EE. UU. es centro del comercio de grandes felinos

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La miniserie documental Rey Tigre (Tiger King) de Netflix fija nuestra atención en las excentricidades de Exotic Joe, pero una mirada más atenta puede descubrir pistas sobre por qué el tráfico de vida silvestre ha proliferado en Estados Unidos.

El documental, que ha estado entre los programas más vistos de Netflix en Estados Unidos durante semanas, muestra varios zoológicos no acreditados, conocidos como “zoológicos de carretera”, cuyos dueños no son precisamente modelos de la conservación animal. Un zoológico en Miami pertenece a un convicto narcotraficante cubano-estadounidense, Mario Tabraue, quien cree haber sido la inspiración del personaje de “Scarface”, Tony Montana, y apareció en otro documental sobre el tráfico de animales en 1994.

Otro de los protagonistas, Bhagavan “Doc” Antle, cuenta con empleados a quienes les paga mal y a los que utiliza para que le ayuden a acrecentar su harén personal, según dice el documental. Y otro más, Jeff Lowe, es un incorregible fiestero que, según el documental, fue interrogado por la policía por golpear a su esposa y se jacta de usar cachorros de tigres para seducir mujeres que lo acompañen en sus fiestas en habitaciones de hoteles en Las Vegas.

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El documental, no obstante, se centra en Joseph Maldonado-Passage, alias Joe Exotic, un rubio que se ha casado tres veces y siempre anda armado. Al igual que muchos coleccionistas de animales, Maldonado-Passage comenzó por su afición por los tigres (el último episodio del documental incluye algunas escenas de sus inicios, en los que tiene una apariencia más simpática).

Pero el dinero, los celos profesionales y las drogas —o una mezcla de estas tres cosas— fueron gradualmente desviándolo: Maldonado-Passage comenzó a reproducir felinos a gran escala y a cobrar altas sumas de dinero a los turistas para permitirles caminar cerca de los adorables tigres.

El problema, por supuesto, es que los cachorros crecen. A las ocho semanas de vida, los jóvenes tigres pueden herir de gravedad a una persona. Y, como nacen en cautiverio, no pueden sobrevivir en su hábitat natural, por lo que permanecen cautivos y son vendidos —principalmente en el mercado negro, por Internet, a coleccionistas y zoológicos no acreditados— o asesinados por sus dueños.

El problema es enorme. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre estima que hay 3.900 tigres libres en todo el mundo, y unos 5.000 en cautiverio en Estados Unidos, de los cuales solo el seis por ciento están en zoológicos reconocidos y otras instalaciones acreditadas.

¿Por qué este negocio es tan grande en Estados Unidos? Básicamente, por lo mismo por lo que el tráfico de vida silvestre es tan lucrativo en muchas partes del mundo.

1. Leyes anticuadas o ausencia total de regulaciones

Los diferentes estados de la Unión Americana suelen regular la propiedad y el mantenimiento de estos animales, pero hay enormes vacíos legales. Por ejemplo, la posesión de animales como los tigres está prohibida en 36 estados, pero en muchos otros todavía se puede obtener un permiso del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (United States Department of Agriculture, USDA). Diez estados no prohíben la posesión de los animales, pero sí requieren un permiso del USDA. Cuatro estados no tienen ningún tipo de legislación. Uno de esos estados es Oklahoma, donde Maldonado-Passage tenía su zoológico de carretera.

Joe Exotic no necesariamente se aprovechó de los vacíos legales. De hecho, las tácticas de tráfico que se muestran en Rey Tigre se asemejan mucho al tráfico de vida silvestre que hemos investigado en el resto del continente: la utilización de una fachada legal para comerciar los animales.

En la acusación federal contra Maldonado-Passage, los fiscales señalaron que trató de ocultar sus actividades falsificando documentos de transferencia e inspección, y afirmando que los animales “estaban siendo donados al destinatario o transportados únicamente para su exhibición, cuando realmente él sabía que, de hecho, los animales estaban siendo negociados en el comercio interestatal”.

“Llevé dos cachorros a California”, dice Marsha David, exempleada del zoológico de Maldonado-Passage, en el episodio seis, en el que describe cómo ayudó a transportar y vender animales. “Hubo una transacción de US$5.000 en Branson, Missouri”.

El testimonio es acompañado de las impresionantes imágenes de empleados del zoológico que intentan subir tigres a las jaulas en medio de la noche, mientras el mismo Maldonado-Passage camina alrededor con una jeringa en la mano que luego inyecta a un tigre sometido que es conducido al remolque de un carro.

“Tienen seis minutos”, dice, refiriéndose al tiempo del que se dispone antes de que el tigre despierte.

La Ley de Seguridad Pública de los Grandes Felinos, un proyecto de ley pendiente en el congreso estadounidense desde 2012, permitiría abordar algunos de estos problemas, lo que incluye temas sobre la propiedad y venta de los tigres. Pero el problema rebasa la ley. El Fondo Internacional para el Bienestar Animal (International Fund for Animal Welfare, IFAW) espera que la aprobación, en 2019, de proyectos de ley similares sobre los recursos naturales permita que la Ley de Seguridad Pública de Grandes Felinos pueda pasar a votación dentro de poco.

2. Pocos agentes de la ley

Se supone que animales como los tigres están protegidos por la legislación nacional, como la Ley de Especies Amenazadas (Endangered Species Act, ESA) y la Ley Lacey. Aprobada en 1973, la ESA prohíbe que las personas “tomen” las especies incluidas en una lista creada y mantenida por la Secretaría del Interior y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre. La Ley Lacey establece que es ilegal presentar registros falsos de cualquier animal vendido a través del comercio interestatal o en el extranjero.

Ambas leyes requieren de agentes que las hagan cumplir, pero estos prácticamente no existen en Estados Unidos. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre cuenta solamente con 250 agentes, según el sitio web de la entidad (cuya última actualización se hizo hace seis años y medio). Ello contrasta con la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (Bureau of Alcohol, Tobacco and Firearms, ATF), que por mucho tiempo ha sido considerada la cenicienta de las fuerzas federales del orden, pero cuenta con 2.630 agentes.

Maldonado-Passage fue finalmente condenado por violar tanto la ESA como la Ley Lacey. Pero su caso se hizo visible entre los demás debido a una conspiración de asesinato por contrato, por la que también fue condenado. De hecho, quizá la parte más interesante del documental es el escandaloso complot para matar a su eterno rival, Carole Baskin, quien tiene un refugio de animales en Florida —Joe Exotic también ejecutó al menos a cinco tigres.

3. Falta de educación sobre el tráfico y abuso de los animales

Como en casi todo el continente americano, el turismo promueve el tráfico de animales. En el documental se citan las palabras de Doc Antle, quien dice que cobra hasta US$600 por permitirle a una sola persona acariciar un cachorro de tigre. Los conservacionistas argumentan que dicha práctica es crueldad contra los animales. Joe Exotic, y todos los demás que tienen zoológicos de carretera, sostienen que es una forma de vida.

Por el momento, parece que no están equivocados. Maldonado-Passage, por ejemplo, se postuló para la gobernación de Oklahoma en 2018. Quedó de tercero, lo que demuestra que su ideología cuasi-libertaria —que puede resumirse así, en sus propias palabras: “esta es mi forma de vivir, y nadie me va a contradecir”— permanece bien viva en Estados Unidos.

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