 2012, dejando a su facción, con base más al norte en el valle del Huallaga, prácticamente destruida.

La acusación culpa a los hombres de financiar las actividades “narcoterroristas” de Sendero Luminoso a través del tráfico de cocaína, y de lanzar ataques mortales contra las fuerzas de seguridad peruanas, con el fin de proteger este negocio de la droga. Ésta afirma que el grupo busca controlar todos los aspectos del negocio de la cocaína en su territorio, y que algunas de las drogas que produjeron fueron vendidas en Estados Unidos.

“Ese camino es todo menos brillante”, afirma el comunicado de prensa adjunto, “es el camino a la cárcel”.

Análisis de InSight Crime

Cooperación antinarcóticos

La acusación formal de líderes de Sendero Luminoso marca la profunda cooperación antinarcóticos de Estados Unidos con Perú, que ha aumentado a medida que Perú se ha convertido en el principal productor de coca y cocaína del mundo. En 2013, la asistencia antinarcóticos estadounidense y para el desarrollo alternativo en Perú casi se duplicó a US$100 millones, frente a los US$55 millones del año anterior, informó el Global Post.

La relación ha sido una prioridad para el gobierno de Ollanta Humala, quien asumió el cargo en julio de 2011. En sus primeros meses en el poder, Humala abandonó su promesa de campaña para evitar la erradicación forzada de coca, y en su lugar, aumentó la erradicación a niveles récord, en lo que fue interpretado por muchos como un intento de aplacar a Estados Unidos. Sin embargo, el presidente lanzó otro cambio brusco de política el mes pasado, cuando despidió a la zar antidrogas Carmen Masías, cercana a Washington, y aplazó un plan de erradicación forzada de coca financiado por Estados Unidos para la región del VRAEM, en medio de preocupaciones de que esto podría llevar a los cocaleros locales a apoyar a los guerrilleros.

VEA TAMBIÉN: Perfil de Sendero Luminoso

Una faceta de los intentos peruanos por asegurar aún más la asistencia en seguridad de Estados Unidos, ha sido sus esfuerzos por vincular a Sendero Luminoso con el narcotráfico, con el fin de garantizar la financiación antinarcóticos para las operaciones de contrainsurgencia. Sendero Luminoso ha sido designado como una organización terrorista extranjera por el Departamento de Estado desde 1997, pero fue sólo en 2010 cuando dos de sus líderes -José y Artemio- fueron agregados al Programa de Recompensas Antinarcóticos, con una recompensa de US$5 millones por información que condujera a su arresto.

“La DEA durante los años noventa tenía muchas restricciones, ella podía apoyar al gobierno y a la policía contra el narcotráfico, pero no contra el terrorismo. Cuando pedimos apoyo [contra Sendero Luminoso] en esos años, decían que las actividades terroristas eran diferentes”, dijo a InSight Crime el policía retirado, el general Carlos Morán, ex jefe de la agencia de la policía antidrogas Dirandro y miembro del equipo que capturó al fundador de Sendero Luminoso Abimael Guzmán en 1992.

En la primera década del siglo XXI, la DEA siguió considerando a Sendero Luminoso principalmente como un grupo insurgente en lugar de una organización de tráfico de drogas. El testimonio de 2003 de la DEA en el Congreso afirma que “no hay inteligencia de la DEA que indique que elementos de SL [Sendero Luminoso] están involucrados en el cultivo, elaboración o venta de drogas”.

Sin embargo, a partir de 2007 la policía peruana construyó casos que vinculaban a facciones de Sendero Luminoso con narcotraficantes, explicó el general (r) Morán, primero en el Huallaga y luego en el VRAEM. “Cuando se encontró una conexión con el narcotráfico, Estados Unidos decidió apoyarnos con mayor fuerza -apoyo financiero, apoyo logístico. Eso fue fundamental para las autoridades peruanas, y sigue siendo un apoyo muy importante hoy en día”.

Para el general (r) Morán, el apoyo de Estados Unidos ha sido “decisivo” en la lucha contra Sendero Luminoso, “pero ha sido por iniciativa de las autoridades peruanas que convencieron, se puede decir, al gobierno americano de que era un asunto de narcoterrorismo.

Los actuales esfuerzos de Estados Unidos para presentar cargos contra líderes de Sendero Luminoso, es un importante reconocimiento simbólico de los esfuerzos de las fuerzas de seguridad de Perú, según Morán.

“Para nosotros significa que es una validación internacional de los esfuerzos que hizo la policía peruana hace un tiempo atrás”, dijo. “Al iniciar procesos judiciales en contra de estos criminales, Estados Unidos nos está dando la razón, y eso es importante para nosotros”.

“Narcoterrorismo”

Sin embargo, el grado de participación de Sendero Luminoso en el tráfico de drogas es casi ciertamente más limitado de lo que sugiere la acusación de Estados Unidos. El documento retrata a Sendero Luminoso como una organización hecha y derecha de tráfico de drogas, afirmando que, en la última década, el grupo ha “tratado de controlar todos los aspectos del negocio de la cocaína” en el Valle del Alto Huallaga y el VRAEM, incluso el “cultivo y procesamiento de su propia cocaína para la venta”.

Es más exacto pensar en Sendero Luminoso como un eslabón en la cadena que conforma el comercio de cocaína de Perú. Artemio, antes y después de su detención, ha afirmado en repetidas ocasiones que la participación de su facción en el narcotráfico se limitaba a cobrar impuestos a los cultivadores de coca. Si bien esto es un eufemismo, no hay ninguna evidencia de que alguna de las facciones haya asumido un papel sistemático más allá de gravar a los cocaleros y proteger los cargamentos de droga.

Ricardo Soberón, quien se desempeñó como primer zar antidrogas del presidente Humala, y en la actualidad dirige el grupo de reforma de drogas del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, dijo a InSight Crime que él no estaba de acuerdo con la acusación de Estados Unidos de que los guerrilleros hayan tratado de controlar todos los aspectos del comercio. Los remanentes de Sendero Luminoso, tanto bajo Artemio y en el VRAEM, simplemente no han tenido la “capacidad logística, política ni militar para adueñarse de todas las etapas del procesamiento de drogas”, según Soberón. Ellos han controlado el paso de cargamentos de drogas a través de su territorio, pero, cuando se trata de “los ciclos relacionados al transporte, almacenamiento y embarque, allí Sendero Luminoso no ha tenido control ni mando”.

La facción del Huallaga está ahora prácticamente destruida, y ya no juega ningún papel sustancial en el tráfico de drogas. La facción de los Quispe Palomino sigue atrayendo ingresos provenientes del tráfico de drogas, pero su papel se limita principalmente a cobrar impuestos a los traficantes que mueven los envíos a través de su territorio. Gustavo Gorriti, director del medio de comunicación de investigación IDL-Reporteros, dijo a InSight Crime que no había pruebas contundentes de que el grupo procesara hojas de coca en cocaína u organizara laboratorios en algo más que casos aislados. Según Gorriti, los clanes locales de narcotraficantes, en su lugar, evitarían el pago de impuestos a Sendero Luminoso cuando fuera posible, y un reciente aumento en el uso de avionetas para mover la cocaína fuera de Perú ha permitido a muchos traficantes evitar por completo las zonas controladas por la guerrilla.

Es un tema de debate hasta qué punto Sendero Luminoso sigue comprometido con derrocar el Estado peruano, y qué tan lejos éste ha abandonado la lucha y se ha convertido en un grupo criminal que trabaja dentro del sistema existente para obtener un beneficio. El general (r) Morán sostiene que Sendero Luminoso comenzó a convertirse en traficante de drogas después de la captura del comandante Oscar Ramírez Durand, alias “Feliciano”, en 1999 y que la facción del VRAEM no era más que hombres de negocios con una “fachada de comunistas”.

“Sus cabecillas fueron capturados, perdieron la ideología de combate, y se convirtieron en bandas de delincuencia común prácticamente”, dijo.

Sin embargo, el grupo nunca ha dejado su propaganda y trabajo político en la región del VRAEM, poniendo grafitis y adoctrinando a los residentes sobre sus ideales. En declaraciones a los periodistas peruanos en 2012, un tercer hermano de Quispe Palomino, alias “Gabriel”, criticó el trato de las autoridades con Estados Unidos, diciendo: “Nos llaman terroristas, narcoterroristas, para confundir a la gente. [Estas son] mentiras…Usted está tratando con un hombre del pueblo. Nosotros no estamos manipulados por la CIA o el Pentágono”.

Para Gorriti, la descripción de Estados Unidos de Sendero Luminoso como “narcoterroristas” está lejos de la realidad. “No está cerca de ser una descripción adecuada de lo que es esta organización, que tiene un aspecto político, un fuerte aspecto ideológico, donde el negocio del narcotráfico es un negocio secundario, y no es su razón de ser.

De hecho, el ex zar antidrogas Ricardo Soberón advierte que la acusación de Estados Unidos podría ser utilizada como propaganda para Sendero Luminoso en las regiones de cultivo de coca. “No solo no es útil, sino puede ser más peligroso y contraproducente en los valles cocaleros”, dijo a InSight Crime, argumentando que la acusación podría ser utilizada por los senderistas para generar simpatía, al vincular el papel de Estados Unidos con la erradicación forzada de coca.

Extradición

A pesar del éxito que han tenido las autoridades peruanas en hacer que Estados Unidos considere a Sendero Luminoso como una organización de tráfico de drogas, es poco probable que cualquiera de los tres comandantes acusados vayan a ser procesados en Estados Unidos.

El gobierno de Estados Unidos no ha hecho ninguna solicitud pública de extradición para Artemio, y ha señalado que no está dentro de sus planes hacerlo. En junio de 2013, un tribunal peruano condenó a Artemio a cadena perpetua bajo cargos de terrorismo, tráfico de drogas y lavado de dinero. Actualmente está cumpliendo su condena en la Base Naval del Callao en las afueras de Lima, donde Abimael Guzmán, el fundador del Sendero Luminoso también está pagando una sentencia de cadena perpetua. De ser capturados con vida, los hermanos Quispe Palomino probablemente enfrenten un destino similar -juicio y reclusión de por vida en Perú.

Muchos en Perú preferirían ver a Sendero Luminoso responder por sus crímenes en su propio país, y el ministro de Relaciones Exteriores declaró en el momento de la captura de Artemio que el líder guerrillero debería saldar sus cuentas con la justicia peruana.

A diferencia del vecino país de Colombia, Perú no tiene un historial de enviar a sus narcotraficantes a juicio en Estados Unidos. Los traficantes peruanos no tienen el mismo poder ni la habilidad para escapar de las instalaciones del gobierno, y para las autoridades estadounidenses ellos son una prioridad menor que sus contrapartes colombianas.

“El interés geopolítico de Estados Unidos, de mezclar el narcotráfico con la subversión, ha sido mucho más sencillo en el caso de Colombia que en el de Perú”, señaló Soberón.

Mientras que los traficantes colombianos en los años noventa temían ser extraditados a Estados Unidos, esto no tendría el mismo efecto sobre los líderes de Sendero Luminoso. Gustavo Gorriti de IDL-Reporteros señaló que mientras los traficantes colombianos son fundamentalmente hombres de negocios, que pueden ser convencidos de negociar bajo la amenaza de extradición, los líderes de Sendero Luminoso tienen motivaciones diferentes. “Su objetivo fundamental es el de una insurrección a través de una insurgencia armada prolongada. Ellos saben en lo que se han metido, que han tomado un camino de vida o muerte, y este tipo de amenazas vale muy poco”.

Puede que a los Quispe Palomino no les quede mucho tiempo. Las fuerzas de seguridad abatieron a dos de sus mejores operarios en agosto de 2013 -al jefe militar Orlando Borda Casafranca, alias “Alipio”, y al tercero de los hermanos Quispe Palomino, alias “Gabriel”. Para el general (r) Morán, el grupo del VRAEM se enfrenta a una situación similar a la que se ha enfrentado el grupo del Huallaga desde 2010, cuando la pérdida constante de lugartenientes dejó a Artemio en una posición cada vez más vulnerable.

“Están aislados, han perdido capacidad operativa”, dijo. “En poco de tiempo van a estar muertos o arrestados, ese es el destino para ellos”.

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