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Venezuela ha sido conocida por largo tiempo como retaguardia estratégica de los grupos guerrilleros colombianos.

Pero en 2020 se observó la aceleración de una nueva dinámica: las bandas venezolanas ahora compiten en números y poder de fuego con sus homólogos de Colombia y están usando su devastado país como trampolín para la expansión internacional, aun cuando la pandemia del coronavirus hizo estragos a su alrededor.

Un ejemplo de esa dinámica es el Tren de Aragua, la principal “megabanda” de Venezuela. Desde sus modestos inicios como banda carcelaria en la penitenciaría de Tocorón, estado de Aragua, el Tren de Aragua ahora dirige una notoria y diversificada red criminal, que tiene a Tocorón como centro neurálgico para el control de sus miembros en todo el sistema carcelario venezolano y una federación de grupos afiliados en el exterior.

El “tren” es una referencia imprecisa a su estructura de mando en las prisiones, pero para 2020, los miembros importantes de la banda habían llegado a un estimado de 2.700, según fuentes de la policía consultadas por InSight Crime, mientras que su federación amplia tiene actividad en al menos nueve estados: Aragua, Guárico, Carabobo, Trujillo, Miranda, Bolívar, Sucre, Lara y Táchira, con la posible adición de Zulia.

*Un Ganador Criminal es una organización o persona que obtuvo grandes avances en sus objetivos criminales a pesar de grandes adversidades o contra todo pronóstico; logró cambios en el hampa gracias a alguna acción ingeniosa, o mediante alguna alianza u otros medios; estableció un poder o hegemonía sin precedentes; o en general demostró una enorme destreza para la criminalidad o la corrupción. El ganador es elegido por el equipo de InSight Crime, el cual hace una votación a partir de tres candidatos propuestos por los editores del sitio.

La evidencia revela que el grupo también ha extendido sus tentáculos a Colombia, Brasil, Ecuador y Perú. A la par, ha diversificado su portafolio, al incursionar en economías criminales más sofisticadas y adaptar su modus operandi para convertir la crisis económica de Venezuela en una oportunidad criminal. Su creciente participación en operaciones de contrabando de personas indica que el éxodo de migrantes venezolanos ha proporcionado protección y combustible para su expansión internacional.

Ya hay otros moviéndose en la misma dirección. Con reportes de creciente actividad de otras bandas venezolanas muy adentro del territorio colombiano e incluso más allá, en 2020 se ha observado que el crimen organizado venezolano está presto a convertirse en una amenaza continental.

Consolidación en Venezuela

En 2020, el Tren de Aragua ya era el actor dominante de la escena criminal en Venezuela. Desde su creación, a finales de la década de 2000, su líder Héctor Rustherford Guerrero Flores, alias “Niño” Guerrero, ha sido el líder de la banda carcelaria, o pran indiscutible, de Tocorón, pues dirige la penitenciaría como su feudo criminal. Su banda cobra a los prisioneros una cuota extorsiva, conocida como la “causa”, que le reporta cerca de US$1,5 millones anuales. Con esto, Guerrero ha remodelado Tocorón más como un complejo turístico que como una prisión. Un informe realizado en 2015 por Runrun.es halló un club nocturno, una piscina, restaurantes e incluso un zoológico en las instalaciones.

Guerrero usa Tocorón como una fortaleza desde la cual maneja redes de microtráfico, robos de autos, secuestro y extorsión en toda la región. Los delitos se ordenan desde la prisión, son ejecutados por miembros del Tren de Aragua en el exterior, y los pagos se envían directamente a Tocorón. Muchas operaciones se coordinan desde el enclave de la banda en San Vicente, un barrio a 30 kilómetros de Tocorón. Allí, la banda bloquea el ingreso de las fuerzas de seguridad y ha suplantado algunas funciones del Estado mediante una fundación influyente que actúa como fachada del grupo, Somos El Barrio JK.

Además, Tocorón ha servido como refugio para pranes de toda Venezuela. Guerrero incluso organizó un congreso de líderes de bandas de otras prisiones, según una fuente del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) de Venezuela. De esta forma, Guerrero se ha convertido en pran de pranes, al extender su modelo criminal por todo el sistema de prisiones y crear una coalición de bandas aliadas en el exterior.

Aunque esta federación lleva varios años de actividad, 2020 demostró la escala de las ambiciones del Tren de Aragua. En mayo, los residentes denunciaron que la banda había sentado presencia armada y visible en la Península de Paria, estado de Sucre. La incursión seguramente se basó en operaciones de apoyo a la banda local San Juan de Unare en 2018, según relataron residentes locales y expertos a InSight Crime.

La presencia del Tren de Aragua en este enclave del narcotráfico, combinada con el arresto de miembros de la banda con cargamentos de drogas en el estado de Táchira, en la frontera con Colombia en 2019, apoya las denuncias de que la banda ha pasado de la distribución local de narcóticos a participar en operaciones más grandes de trasiego de drogas. Según un experto dedicado al estudio del sistema carcelario, y que no quiso ser identificado, el principal rol del Tren de Aragua no es el trasiego de los cargamentos en sí, sino la protección de los corredores y de los narcos.

VEA TAMBIÉN: Perfil del Tren de Aragua

Las operaciones del Tren de Aragua se ven facilitadas por su red de alianzas con bandas locales de menor tamaño, lo que le ha permitido extender su influencia a estados más lejanos evitando la confrontación armada. El exagente del CICPC Sergio González describió este modelo como una forma de tercerización criminal, en la que el Tren de Aragua ofrece soporte logístico, pie de fuerza adicional y armamento a las bandas más pequeñas. Estos grupos afiliados manejan economías criminales locales, como el microtráfico, a la par que devuelven al Tren de Aragua una parte de las ganancias y la inteligencia sobre las operaciones de la policía. Las bandas que han sido atraídas a esta franquicia criminal incluyen a Carlos Capa en Miranda y el Tren del Llano en Guárico, según fuentes policiales y medios locales.

En 2020, hubo indicios de que Guerrero había extendido aún más su red. El estado de Lara asistió a la aparatosa entrada en la escena criminal de José Santana, alias “Santanita”, un jefe de banda poco conocido antes de eso y de quien las autoridades venezolanas creen que opera bajo las órdenes de Guerrero. Por la extorsión violenta contra concesionarias de autos, el uso de granadas para destruir los negocios que no obedecen y la circulación de amenazas por redes sociales, la banda de Santanita fue declarada objetivo prioritario de las autoridades venezolanas en 2020, pero hasta el momento ha eludido la captura. De igual manera, el estado de Zulia, en el noroeste, ha visto el resurgimiento repentino del Tren del Norte, banda carcelaria cuyo jefe estuvo preso en Tocorón hasta 2017 y que según los rumores se hizo cercano a Guerrero. Después de varios años de decadencia, la banda resultó vinculada a una oleada de ataques con granadas en Maracaibo, la capital del estado, a finales de 2019 y hasta bien entrado el 2020, lo que llevó a especular que la banda se hubiera asegurado apoyos más poderosos.

Una estrategia paralela le ha permitido al Tren de Aragua extender su influencia a nuevas economías criminales. En su trabajo de campo en Bolívar, InSight Crime halló que uno de los primeros miembros del Tren de Aragua, Yohan José Romero, alias “Johan Petrica”, había estado presente en el municipio de Sifontes desde 2017 aproximadamente, y que allí se había hecho cargo de una importante banda minera. Aunque no se ha confirmado hasta qué punto Petrica sigue respondiendo a Guerrero, las filas de se han reforzado regularmente con expresidiarios de Tocorón.

En octubre de 2020, El Pitazo informó de un enfrentamiento entre la policía del estado de Bolívar y una célula del Tren de Aragua en el municipio de Gran Sabana, al sur del estado. El grupo supuestamente había estado intentando meterse a la fuerza en zonas mineras controladas por indígenas cerca de la frontera con Brasil, lo que indica que el Tren de Aragua actualmente siente la seguridad necesaria para controlar directamente las operaciones de minería ilegal.

En 2020 el Tren de Aragua también endureció su control en su enclave central de Tocorón y San Vicente. Pese a que Tocorón ya enfrenta un gran hacinamiento, las ganancias y el poder del Tren de Aragua se han disparado en lo corrido de 2020 por los traslados de presos de otras cárceles. Por otro lado, la banda ha impuesto medidas drásticas en la población de San Vicente, con la imposición de toques de queda y el patrullaje a plena vista con porte de armas largas, según declaraciones de la policía y un video al que InSight Crime tuvo acceso. Fuentes de la policía de Aragua afirman que la banda se ha tomado estaciones de gasolina en Aragua, lo que provocó un aumento importante en los costos de la gasolina en un momento en que había una grave escasez de combustible.

La banda también demostró su dominio sobre los organismos de seguridad del Estado en varias confrontaciones armadas, que incluyen un ataque a una ambulancia que transportaba a un agente de policía herido, y la emboscada a una patrulla de la policía en San Vicente pocos minutos después del primer hecho. Dos agentes de la policía murieron en los ataques.

Estos episodios señalan la relación ambivalente del Tren de Aragua con las autoridades venezolanas. De un lado, no cabe duda de que las actividades de la banda han sido facilitadas por la tolerancia, por no hablar del apoyo activo de los funcionarios de gobierno. La prisión de Tocorón, por ejemplo, fue excluida del “Nuevo Régimen Penitenciario” diseñado para controlar la criminalidad en las prisiones, posiblemente a raíz de pactos hechos con la exministra de Prisiones Iris Varela. Además, hay evidencia del envío de presos afiliados a la banda a puntos críticos de criminalidad para apoyar los intereses del estado, lo que les permitió ganar dominio criminal en dichos estados.

Estas conexiones también se extienden a otros ministerios. Fuentes locales consultadas por InSight Crime declararon que en 2018 se enviaron presos de Tocorón a Sucre para apoyar a la banda San Juan de Unare, que goza del favor del gobierno, en su guerra contra su rival San Juan de las Galdonas.

Un analista de seguridad, quien tiene amplia experiencia en la investigación sobre el Tren de Aragua, declaró a InSight Crime que existe la hipótesis de que el despliegue de antiguos presos se negoció con el actual ministro de petróleo Tareck El Aissami. Aunque no hay evidencia concluyente que vincule a El Aissami con la banda, este fue gobernador de Aragua en la época en que surgió el Tren de Aragua, y observadores expertos, entre ellos Tarre, del Observatorio de Violencia en Venezuela (OVV) comentaron a InSight Crime que es generalizada la opinión de que él es el padrino político del grupo. El Aissami no parece haberse referido en público a esos nexos.

Sin embargo, la banda no goza de impunidad absoluta. Sus miembros tienen enfrentamientos regulares con las fuerzas de seguridad, incluido el CICPC y la Fuerza de Acciones Especiales (FAES) en 2020, lo que con frecuencia ha dejado bajas en el grupo. De hecho, analistas consultados por InSight Crime declararon que la banda ha sido blanco de presión de las fuerzas de seguridad en sus territorios tradicionales, lo que ha impulsado en parte su campaña de expansión.

A lo largo de 2020, el Tren de Aragua consolidó sus operaciones en zonas estratégicas para el crimen transnacional organizado, como Táchira, Bolívar y Sucre, donde están bien posicionados para beneficiarse del contrabando transfronterizo y los flujos de migrantes. Es muy probable que esto haya permitido a la banda compensar las pérdidas de ganancias de economías criminales que se han visto afectadas por la pandemia, como el narcomenudeo y el robo. En forma simultánea, el éxodo desde Venezuela y la creciente diáspora venezolana ha llevado a la expansión de las actividades de la banda a otros países.

Expansión internacional

Antes de 2020, ya se había reportado la presencia del Tren de Aragua en las fronteras colombiana y brasileña, e incluso en Perú. Por ejemplo, la policía peruana fue la primera en prender las alarmas sobre la presencia del Tren de Aragua en su país en 2018, cuando capturaron a cinco miembros de la banda en conexión con un plan de asalto a un banco. En 2019, también se atribuyó al grupo el ataque a un establecimiento de apuestas en Lima, así como el brutal desmembramiento de dos sujetos en una habitación de hotel.

A mediados de 2019, se confirmó la presencia del grupo en Colombia, cuando ocho miembros del grupo fueron capturados en la ciudad fronteriza de Cúcuta. Pares, organización no gubernamental de Colombia, denunció que la migración se había logrado con apoyo de Los Urabeños, una de las redes criminales con mayor poder y presencia en el territorio colombiano.

Poco después de eso, los organismos de seguridad brasileños informaron que había células del Tren de Aragua operando en Pacaraima, norte de Brasil, y que miembros de la banda en custodia estaban comenzando a crear células dentro del sistema penitenciario brasileño. Los medios brasileños señalaron que la banda había ganado control en el país con el tráfico de personas y la extorsión a migrantes venezolanos en la frontera.

Durante 2020, este modus operandi también ha sido la columna central de las operaciones del Tren de Aragua en la frontera colombiana. Un experto internacional en seguridad, del departamento de Norte de Santander, que solicitó mantenerse en el anonimato, explicó que la banda ha consolidado su control sobre la extorsión de migrantes en los cruces fronterizos ilegales que conectan a San Antonio del Táchira con Cúcuta, eludiendo la feroz competencia de grupos rivales. Desde allí, la banda lucha por expandir sus operaciones al microtráfico y la extorsión, lo que ha desatado una escalada de violencia en todos los alrededores.

VEA TAMBIÉN: Bandas de Venezuela penetran aún más en Colombia

En octubre, cuatro miembros del Tren de Aragua fueron deportados desde Cúcuta luego de fugarse de una prisión en Táchira, lo que revela que la banda está usando a Colombia como escondite de las autoridades venezolanas. Los hombres fueron capturados en un hotel cerca de la terminal de autobuses, desde donde planeaban trasladarse al interior de Colombia.

El hecho da credibilidad a la información de que la banda ya ha establecido células en otras regiones de Colombia. Fuentes de la policía colombiana y venezolana han dicho a InSight Crime que el Tren de Aragua opera en la ciudad de Barranquilla, sobre el Caribe, al sur de la capital Bogotá, y en el distrito de Soacha, satélite de Bogotá.

En noviembre de 2020, la policía ecuatoriana anunció la desarticulación de una célula del grupo en Tulcán, sobre la frontera entre Colombia y Ecuador. El grupo estaba implicado en la extorsión al sistema local de transporte público y en el tráfico de migrantes de Colombia a Ecuador, en camino hacia Perú. En el mismo Perú, fue arrestado un miembro más del Tren de Aragua lo que se suma a la evidencia de que células disidentes del grupo se han asentado en el país.

Hasta ahora, las células de la banda en el extranjero se han asociado en su mayor parte con extorsión, robo a mano armada y tráfico de migrantes, lo que indica que el empobrecimiento en Venezuela ha llevado a los miembros de la banda a buscar nuevas poblaciones para explotar en otros países.

Fuentes de la policía venezolana creen que hay motivos más sistémicos, en especial la búsqueda de rutas de drogas para permitir a la banda el desarrollo de operaciones de tráfico fuera de Venezuela. Aunque esa afirmación también la hizo un alto oficial de la policía colombiana, el general Nicacio Martínez, falta evidencia sustancial que lo demuestre. Aunque la evolución de la banda en Venezuela indica que el desarrollo de corredores de droga sí está entre sus intereses, queda la duda de si su modus operandi se prestaría para la economía más sofisticada y competitiva que es el narcotráfico transnacional.

También persisten los interrogantes sobre el grado de control entre el mando central del Tren de Aragua y las células que llevan su nombre en el exterior. Pese a la rápida expansión de la banda y la proliferación de células disidentes, sus mandos aún parecen muy centralizados en la figura de “Niño” Guerrero. Esto hace cuestionable que la banda pueda mantener una cadena de mando efectiva entre su centro operativo y una red internacional.

Por otro lado, el modelo de tercerización criminal mediante el cual la banda se ha expandido dentro de Venezuela sugiere que la fortaleza de la estructura federada del grupo puede haber suplantado sus cabezas visibles. Esto da cierta credibilidad a las fuentes policiales que insisten en que esas células extranjeras siguen ligadas a la estructura central del Tren de Aragua.

La exportación del crimen organizado venezolano

El Tren de Aragua no es con mucho la única banda venezolana que ha expandido sus tentáculos a países vecinos. De hecho, su elección como Ganador Criminal también permite explicar cómo varias prominentes megabandas de Venezuela están siguiendo sus pasos.

En noviembre de 2020, el asesinato del mafioso venezolano Willy Meleán por parte de la policía en Sabana de Torres, en el departamento colombiano de Santander, dejó ver cómo las redes criminales venezolanas siguen consolidándose en Colombia.

Los Meleán es uno de varios clanes criminales rivales asentados en el estado de Zulia, noroeste de Venezuela. Aunque los miembros de estas bandas han usado el norte de Colombia como refugio —como quedó en evidencia con los ataques en suelo colombiano desde 2012 incluso— tanto sus actividades criminales como sus enemistades se han intensificado en el país a lo largo de 2020.

Lo cierto es que Colombia se ha convertido en campo de batalla regular para las rivalidades entre bandas venezolanas.

En enero de 2020, Hugo González Rico, alias “Kike”, fue asesinado en Barranquilla, en un ataque atribuido a sus rivales Los Meleán. González era un miembro influyente de la banda carcelaria de Zulia, el Tren del Norte, que mantiene nexos históricos con el Tren de Aragua, según fuentes de la policía y periodistas locales consultados por InSight Crime.

Una nueva espiral de violencia se atribuyó al conflicto entre Los Meleán y la banda liderada por Erick Alberto Parra Mendoza, alias “Yeico Masacre”. Una nota de El Tiempo vinculó a ese conflicto al menos 12 homicidios ocurridos en Colombia, incluida la masacre de dos miembros de la familia Parra Mendoza en Ibagué en febrero de 2020, y un doble homicidio en retaliación en Bogotá en junio.

Estas estructuras criminales ahora dirigen operaciones de robo, extorsión, prostitución y microtráfico en Barranquilla, Valledupar, Santa Marta, Riohacha, Ibagué, Soacha y Bogotá, según la revista Semana. Los choques entre Los Meleán y Yeico Masacre en Bogotá se han atribuido a disputas por el control de los territorios de distribución de narcóticos en los sectores de Fontibón, Chapinero y Santa Fe.

Incluso existe evidencia de que esta expansión ha sido facilitada por funcionarios colombianos corruptos. Luego del homicidio de Willy Meleán, una auditoría llevada a cabo por las autoridades colombianas reveló que una oficina de registro en Galapa, Atlántico, había emitido identificaciones fraudulentas a 76 venezolanos, entre ellos Willy Meleán y otras personas sospechosas de pertenecer a su banda.

Estos grupos también pueden estar expandiendo su influencia más allá de Colombia. Por ejemplo, en 2019 se denunció que alias “Kike” —el jefe del Tren del Norte que luego sería asesinado en Barranquilla— se encontraba purgando una sentencia en Panamá, donde lideraba una célula criminal conocida como “Los Internacionales”. Desde la prisión, este mantuvo sus operaciones criminales directas, incluidos homicidios.

Pero 2020 fue el año del Tren de Aragua, tanto en Venezuela como en otros países, y por eso es nuestro Ganador Criminal del año.

*Un Ganador Criminal es una organización o persona que obtuvo grandes avances en sus objetivos criminales a pesar de grandes adversidades o contra todo pronóstico; logró cambios en el hampa gracias a alguna acción ingeniosa, o mediante alguna alianza u otros medios; estableció un poder o hegemonía sin precedentes; o en general demostró una enorme destreza para la criminalidad o la corrupción. El ganador es elegido por el equipo de InSight Crime, el cual hace una votación a partir de tres candidatos propuestos por los editores del sitio.

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