¿Qué dicen las cifras de homicidios sobre el crimen organizado en Costa Rica?

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La relativa calma de la que gozaba Costa Rica, en comparación con otros países de Centroamérica, se vio opacada en los últimos años por el alza en los homicidios como producto del florecimiento del crimen organizado nacional y transnacional.

Aunque las autoridades han logrado contrarrestar la situación, aún hay un largo camino por recorrer.

Desde 2014, las cifras de homicidios venían en aumento constante. En 2017, con 603 homicidios, equivalentes a una tasa de 12,1 por 100.000 habitantes, el país reportó la cifra más alta en toda su historia.

En 2018, con 585 víctimas, se revirtió la tendencia al alza y la tasa se redujo a 11,7. En 2019, con 560 asesinatos, equivalentes a una tasa de 11 por cada 100.000 habitantes, los homicidios tuvieron una pequeña pero significativa reducción respecto a 2018.

En los primeros dos meses de 2020 el panorama es menos alentador. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), al 2 de marzo había registro de 106 homicidios, mientras que en el mismo periodo en 2019 hubo 91 casos.

De acuerdo con el Programa Estado de la Nación, una organización que promueve el desarrollo humano en Costa Rica y Centroamérica en general, aproximadamente el 89 por ciento de las víctimas de homicidios son hombres y las armas de fuego han sido el instrumento más usado para cometer los asesinatos en el país.

Análisis de InSight Crime

Los asesinatos se concentran en áreas de importancia estratégica para el crimen organizado nacional y transnacional.

Fuente: Estado de la Nación, 2019

Los cantones que han registrado una tasa superior a los 20 homicidios por cada 100.000 habitantes de manera sostenida desde 2003 hasta 2018 son Limón, San José, Garabito, Orotina, Tibás, Pococí, Matina y Corredores.

Fuente: Estado de la Nación, 2019

Mediante un análisis geoestadístico, Estado de la Nación identificó que existen patrones de concentración de incautaciones de drogas, en su mayoría marihuana, en las mismas regiones donde se presentan las tasas de homicidios más altas. Estos también son, por lo general, los territorios con mayor rezago institucional, donde las oportunidades de movilidad social son escasas y la pobreza abunda.

La correlación entre la incidencia de homicidios y la incautación de drogas es particularmente alta en las provincias de Limón, Heredia y Cartago, seguidas de San José y Alajuela.

Fuente: Estado de la Nación, 2019

Autoridades e investigadores entrevistados por InSight Crime coinciden en que un importante porcentaje de los asesinatos en el país están relacionados con las disputas de bandas criminales por el control de los mercados de droga locales, o por los “tumbes”, como se le llama al robo de cargamentos de drogas.

Poco después de la captura del narcotraficante Marco Antonio Zamora, alias “El Indio” en 2012, Luis Ángel Martínez Fajardo, alias “El Pollo”, quien hacía parte de la estructura de Zamora, decidió empezar su propia organización, lo que abrió la puerta a una sangrienta lucha por el control de las plazas para el expendio de drogas en algunas zonas de San José. El pleito provocó un aumento considerable en los homicidios, especialmente a partir de 2014. Una situación similar ocurría con numerosas bandas en otras regiones del país.

Sin embargo, la cantidad de los homicidios relacionados con el crimen organizado han disminuido en años recientes. “[Hoy] menos de la mitad [de los homicidios] están relacionados con el crimen organizado”, afirma el fiscal adjunto de Limón, Manuel Jiménez. “Pero esto no fue así hace unos años, cuando la mayoría de los homicidios estaban vinculados al crimen organizado”.

Tanto el ministro de Seguridad, Michael Soto, como el fiscal Jiménez aseguran que las razones para la disminución en la tasa de homicidios a partir de 2018 han sido las constantes operaciones e intervenciones en los puntos críticos de violencia, las incautaciones de armas y las capturas de cabecillas de bandas criminales. Sin embargo, muchas bandas siguen funcionando con su líder desde prisión, aunque más debilitadas.

“Hemos notado que, aunque quitemos al cabecilla, la parte más importante de la organización siempre va a continuar”, asegura Jiménez.

Además, dice el fiscal, los grupos de crimen organizado asesinan menos porque se han dado cuenta de que “la violencia es mala para los negocios”.

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