Extraficante refleja tendencia de aumento en población carcelaria femenina en Latinoamérica

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La población carcelaria femenina en Latinoamérica crece a un ritmo más acelerado que la población varonil, según un reportaje reciente. Deborah Bonello, investigadora sénior de InSight Crime, trae una entrevista con una extraficante de drogas para analizar las tendencias que su historia ilustra.

Mientras Mirna conducía hacia el norte desde su ciudad natal Culiacán, en el estado mexicano de Sinaloa, a duras penas podía estarse quieta en la silla de conductor por los nervios y la excitación. Sabía que los paneles de su automóviles estaban llenos de pequeños paquetes de marihuana que llevaba hacia el estado de Sonora, al norte, para llegar a la frontera de Estados Unidos con México. El trato era que agentes cómplices le quitarían su pequeño alijo en un retén militar para distraer a la mayor parte de ellos de un cargamento más grande que venía detrás.

“Me dijeron que iba a llevar droga en un carro, que no me iba a pasar nada. Me dijieron que era la cantidad de 35 kilos de marihuana, en el cual yo no llevé marihuana. Era cocaína y era el producto que se llamaba cristal”, explicaba ella años después, luego de purgar más de ocho años de sentencia en una cárcel de Culiacán como resultado de su detención ese día de 2004.

“Entonces cuando yo llego al lugar de un retén grande, a mí me paran no más… no más a mi me pararon y me dijeron, ya sabemos de usted, bájese. Oooh, qué bien… a lo mejor aquí me voy a quedar y ellos ya saben. No, ya me empezaron a decir que yo estaba detenida; yo empecé llore, llore, llore y llore. Mi llanto no se acabó dentro de los tres meses en el cual me llevaron al lugar donde estuve presa”.

Crédito del video: Deborah Bonello para Univision / 2012 de Deborah Bonello en Vimeo.

La historia de Mirna Cartagena es la misma de miles de mujeres de los escalones más bajos del tráfico de drogas, de las cuales un número cada vez mayor termina en la cárcel. Un reciente informe de política de un grupo de expertos, publicado por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC), Dejusticia y la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos, señalan que aunque en la actualidad hay más hombres en la cárcel a lo largo de la región, el número de mujeres presas aumenta más rápidamente en la región.

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En Argentina, Brasil y Costa Rica y Perú, más del 60 por ciento de la población carcelaria femenina purgaba penas por delitos relacionados con drogas, según datos que datan del periodo 2011 a 2015. (Ver gráfico) En México, ese porcentaje está un poco por encima del 44 por ciento, aunque un reportaje aparecido en Animal Político indica que el número de mujeres en la cárcel por delitos de drogas ha aumentado en más de 100 por ciento en los dos últimos años.

La población de mujeres presas en Latinoamérica se disparó en 51,6 por ciento entre 2000 y 2015, en comparación con el 20 por ciento para los hombres, según cifras del Instituto para la Investigación sobre Política Penal (ICPR por sus iniciales en inglés) que se empleó en el informe.

Mulas y expendedoras

Las mujeres que han escalado en la cadena de mando del narcotráfico, como Sandra Ávila Beltrán, también conocida como “la Reina del Pacífico”, en México, y Griselda Blanco, alias “la Reina de la Cocaína”, en Colombia, son el tipo de mujeres en el tráfico de drogas que tienden a acaparar los titulares de la prensa y en ocasiones inspiran películas de cine y telenovelas. Pero la gran mayoría de mujeres que terminan en la cárcel por narcotráfico son mulas de drogas de bajo nivel o expendedoras en pequeñas cantidades, que han ingresado por factores como la pobreza y el machismo, observa el informe.

“Ellas son fácilmente reemplazadas, es decir, su detención no tiene ningún impacto en la disminución del tráfico de drogas”, añade el informe.

Peor aún: estos arrestos son insignificantes para la lucha contra estos grupos criminales. “Su arresto no tiene impacto en el narcotráfico ni en el mejoramiento de la seguridad ciudadana, en la batalla contra la violencia ni en la reducción de la corrupción generada por la actividad ilegal”, puntualiza el informe.

Ese fue el caso de Mirna, quien fue a la cárcel por su primer delito y alega que fue engañada en relación con el tipo de estupefacientes y la cantidad que llevaría. En ese momento era una madre cabeza de hogar, como la mayoría de reclusas mujeres en toda la región, según el informe.

El ingreso en prisión de la principal cuidadora del núcleo familiar tiene un impacto atroz en la familia. Eleva la posibilidad de que quienes estaban a su cargo se conviertan en una carga más para el Estado. Más deserción escolar de jóvenes que pasan a engrosar las filas del crimen; más ancianos o discapacitados necesitados de asistencia social.

Mirna eligió involucrarse en el negocio de la droga, pero muchas mujeres pueden ser arrastradas a él, obligadas por sus parejas u otros actores. Luego de purgar su pena de cárcel, Mirna comenzó a trabajar en un programa de prevención estatal en 2012 en Culiacán. El programa creaba conciencia entre los jóvenes de escuelas secundarias sobre los riesgos de una vida de crimen. Culiacán, la capital del estado que es también la ciudad del legendario cartel de Sinaloa en México, es el corazón del narcotráfico mexicano y de la glamorosa narcocultura que se ha desarrollado a su alrededor.

“Tenemos problemas ahorita nosotros en los penales con las jovencitas que se suben estos tipos de carro y las han detenido. Ahorita en los penales hay tres jovencitas de 18 años que están detenidas… ¿por qué? Porque anduvieron de novias con estos jóvenes, detuvieron a los novios, arriba de los carros traían armas y droga”, decía Mirna una mañana a comienzos de 2012, hablando a un grupo de adolescentes en un pequeño salón de clases con paredes en ladrillo.

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“Y ¿qué hacen estos jóvenes ahorita? Van y dan vueltas a las secundarias donde hay jóvenes como ustedes, muy bonitas, muy guapas. ¿Y empiezan a qué? A dar vueltas y las niñas bonitas y guapas empiezan a ver todos estos jóvenes, jovencitos. ¿Que son hijos de quién? De narcos, exacto. Hijos de narcos, quién viene a rondear a las jovencitas para hacerlas su novias”.

¿Qué funciona?

El documento recomienda una serie de alternativas al encierro de mujeres para delitos de drogas no violentos, incluyendo la despenalización, enfoques de género a las sentencias y amnistías y condonaciones.

También presenta varios estudios de caso que sirven como ejemplos de estrategias que han logrado bajar la cárcel para mujeres en la región.

En Costa Rica, por ejemplo, la reforma de la legislación sobre estupefacientes redujo la sentencia de cárcel para mujeres vulnerables acusadas de introducir narcóticos a la cárcel, lo que dio lugar a la liberación inmediata de 150 mujeres.

La política de drogas de Uruguay, según el informe, se basa en los principios de los derechos humanos, la salud pública y el género, e incluye el uso de un fondo de activos decomisados para apoyar programas que abordan el género centrados en la prevención del consumo de estupefacientes, el tratamiento y la inclusión social. Estas iniciativas han reducido las tasas de reincidencia, farmacodependencia y desempleo entre mujeres que estuvieron presas, según los autores.

En 2014, Ecuador adoptó un nuevo código penal que contemplaba penas más proporcionadas para delitos de drogas, y establecía diferentes umbrales para niveles de narcotráfico, el cual redujo drásticamente las sentencias para delitos de drogas de bajo nivel, y permitió la excarcelación de más de 446 mujeres. Pero un año después, Ecuador dio un paso atrás al reducir de manera sustancial los umbrales de lo que se clasificaba como tráfico de estupefacientes en las escalas baja, media y alta. 

Mujeres como Mirna también están dando un buen ejemplo, comenta el informe. Su participación tanto en la educación como en el desarrollo de programas alternativos de prevención del delito y políticas de drogas, es fundamental para cambiar las estrategias en gran parte represivas y punitivas al narcotráfico y el crimen organizado en la región que tanto victimizan a las mujeres, en opinión de los autores del estudio. 

La vida después de la cárcel

El estigma por haber pasado un tiempo en prisión, así como un antecedente penal, pueden dificultar la búsqueda de empleo para las mujeres y un nuevo comienzo por fuera de la delincuencia una vez cumplen su sentencia, apunta el informe.

Mirna tuvo suerte de cambiar de dirección al ingresar en el programa gubernamental de prevención del delito, que dio un uso positivo a su experiencia negativa.

“Esos jóvenes están ahorita en tiempo de prevenir cualquier delincuencia o narcotráfico”, comentó Mirna en una entrevista. “Lo hago a través de mi experiencia y mi testimonio. Eso es el motivo para cual estoy en este lugar, para darles más que nada el ejemplo y el testimonio de no llegar a ningún delito, y prevenir el delito, más que nada”. 

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