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El panorama criminal en Latinoamérica siguió evolucionando este año, impulsado por el actual récord de producción de cocaína en la región andina de Suramérica, el auge del mercado de opioides en Estados Unidos y las disputas por el control del lucrativo negocio de la droga en Brasil.

En Colombia, las autoridades han afrontado problemas para contener el alza en la producción de cocaína, debido en parte a problemas derivados de la implementación de un histórico acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El aumento en la demanda estadounidense de medicamentos a base de opio ha generado creciente temor, tanto en Estados Unidos, donde el consumo del narcótico está asociado a un saldo de muertes por sobredosis que no para de crecer, como en México, donde hay una escalada de violencia derivada del narco.

Una dinámica similar se presenta en Brasil, donde un contexto de alianzas criminales mudables ha atizado el conflicto por el masivo mercado de narcóticos en el país.

Colombia

La desmovilización del mayor grupo guerrillero en Colombia este año prometía suponer un revés a la oferta de parte importante del negocio internacional de la cocaína. Con el repliegue de gran parte de las FARC a las zonas de paz designadas por el gobierno, las relaciones y los actores criminales se adaptaron, pero no en la dirección que habrían esperado los arquitectos de los acuerdos de paz.

“Desafortunadamente, la firma del acuerdo con el que fuera en su momento el principal actor del tráfico de cocaína en Colombia no ha rendido resultados positivos para el panorama criminal en el país”, escribíamos en noviembre pasado, a un año de la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

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Los Urabeños, la organización criminal más poderosa de Colombia, podrían enfrentar “mayor presión”, señalábamos, “pero la salida de las FARC ha permitido al grupo quedarse con la mayor porción de la industria de la cocaína en Colombia”.

El acuerdo de paz con las FARC contribuyó a reducir a su mínimo nivel la tasa de homicidios en Colombia para las últimas cuatro décadas. Pero los grupos criminales siguen disputándose el control del negocio de la cocaína, que se ha remontado a niveles sin precedentes en los últimos años, según cálculos del gobierno estadounidense y cifras de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD).

En el perfil que hacía InSight Crime en junio sobre el departamento colombiano de Nariño, “el tercer mayor cultivador en 2015, tuvo un incremento de 52 por ciento en las hectáreas de coca estimadas en 2016 para un total de 39.500 hectáreas. Esto representa 21 por ciento del total nacional, que a su vez aumentó casi en una quinta parte en 2016 a más de 188.000 hectáreas”, escribíamos en marzo. El principal productor de cocaína en 2016 fue el departamento de Cauca, aledaño a Nariño en la costa Pacífica.

“Los niveles récord de producción de cocaína aumentan la presión sobre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, quien ha permitido que la producción de drogas se haya duplicado durante su administración (él asumió la presidencia en al año 2010). El aumento en la producción de drogas, y los miles de millones de ingresos que ésta genera, es una real amenaza para el principal logro de su presidencia (que según sus críticos es el único): el acuerdo de paz firmado con las FARC”, escribíamos en julio.

México 

En medio de una crisis en aumento por medicamentos a base de opio, el gobierno estadounidense ha presionado a México para que tome medidas drásticas contra los carteles, y llegó incluso a amenazar con enviar tropas de su país para hacer el trabajo que el ejército mexicano era incapaz de hacer. Pero pese al énfasis de Estados Unidos en las amenazas por drogas venidas de fuera, el mayor problema sigue gestándose adentro.

“El abuso de medicamentos controlados (CPD), que incluye los fármacos legales a base de opioides, pero no se limita a ellos, fue la causa de 31.000 muertes en 2015. Eso es más del doble de las casi 13.000 sobredosis letales de heroína en el mismo año. La muerte por consumo de cocaína sigue en la clasificación, con alrededor de 6.800 víctimas en 2015”, señalábamos en octubre.

Los analgésicos legales de venta por prescripción fueron responsables de la mayor cantidad de muertes por drogas, y a la vez su consumo ha aumentado la demanda de sustitutos ilícitos del sur de la frontera y más allá. La producción y el transporte de heroína proliferaron en México, cuando los adictos comenzaron a pasar de las sustancias prescritas a las ilícitas.

         VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre heroína

El fentanilo —mortífero opioide sintético que combinado con la heroína está contribuyendo a un alto número de sobredosis en Estados Unidos— concentró el interés de Estados Unidos en México. El país del norte financió iniciativas de capacitación para ayudar a equipos forenses a detectar fentanilo, en un esfuerzo por reforzar el conocimiento de ambos países sobre la naturaleza del proceso de producción y transporte de dicha sustancia.

La violencia motivada por drogas siguió en aumento en México, en especial en estados estratégicos para la criminalidad, como Guerrero —epicentro de la industria de la heroína en México.

En marzo, informamos que el fiscal general del estado de Guerrero Xavier Olea declaró que el gobierno no tiene la “capacidad de enfrentar el crimen organizado”. Como lo señalamos, los comentarios de Olea “ponen de relieve un problema de siempre en la región: sistemas de justicia ineficientes invadidos de corrupción, incapaces de manejar los problemas de delincuencia que enfrentan”.

En octubre, México registró el mes más violento de su historia contemporánea. Al igual que en Colombia, esta violencia tiene relación con la lucha por el control de las zonas de producción de narcóticos y los correspondientes corredores de tráfico. La fragmentación de los grandes grupos criminales en el país exacerbó este problema.

Brasil 

Así como México, Brasil también padece un recrudecimiento de la violencia relacionada con el negocio de la droga. En octubre, el presidente Michel Temer reconoció la crisis de inseguridad en toda la nación al clasificarla como “emergencia nacional”, atizada por el tráfico de armas y narcóticos, y las disputas entre grupos por el control del negocio de la cocaína.

Los grupos criminales en Brasil se pelean no solo el control del mayor mercado doméstico de drogas en Latinoamérica, también compiten por importantes rutas de tráfico hacia y desde el país, con la búsqueda de los productores colombianos por dar salida a los alijos de cocaína que acumulándose.

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Las causas de la escalada del conflicto criminal en Brasil se asemejan a los factores que promueven la violencia en Colombia y México: atomización del hampa, respuestas fallidas en materia de políticas públicas y demanda sostenida de narcóticos, una fuente vital de ganancias.

El aumento en la producción y el consumo de alcaloides importantes, como la heroína y la cocaína, seguirán determinando la dinámica criminal en Latinoamérica. Y con la renuencia de los gobiernos de toda la región a abandonar las políticas de seguridad militarizadas que tienden a generar inestabilidad en el hampa, Latinoamérica parece abocada a seguir sufriendo una violencia sin tregua por causa de esta importante actividad ilícita.

Foto superior de Associated Press/Carlos Jasso

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