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El crimen organizado florece en medio de la corrupción política y la incertidumbre. De eso habrá de sobra en Latinoamérica durante 2018, lo que favorecerá el afianzamiento del crimen organizado en toda la región a lo largo del año.

Este es el momento en el que echamos mano de nuestra extensa investigación y experiencia para hacer nuestros pronósticos para el año que comienza. Y el panorama para 2018 es uno de los más desoladores que InSight Crime haya visto en sus nueve años de estudio de los fenómenos criminales en Latinoamérica y el Caribe.

Enfrentar el crimen organizado requiere de gobiernos estables con propósito, estrategia, fuerzas de seguridad sólidas, una democracia saludable y transparencia, más la cooperación internacional. En este momento parece que todo eso escasea en la región.

El caos político, los conflictos internos y la agitación aseguran que la atención se concentrará en la supervivencia y la manipulación de la democracia, no en la lucha contra el crimen organizado. La legitimidad del gobierno ha quedado en tela de juicio en algunos países de la región, con investigaciones a líderes políticos por corrupción y manipulación del poder. Caudillos políticos en problemas muchas veces harán tratos a puerta cerrada con elementos criminales para garantizar su supervivencia. Más aún, varios países vivirán importantes elecciones en el año que inicia, otro factor de inestabilidad política.

Resacas políticas del 2017

Como escribimos en la introducción de este GameChangers, en 2017 la corrupción se impuso en la cúpula de gobierno por toda la región. Así entramos en 2018 con varias resacas políticas, donde creemos que la corrupción asumirá mayor control:

  • Venezuela, donde la última hoja del árbol de la democracia cayó y un régimen corrupto se atrinchera en el poder. A medida que los ingresos del petróleo se agotan, es posible que el gobierno se criminalice aún más para seguir en pie. La desintegración del estado venezolano y su corrupción absoluta tiene implicaciones regionales de amplio alcance. El impacto más inmediato lo sienten vecinos, como Colombia, Brasil y los países caribeños (Trinidad y Tobago, Aruba y República Dominicana principalmente entre ellos), pero sus efectos se extienden aún más lejos.
  • Honduras, donde se ha debatido la reelección del presidente Juan Orlando Hernández por denuncias de fraude y corrupción. Esto ha debilitado aún más su ya deteriorada Este país del Triángulo Norte tiene una importancia extraordinaria en el paso de estupefacientes provenientes de Suramérica hacia Estados Unidos.
  • Perú, donde el presidente Pedro Pablo Kuczynski estuvo al borde de la destitución por acusaciones de corrupción, y sobrevivió únicamente tras condonar la sentencia de cárcel del expresidente Alberto Fujimori, preso por abusos contra los derechos humanos. La familia Fujimori controla una de las facciones más poderosas del Congreso. El debilitamiento y descrédito de Kuczynski han sido fatales. Como resultado de esto, esperamos ver un recrudecimiento de actividades delictivas importantes, como el tráfico de cocaína, oro y madera.
  • En Bolivia, el presidente Evo Morales ha manipulado la constitución y parece dispuesto a perpetuarse en el poder al lanzarse como candidato para un cuarto periodo. La mayoría de restricciones a sus facultades ahora parecen haberse suprimido, aun cuando el país sigue desempeñando un rol central en el tráfico de estupefacientes en Suramérica.
  • Ecuador asistió a la destitución de su vicepresidente luego de ser condenado por corrupción, mientras que el presidente Lenin Moreno está enfrascado en una guerra política con el expresidente Rafael Correa. El crimen organizado no hace parte de la lista de prioridades del presidente, pese al hecho de que, según creemos, el puerto de Guayaquil es uno de los principales puntos de partida de los cargamentos de cocaína en todo el mundo.

Elecciones presidenciales en 2018

Para empeorar la incertidumbre política, habrá elecciones en seis importantes países, lo que implica que la atención política se la llevarán toda ellas y la lucha contra el crimen organizado quedará relegada.

  • Brasil tiene un presidente con cerca del 5 por ciento de aprobación y una imagen universal de corrupto. El favorito para ganar estas elecciones, Luiz Inácio “Lula” da Silva, fue condenado en julio por aceptar coimas de una firma de ingenieros a cambio de contratos de obras públicas.
  • Colombia, el principal productor mundial de cocaína, busca implementar contra viento y marea un acuerdo de paz con insurgentes marxistas y evitar un reciclaje de actores criminales. Los enemigos de la paz parecen más fuertes que sus amigos en el abanico de candidatos.
  • Costa Rica, país situado a medio camino en la ruta centroamericana de la cocaína con destino a Estados Unidos, ha visto cómo el crimen organizado transnacional echa raíces y alimenta estructuras criminales locales.
  • México ha padecido nuevos picos de violencia, y su actual presidente, Enrique Peña Nieto, ofrece pocas estrategias novedosas para contener los homicidios o el crimen organizado que los motiva. Se necesita desesperadamente nuevos líderes, pero sin importar quién gane las elecciones de julio no se esperan cambios reales en la estrategia hasta finales del año, cuando el sucesor asuma la presidencia.
  • Paraguay, el productor de marihuana más prolífico de Suramérica, ya tiene un presidente asociado a la actividad criminal en la forma de contrabando de cigarrillos. Con el acuartelamiento de los grupos criminales brasileños en este país sin salida al mar, hay la necesidad de un liderazgo transparente que contenga la actividad criminal.
  • Venezuela debe celebrar sus elecciones presidenciales, pero con la dictadura que ahora ejerce el presidente Nicolás Maduro, no hay garantía de que estas se realicen, y mucho menos de que haya algún cambio real. Es más probable que los cambios sean motivados por el colapso económico que por la contienda política.

Incluso en Cuba, dominada desde 1959 por los hermanos Castro, se esperan cambios con la promesa de Raúl Castro de dimitir en 2018. Y el presidente de Nicaragua Daniel Ortega, en el poder desde 2007, está afianzando el control en los hilos del poder y socavando la democracia.

Desde los días de la Guerra Fría no se veían tan amenazados la democracia y el buen gobierno en Latinoamérica. En parte estas condiciones han sido propiciadas por el crimen organizado y la corrupción que este fomenta. Y el crimen organizado seguirá sacando provecho del caos.

La cooperación también es clave en la lucha contra el crimen organizado transnacional y para bien o para mal, Estados Unidos muchas veces ha aportado coherencia y liderazgo en la guerra contra la droga y el crimen organizado. Ese liderazgo se acabó junto con buena parte de la credibilidad de Estados en la región. Todo esto simplemente le da un margen de maniobra mayor a los criminales.

Más ‘plata’ que ‘plomo’

Hay otro aspecto del crimen organizado que vale la pena mencionar al pensar en 2018. Aunque la corrupción siempre ha sido uno de los principales instrumentos del crimen organizado, su otra cara ha sido la intimidación y la violencia. Es famosa la oferta que hacía Pablo Escobar a sus víctimas: “plata” (soborno) o “plomo” (una bala).

Lo que la mayoría de los delincuentes sofisticados están entendiendo es que los sobornos los llevan mucho más lejos y mucho más rápido que la violencia. El acrecentamiento de los escándalos de corrupción da fe de esto.

Mientras México, Venezuela y gran parte de los países del Triángulo Norte —El Salvador, Guatemala y Honduras— registran tasas de homicidios en niveles epidémicos, en Colombia se revierte la tendencia. Aun con los récords en la exportación de cocaína, más el consumo interno de la droga, y el florecimiento de otras economías ilegales, como la minería aurífera y la extorsión, se observa un descenso de los homicidios. Aunque esto obedece en parte al desescalamiento del conflicto civil con la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el otro factor importante es el desarrollo de una Pax Mafiosa. La primera “pax mafiosa” se gestó en Medellín, capital del tráfico de cocaína, y desde ahí se expandió a todo el país. Esto implica que nuestra misión de poner al descubierto el crimen organizado se está dificultando aquí, en nuestra base que es Colombia.

La historia criminal de Latinoamérica la han impulsado empresarios criminales, principalmente en la forma de carteles de la droga. No es el caso de África, donde la actividad criminal muchas veces la orquestan elementos dentro del mismo gobierno. Con la continua fragmentación del crimen organizado en Latinoamérica, y la corrupción consolidándose como el método preferido para hacer negocios ilícitos, Latinoamérica puede comenzar a parecerse más a África. La delincuencia puede gozar no solo de protección en los más altos niveles del gobierno, sino que incluso puede ser manejada por dichos elementos. Este es un fenómeno que hemos estudiado de cerca en nuestras investigaciones sobre las “Élites y el crimen organizado”. Dedicaremos aún más recursos a ese tipo de investigaciones, pues creemos que señalan la dirección que adoptará la evolución criminal.

VEA TAMBIÉN: InDepth Cobertura sobre Élites y crimen organizado

El crimen organizado transnacional es la actividad más versátil del planeta y se adapta a las condiciones cambiantes con mayor rapidez que los gobiernos. Cuando esos gobiernos son debilitados, subvertidos y corrompidos por los grupos del crimen transnacional, el terreno de juego antes era desigual se pone aún más cuesta arriba. Es posible que este año la delincuencia se atrinchere aún más en la región, que la corrupción llegue a nuevas cimas del gobierno o incluso que secuestren el estado. Prepárese, porque debemos prestar mucha atención para ver la mano del crimen organizado en medio del caos político.

Foto superior Associated Press/Carlos Jasso

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