Experta en Guerra Fría percibe semejanzas con la guerra contra las drogas en México

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El destino de Latinoamérica ha estado vinculado por mucho tiempo a los conflictos de Estados Unidos, primero con la Guerra Fría y ahora con la guerra contra las drogas. Pero, ¿qué indicios ofrece la experiencia de México en la Guerra Fría sobre su actual lucha contra el crimen organizado?

Esa fue la pregunta que Renata Keller, profesora de Relaciones Internacionales y Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Estudios Globales Pardee, de Boston University, intentó responder hace un par de meses en su artículo titulado Mexico: From Cold War to Drug War[“México: de la Guerra Fría a la guerra contra las drogas”].

En su artículo, Keller, autora del libro “Mexico’s Cold War: Cuba, the United States, and the Legacy of the Mexican Revolution” [“La Guerra Fría en México: Cuba, Estados Unidos y el legado de la Revolución Mexicana”], expone cómo los orígenes de los problemas de seguridad en México, que van desde errores tácticos y estratégicos hasta equivocaciones elementales sobre la naturaleza del conflicto, se originan en las experiencias del país durante la Guerra Fría en la segunda mitad del siglo XX.

A continuación se presenta la transcripción de una entrevista de InSight Crime con la profesora Keller sobre su artículo, así como sobre la política de drogas de Estados Unidos en Latinoamérica y a nivel interno, y otros temas.

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Con base en su artículo, tengo entendido que su tesis es esta: “Comprender la dinámica de la Guerra Fría en México proporciona indicios importantes sobre las razones por las que México está perdiendo su guerra contra las drogas”. ¿Cree que ésta es una conclusión lógica? Si no es así, ¿cuál diría usted que es su argumento?

Yo diría que ésa fue la tesis del artículo. Obviamente, la historia de la Guerra Fría en México no es una explicación completa de la guerra contra las drogas, pero ofrece datos sobre algunas dinámicas importantes.

Uno de los aspectos principales de la política exterior de Estados Unidos durante la Guerra Fría consistía en alentar (e incluso uno podría decir que acosar) a sus aliados para que adoptaran políticas que estaban estrechamente alineadas con las suyas. ¿Cree que hay un enfoque similar en cuanto a las drogas?

Absolutamente. Creo que hay un proceso similar entre la Guerra Fría y la guerra contra las drogas, que consiste en que Estados Unidos presiona a los países latinoamericanos para que adopten ciertas políticas. Pero también es importante tener en cuenta que, en ambos casos, algunos de nuestros aliados ensayaron o están ensayando diferentes políticas. Se trata de un tira y afloje. Estados Unidos no siempre puede dictaminar lo que quiere, y otros países pueden negociar sus posiciones incluso en medio de esas desiguales relaciones de poder.

¿Hasta qué punto cree que la guerra contra el terror ha remplazado a la Guerra Fría como un paradigma que orienta las políticas antidrogas de Estados Unidos?

Creo que todas siguen un paradigma similar. En todos los casos [de los países latinoamericanos] el énfasis consiste en combatir los enemigos internos más que enfrentar los problemas entre estados. Todas estas llamadas “guerras” se enfocan en individuos y grupos, en lugar de enfocarse en los estados, como si aquéllos fueran el problema. Me parece que cada nueva “guerra” es un agravamiento de la anterior, en lugar de consistir en un verdadero cambio.

¿Cree que las políticas estadounidenses con respecto a Latinoamérica han madurado en lo que tiene que ver con las drogas? La segunda parte de la Iniciativa Mérida parecía más integral y menos militarizada que la idea inicial, por no hablar del Plan Colombia. Y la administración Obama ha permanecido en silencio mientras varios países latinoamericanos liberalizan sus leyes contra las drogas.

Creo que las políticas antidrogas de Estados Unidos tanto a nivel nacional como internacional se han liberalizado y han madurado. Internamente, se están privilegiando los tratamientos en lugar de los castigos. Se está dando un giro hacia la legalización. Y en cuanto a nuestra política exterior contra las drogas, también creo que se han dado algunos avances.

A pesar de los aspectos negativos, es claro que Estados Unidos les ofrece algunos beneficios a las autoridades mexicanas encargadas de la seguridad, ya sea mediante sus conocimientos en inteligencia (piense, por ejemplo, en la captura de “El Chapo” y en el rastreo que se le hizo a Arturo Beltrán Leyva unos años antes), o bien mediante la extradición o el apoyo a su reforma judicial. Frente a esta disyuntiva, ¿cuál es el papel ideal de Estados Unidos con respecto a la seguridad mexicana? ¿Cree que es realista para los legisladores mexicanos seguir contando con Estados Unidos en ciertas áreas mientras restringen su papel en la estrategia general?

Creo que el papel ideal de Estados Unidos consistiría en continuar intercambiando información de inteligencia con México, y seguir ofreciendo apoyo en otras formas en las que el gobierno mexicano lo estime conveniente, por ejemplo, en capacitación o en otro tipo de preparación. Pero Estados Unidos también debe intentar limitar el daño que produce. Por ejemplo, si cambiáramos nuestras leyes sobre armas, de manera que haya menos armas cruzando la frontera, ello también tendría un impacto positivo en México.

¿Podría referirse al efecto de la Guerra Fría en las instituciones de seguridad latinoamericanas, y a su tendencia a privilegiar la fuerza?

Creo que la Guerra Fría ha tenido una influencia fundamental en las instituciones de seguridad latinoamericanas y en su tendencia a enfocarse en las amenazas internas más que en las externas. En teoría, el ejército debe proteger al país de las amenazas extranjeras, pero durante la Guerra Fría existía la idea de que la mayor amenaza venía desde adentro. Entonces los ejércitos latinoamericanos se enfocaron en sus propios ciudadanos, y utilizaron esta percepción de las amenazas para obtener financiación de su propio gobierno y de Estados Unidos.

Es imposible sacar muchas de estas conclusiones cuando no se tiene acceso a información confidencial, pero ¿cuánta responsabilidad cree que tiene la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por sus iniciales en inglés) por haber ayudado a establecer rutas de tráfico, armar a los narcotraficantes y tolerar o incluso alentar los peores excesos de sus aliados del crimen organizado durante los años ochenta?

Creo que la CIA tiene una gran responsabilidad. No creo que ayudara a establecer rutas de tráfico, pero sí creo que se hizo la de la vista gorda cuando consideró que la lucha contra el narcotráfico era menos importante que la lucha contra el comunismo. Un ejemplo paradigmático es el de Manuel Noriega en Panamá, quien cooperó con la CIA durante la Guerra Fría a pesar de que a la vez estaba ayudando a Pablo Escobar. La CIA le permitió hacerlo… Y de esa manera obstaculizaron los esfuerzos de la DEA por responsabilizar a Noriega.

Hubo además muchos cubanos que dejaron su país de origen después de la Revolución Cubana, cooperaron con la CIA y se involucraron en el tráfico de drogas. Su cooperación con la CIA esencialmente les facilitó sus actividades criminales.

Uno de los mayores desaciertos de México y algunos otros países latinoamericanos ha sido su incapacidad de enfrentar la corrupción de una manera sistemática y definitiva, por lo menos según lo sugiere la evidencia actual. ¿Cree que el surgimiento de la guerra contra las drogas como parte de la Guerra Fría tiene algo que ver con eso?

Creo que sí. Porque cuando se tiene tanto poder concentrado, como ocurría en los servicios militares y de inteligencia mexicanos —instituciones que carecen de supervisión— se fomenta la corrupción. Y muchos de los que ganaron poder durante la Guerra Fría llegaron a involucrarse en el narcotráfico —basta con observar el caso de Los Zetas, muchos de cuyos miembros salieron de las fuerzas armadas—.

¿Cómo cree que la creciente flexibilidad de Estados Unidos con respecto a la marihuana al interior de sus fronteras afectará la posición del país frente a las políticas latinoamericanas?

Espero que la legalización de la marihuana aumente la flexibilidad de Estados Unidos frente a las políticas de drogas de los países latinoamericanos, porque no es razonable que Estados Unidos penalice a los países latinoamericanos que legalicen la marihuana. Pero dado que la marihuana no es uno de los principales problemas en este momento, no sé qué tanto impacto tendrá cuando se trate de la cocaína o los opiáceos. Creo que esa es una pregunta más difícil.

Volviendo a la frase que mencioné antes, ¿qué cree que significa “ganar” en el contexto de la lucha de México contra el crimen organizado? Y una pregunta relacionada: ¿es la “guerra” el paradigma adecuado en este sentido?

No creo que el problema de las drogas sea algo que uno pueda “ganar”, por lo que la analogía con la guerra no es realmente adecuada. Dicho esto, creo que “ganar” significará reducir los niveles de violencia, impedir que menos personas mueran. Creo que fortalecer el Estado de derecho en México será otra señal de que se está ganando —me gustaría que más personas fueran juzgadas por sus crímenes, especialmente en los niveles más altos del gobierno—.

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