Evaluando el legado de los Zetas en México

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Aunque todavía están entre los grupos criminales más notorios de México, durante los últimos años, los Zetas han perdido líderes, territorio y fuerza organizativa a un rápido ritmo. ¿Qué significa su declive para México?.

Los Zetas fueron la cara de la violencia de México durante gran parte de la administración del expresidente Felipe Calderón. Con sus antecedentes militares y su absorción de gran parte de la red del Cartel del Golfo, fundada por Osiel Cárdenas, los Zetas originales representaban un paradigma más violento que pretendía desplazar a los hombres de negocios de la vieja escuela. Ayudaron a evitar que el Cartel de Sinaloa se apoderara de prácticamente toda la frontera norte, y esencialmente se apoderaron de Monterrey y consiguieron rutas de tráfico lejos de su base. Tanto en su agresiva expansión, como en el uso de la brutalidad como primera opción, en lugar de como último recurso, los Zetas han servido como iconos de la violencia mexicana.

Extrañamente para un grupo mexicano, muchos de los actos de derramamiento de sangre más notorios de los Zetas estuvieron dirigidos a la población civil: el grupo fue el culpable del peor ataque contra civiles en la historia reciente del país, al prender en llamas al Casino Royale, donde murieron más de 50 civiles en 2012. Los Zetas estuvieron detrás de los ataques con granadas en Morelia durante la celebración del Día de la Independencia de 2008, que acabó con la vida de ocho espectadores y que dejó a más de 100 heridos. Los Zetas también fueron los responsables de los cientos de centroamericanos enterrados en fosas clandestinas en Tamaulipas en 2011. En uno de los episodios más brutales de la historia reciente, los aspirantes a inmigrantes fueron secuestrados, en masa, de autobuses, y según los informes, fueron utilizados para servir como sicarios e interpretes en las batallas al estilo gladiador que los Zetas llevaban a cabo para su disfrute personal.

Pero durante los últimos años, la marea ha cambiado en contra del grupo. Los Zetas fueron designados la mayor prioridad del gobierno federal en 2011. En los años que siguieron a esta designación, muchos de los principales líderes del grupo han sido abatidos. Heriberto Lazcano fue asesinado en 2012, y Miguel Ángel Treviño fue detenido el año siguiente. También han caído con regularidad comandantes de segundo nivel, menos conocidos, pero igualmente vitales, incluyendo a varios fundadores: Raúl Lucio Hernández Lechuga fue capturado en diciembre de 2011, Jesús Enrique Rejón Aguilar fue detenido en julio de 2011, y Galindo Medallo Cruz fue dado de baja en mayo de 2014.

VEA TAMBIÉN: Perfil de los Zetas

Los Zetas también han perdido territorio. Informes del último año han indicado que se han retirado de La Laguna, una metrópolis estratégica transzonal de Coahuila y Durango compuesta por las ciudades de Gómez Palacio, Torreón y Lerdo; y que ya no son el grupo dominante en Guatemala. A pesar de que la cobertura territorial no es esencial para el mantenimiento de los beneficios de un grupo, o para que planteen una amenaza a la seguridad pública, los Zetas se hicieron un nombre por ser agresivamente expansionistas, y siempre han dependido en gran medida de su territorio para asegurar sus ingresos.

Durante los últimos años, los Zetas han sufrido una caída dramática en su coherencia organizacional, previa a la más reciente focalización en sus principales líderes. De hecho, como InSight Crime señaló en 2011, algunos de los más acontecimientos recientes más notorios a los que los Zetas han sido vinculados, no fueron producto del modelo generalmente agresivo del grupo, y en realidad iban en contra de los intereses de la cúpula. Incidentes como haber prendido en fuego al Casino Royale y la masacre de San Fernando, fueron el resultado de una falta de estructura y autoridad en la parte superior de la organización.

En resumen, aunque la banda sigue siendo capaz de generar caos en muchas partes de México, ya no es la fuerza temible que fue en los años anteriores.

Análisis de InSight Crime

El legado de los Zetas es amplio, así como lo son las consecuencias que dejan su descenso. Su impacto sobre la violencia ha sido desigual, aunque positivo en gran medida. Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Coahuila y San Luis Potosí -cinco de los estados donde los Zetas se habían forjado sus feudos- presenciaron todos una disminución significativa en la violencia entre 2012 y 2013. En conjunto, el número de homicidios intencionales contabilizados en estos estados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) se redujeron en alrededor de un tercio durante el período.

Si bien la violencia ha repuntado ligeramente en Tamaulipas este año, en gran parte gracias a la lucha de los Zetas con otro grupo en declive, sus antiguos aliados del Cartel del Golfo, la tendencia se ha mantenido en 2014. Hasta abril, los otros cuatro estados estaban en camino a una caída anual mayor.

Sin embargo, el descenso de los Zetas, y la mejora relacionada con la tasa de homicidios, todavía no se ha traducido en una mejora de la percepción pública de violencia. Como indica la primera Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) emitida durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, los mexicanos tienen una percepción cada vez peor de la seguridad pública.

Suceda o no que el menor protagonismo de los Zetas, finalmente, se traduzca en un público más relajado es, en gran medida, una cuestión de si las ganancias de 2013 y 2014 podrán ser consolidadas. El gobierno de Peña Nieto parece estar prestando mucha atención a los potenciales deslices. Por ejemplo, en medio de los recientes aumentos de violencia en Tamaulipas, el gobierno respondió rápidamente con un plan de intervención federal.

Pero la transición de la hegemonía de los Zetas a la dinámica que la sustituya está lejos de completarse. Los Zetas todavía podrían recuperarse, o una serie de grupos más pequeños, que incluye a vástagos de los Zetas propensos a luchas internas, podrían surgir sin que ninguno de ellos logre dominar. Esta situación probablemente erosionará las ganancias logradas durante los últimos años.

En este punto, el legado de los Zetas puede ser parcialmente definido por lo que no hicieron. A pesar de todas las lamentaciones sobre la militarización de la violencia del narcotráfico mexicano y el inicio de una nueva era de sofisticación de los grupos criminales, los Zetas, en última instancia, resultaron no ser tan diferentes de sus predecesores.

El grado de formación de alto nivel recibido por sus miembros iniciales fue muy exagerado, y las generaciones más jóvenes de los Zetas no tuvieron, en gran parte, formación militar alguna. Las tácticas avanzadas y los equipos fisicos que prometió, por ejemplo, la periódica eclosión de camiones blindados, no se tradujo en una era de guerra de alta tecnología. En última instancia, el facilitador más importante del crimen organizado mexicano -funcionarios comprados o intimidados para que cooperen con las bandas criminales- sigue siendo igual a como lo era hace una generación.

Y los Zetas no fueron los que inventaron las tácticas espantosas. De hecho, uno de los puntos de inflexión de los últimos años fue por parte de La Familia, cuando lanzaron las cabezas de varios de sus enemigos en una pista de baile en Michoacán en 2006. Y como lo ha demostrado ampliamente, por ejemplo, el secuestro, tortura y asesinato del agente de la la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) Enrique Camarena, los grupos criminales mexicanos han venido realizando fuertes provocaciones y cometiendo atrocidades indecibles durante años.

Pero los Zetas si tuvieron un impacto más amplio en otros ámbitos. Más que cualquier otro grupo, los Zetas son un emblema de la diversificación de las fuentes de ingresos de los grupos criminales. Los Zetas perciben ingresos no sólo de tráfico de drogas, sino también del robo de petróleo y de otros recursos naturales, la extorsión, el secuestro, el robo de automóviles, y muchas otras actividades que tradicionalmente no han sido asociadas con el crimen organizado. Pero otros grupos los han emulado, y la barrera entre las actividades del crimen organizado y los delitos menores han desaparecido en gran medida. Esto, en gran parte, se debe a los Zetas.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre el hurto de petróleo

Tales tácticas atacan a civiles por su naturaleza, lo que ayuda a explicar por qué los Zetas recibieron tanta atención, incluso mientras otros grupos, como el Cartel de Sinaloa, eran más ricos e igualmente expansionistas. El grado en que los mexicanos se sienten hoy vulnerables es pues, atribuible a los Zetas, más que a cualquiera de sus rivales.

Y aquí su impacto negativo podría ser más duradero. A pesar de que las tasas de homicidios disminuyen en todo el país, y que ciudades como Juárez recuperan cierta apariencia de normalidad, el secuestro y la extorsión se mantienen en aumento. Esto hace que una mejora duradera de la seguridad pública sea mucho más difícil de lograr de lo que podría ser de otro modo.

El cambio hacia extraer los beneficios económicos de la población civil representa la apertura de la caja de Pandora. No está claro cuándo y si se podrá cerrar. Aunque el declive de los Zetas continúa a buen ritmo, ese desafortunado legado perdurará por muchos años venideros.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

1 Comentario

Comments are closed.