Los éxitos en materia de seguridad no suman en la popularidad del presidente de México

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El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha hecho de pasar la página de violencia de la administración anterior, uno de sus objetivos principales. Pero la caída en su índice de aprobación plantea interrogantes sobre si esta estrategia está funcionando.

A pesar de una serie de éxitos políticos y de seguridad, Peña Nieto no ha logrado consolidarse como un líder popular. Por el contrario, según la firma encuestadora Consulta Mitofsky, la proporción de mexicanos que expresa desaprobación del gobierno de Peña Nieto ha ido aumentado cada trimestre desde que comenzó en diciembre de 2012. En la encuesta más reciente -después de cumplir cinco trimestres en el cargo- por primera vez, fueron más las personas desaprobaron a Peña Nieto (50,8 por ciento) que las que lo aprobaron (47,6 por ciento- vea el gráfico de Mitofsky).

EPNrating2Estos resultados son mucho peores que los resultados de cualquiera de los dos predecesores inmediatos de Peña Nieto, durante el mismo periodo correspondiente a su presidencia. Aunque Vicente Fox obtuvo un índice de aprobación todavía más bajo que el de Peña Nieto después de su quinto trimestre, esta fue la única vez en su presidencia que sus números cayeron por debajo del 50 por ciento -según Mitofsky- y para sus primeros cuatro trimestres, su índice de aprobación fue significativamente mayor. La calificación de Felipe Calderón fue inferior a 60 por ciento sólo dos veces durante el período correspondiente (vea el gráfico de Mitofsky).

EPNrating1La última cifra representa un aumento de aproximadamente 15 puntos en la desaprobación de Peña Nieto desde que Mitofsky mostró una calificación favorable, 20 por ciento más alta que la cifra desfavorable en diciembre de 2012. La falta de popularidad del actual presidente plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de su política de seguridad.

Análisis de InSight Crime

Esta disminución constante ha coincidido con una serie de triunfos en materia de seguridad, con las capturas de varios capos. La más notable fue la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán el 22 de febrero. Las fuerzas de Peña Nieto también arrestaron al jefe de los Zetas, Miguel Ángel Treviño, alias “Z40”, en julio de 2013. Con menos fanfarria, las autoridades mexicanas arrestaron al líder de la Organización Beltrán Leyva (OBL) Arnoldo Villa Sánchez y al jefe del Cartel del Golfo, Mario Ramírez Treviño, alias “X20”.

El impacto que tuvo el arresto del Chapo Guzmán, el pez más grande capturado en las últimas décadas, todavía no se ha manifestado, pues  el sondeo de Mitofsky mencionado arriba fue llevado a cabo antes de su captura. Sin embargo, las encuestas de la firma llevadas a cabo la semana después de que infantes de marina mexicanos atraparon a Guzmán en Mazatlán, observaron sólo un aumento de tres puntos en el índice de aprobación de Peña Nieto. Adicionalmente, los repuntes en la aprobación por eventos que ocurren sólo una vez, como la detención de un capo importante, suelen ser de corta duración.

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Además de las capturas de alto perfil, la tasa de homicidios en México ha disminuido de manera significativa bajo Peña Nieto. En 2012, el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) registró 21.732 asesinatos en todo el país. En 2013, el primer año completo de Peña Nieto en el poder, esa cifra se redujo a 18.447, un descenso del 15 por ciento. Durante tres meses de 2014, la cifra nacional estaba en camino de llegar a aproximadamente 16.200, aunque a menudo hay revisiones al alza durante el transcurso del año.

No obstante, en gran medida las opiniones con respecto a la inseguridad en México en fallan en mantener correspondencia con estos resultados aparentemente positivos. La misma encuesta de Mitofsky indica que el 75 por ciento de los encuestados tiene una percepción de empeoramiento de la seguridad, y esta es la tercera encuesta consecutiva en la que este porcentaje se ha estancado o ha aumentado. Como InSight Crime informó en octubre, en la primera encuesta nacional de victimización durante la administración Peña Nieto, la percepción de inseguridad incrementó en cerca de seis puntos.

A pesar de la atención dada a los abatimientos de importantes capos, Peña Nieto, en gran medida, ha cumplido con su promesa de restar importancia a sus éxitos de seguridad. A diferencia de Calderón, quien convirtió a sus funcionarios de seguridad en celebridades, regularmente ofrecía discursos apasionados sobre seguridad, y apostó su reputación en abatir a los narcotraficantes, Peña Nieto, mientras tanto, está buscando su legado en otros lugares. La cobertura de los medios generada intencionalmente por el gobierno es mucho menor que hace seis años.

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Todo esto presenta un enigma lógico: Peña Nieto ha tanto alejado el enfoque de México en una de las cuestiones más problemáticas del país, al tiempo que, evidentemente, ha recorrido un largo camino para disminuir su impacto, sin embargo, al parecer no ha recibido crédito por ninguna de los dos. Esto parece sugerir que su estrategia más profunda –hacer que la seguridad pase de ser una responsabilidad, a algo que no sea un problema, o darle una perspectiva positiva- está fallando, a pesar de que muchos de sus objetivos intermedios se han alcanzado ¿Cómo se puede explicar esto?

Una explicación es que, a pesar de las mejoras, la seguridad sigue siendo un problema en gran parte de México. Regiones como Guerrero y Michoacán están experimentando violencia extrema, y gran parte del norte continúa sangrando, y hay serias dudas sobre si la caída en los asesinatos está directamente relacionada con el crimen organizado. Por otra parte, las tasas de reportes de secuestro y extorsión, dos delitos que normalmente se aprovechan de la población civil, aumentaron entre 2012 y 2013. En otras palabras, las mejoras marginales en las tasas de homicidios y en la detención regular de capos, por loables que puedan ser, no son suficientes para hacer que los mexicanos se sientan seguros.

En última instancia, los resultados del cambio en las relaciones públicas de Peña Nieto en materia de seguridad, son más evidentes en la cobertura de los medios de comunicación extranjeros de México. El ejemplo más emblemático es la revista Time, que a principios de este año dedicó una portada a Peña Nieto, titulada “Salvando a México”. Hace tres años, el titular que acompañaba al artículo en la portada sobre México tenía un tono decididamente diferente: “La guerra de al lado“. Otros medios de comunicación estadounidenses han adoptado un cambio similar, aunque más moderado, en su cobertura sobre México.

Pero nada de esto se ha traducido en un México en el que los ciudadanos recuperen la sensación de seguridad perdida durante el gobierno de Calderón, un hecho ilustrado por las dos encuestas mencionadas anteriormente, así como en muchas otras. La presidencia de Peña Nieto todavía está en sus etapas iniciales, y la percepción de es, seguridad a menudo, rezagada con respecto a los acontecimientos sobre el terreno, por lo que todavía hay una posibilidad de que Peña Nieto sea capaz de superar la pobre opinión popular. Su política de seguridad no puede ser considerada un éxito completo si no lo hace.

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