Gobierno de México lucha por controlar las carreteras que manejan los carteles

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La continua presencia de grupos criminales a lo largo de algunas de las carreteras de México, especialmente en el asediado noreste, se ha convertido en una prueba de fuego para evaluar el grado de control que el estado realmente ejerce sobre ciertos lugares del país.

A principios de este año, dos periodistas mexicanos del estado de Tamaulipas estaban viajando de regreso a la ciudad fronteriza de Reynosa desde Ciudad Victoria, en lo que debió haber sido un viaje de rutina. Sin embargo, estuvieron a punto de perder la vida tras tropezarse con un escuadrón de hombres armados que obligaban a varios vehículos a estacionarse a un lado de la carretera. Un tiroteo estalló cerca del lugar y se las arreglaron para escapar, pero los hombres armados les dispararon y uno de los periodistas recibió un disparo en el brazo. Ella sobrevivió, pero tuvo que recibir atención médica.

El incidente no es de ninguna manera aislado -es parte de un problema que ha plagado partes de México desde que se intensificó la violencia relacionada con los carteles, a partir de 2008. Hombres armados vinculados a los carteles operan puestos de control improvisados o retienen automóviles como parte de sus esfuerzos por controlar el territorio. Los criminals operan en la noche o en pleno día, a veces vestidos de civil y en ocasiones en atuendo militar.

En muchos casos, los grupos criminales simplemente quieren saber quién está pasando a través de la zona. Piden papeles o verifican los camiones. En otros lugares, quieren cobrarle a la gente el derecho al paso. En el peor de los casos, ellos están buscando robar vehículos o secuestrar a los pasajeros. Es como jugar a la ruleta rusa: Si usted es detenido, usted no sabe si va a ser un susto o si eso va a conducir a su secuestro.

Puede que ahora haya un poco menos de puestos de control de los carteles, en comparación con los peores años de la violencia en México -entre 2010 y 2011- cuando los Zetas y sus progenitores del Cartel del Golfo entraron en una guerra a gran escala en algunas partes del noreste. Pero siguen siendo un problema persistente.

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Ambos grupos criminales operan puestos de control en Tamaulipas, el estado rico en petróleo que colinda con el Valle del Río Grande de Texas. Estos puestos de control se encuentran presentes en la principal carretera fronteriza de Reynosa a Nuevo Laredo. Hombres armados del cartel también actúan en las carreteras de Coahuila, Durango, Sinaloa, Chihuahua, Guerrero y Michoacán, entre otros estados.

La amenaza de estos hombres armados ha obligado a algunos residentes a abandonar los viajes no esenciales hacia ciertas áreas. Hay gente en Tamaulipas que no ha ido a pueblos vecinos durante varios años debido a preocupaciones de seguridad. Aquellos en la carretera por trabajo, bien sea como ingeniero, encuestador, conductor de camión o vendedor, puede arriesgar su vida por lo que serían trabajos sencillos en tiempos más pacíficos. Muchos medios de comunicación no permiten que sus periodistas viajen por ciertas rutas, dejando vacíos en la información. Las compañías internacionales que observan las inversiones energéticas en la zona se ven obligadas a considerar estos riesgos en sus planes de negocios.

Los puestos de control de los carteles son también un fuerte insulto para el gobierno mexicano. El control de las principales carreteras es una parte esencial de tener el monopolio del uso de la fuerza, y el buen funcionamiento de un Estado depende del acceso a todo el territorio nacional para proporcionar los servicios básicos. Es comprensible que no todos los caminos alternativos en las montañas de Sinaloa o Chiapas puedan ser vigilados. Pero perder el control de carreteras en las zonas industrializadas junto a la frontera con Estados Unidos es una señal de seria impotencia estatal.

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto parece estar reconociendo lentamente este desafío. Como parte de una ofensiva federal en Tamaulipas, lanzada en mayo, las tropas han hecho esfuerzos concertados para asegurar las carreteras, particularmente la carretera de Ciudad Victoria a Reynosa donde la periodista recibió un disparo en el brazo. Al viajar por la ruta en junio, documenté siete retenes de policías federales, soldados e infantes de marina y diez convoyes que patrullaban la carretera.

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Pero este control es tenue. El 26 de junio, un convoy de hombres armados atacó una patrulla de la policía federal a las afueras de San Fernando, una zona que se hizo famosa en 2011 por el descubrimiento de fosas comunes que contenían los cuerpos de más de 100 víctimas que las autoridades dijeron que habían sido recogidos de los puestos de control establecidos por los criminales. Por lo menos un oficial resultó muerto y tres más resultaron heridos en la emboscada.

Tampoco está claro cuánto tiempo las fuerzas de seguridad pueden -o van a- mantener el alto número de tropas. Un comandante de la policía estatal con el que hablé dijo que uno de los problemas era el número de carreteras secundarias accidentadas, conocidas como brechas, que se entrecruzan en Tamaulipas e intersectan con la carretera principal. Hombres armados de los carteles pueden utilizar estos caminos de tierra para llegar a la carretera, secuestrar a la gente, y llevarla de vuelta a los muchos ranchos solitarios dispersos en todo el estado. La policía incluso ha discutido el tratar de bloquear algunos de estos caminos de tierra con concreto, pero esto no es realmente una opción viable, ya que son utilizados por los agricultores locales.

Los soldados y la policía han recurrido a escoltar a las personas en convoyes por seguridad. La mayoría de ellos están organizados de manera informal por empresarios u otras personas con conexiones. La policía o los soldados también actúan como escoltas de algunos periodistas, lo que les permite viajar a zonas difíciles. Si bien no es ideal reportar junto a tropas enmascaradas con ametralladoras, de esta manera los periodistas pueden cubrir historias importantes sin arriesgarse demasiado.

En medio de las misiones de alto perfil para cazar a los capos del cartel y la incautación de mega cargamentos de drogas, los jefes de seguridad de México a menudo han pasado por alto la tarea fundamental de controlar las carreteras. Pero cuestiones básicas, como poder viajar de pueblo en pueblo de manera segura, son el tipo de situaciones a las que millones de personas en México se enfrentan todos los días. La medida en la que el gobierno sea capaz de abordar estas cuestiones tendrá un gran impacto en la percepción de las personas sobre si su país es cada vez más seguro -o está fracasando en sus funciones de seguridad rudimentarias.

*Ioan Grillo es corresponsal experimentado de GlobalPost y el autor de El Narco: En el corazón de la insurgencia criminal mexicana. Usted puede leer más de su trabajo en: www.globalpost.com y www.ioangrillo.com

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