Imágenes de El Salvador, nueva capital del asesinato en el mundo

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Salvador Meléndez, fotógrafo de Factum, ha armado un álbum sobre la violencia que abate al país. Sus fotos empiezan en 2010, recordando la vez en que pandilleros del Barrio 18 prendieron un microbús lleno de gente. Un poderoso testimonio gráfico de esa debacle social a la que Meléndez llama la “guerra sin comandantes.”

Violencia social. Guerra. El año pasado, 6.657 homicidios. Entre el 1º de enero y el 21 de febrero del presente año, 1.622 homicidios. Veintitrés salvadoreños asesinados cada día en 2016, según lo confirmó recién Howard Augusto Cotto, el director de la Policia Nacional Civil (PNC).

Este artículo apareció originalmente en la Revista Factum y fue editado y publicado con permiso, pero no necesariamente refleja las opiniones de InSight Crime. Vea el artículo original aquí.

Las víctimas pueden ser pandilleros o la vecina que vende tortillas en un vecindario controlado por pandillas y en el que el Estado no ejerce control. Y, luego, los desplazamientos forzados: familias enteras que abandonan sus casas por temor.

Un salvadoreño muere cada 60 minutos en El Salvador, uno de los países más violentos del mundo. Aquí hay que huir para vivir. O hay que ver, oír y callar para sobrevivir. Y mientras el baño de sangre sigue en barrios y cantones, los políticos se desgañitan; llenan los titulares con acusaciones mutuas por la violencia, acusaciones estériles.

{module La Guerra sin Comandante}

Fotos tomadas por el autor

La violencia tiene muchos nombres y formas. Hay masacres. Enfrentamientos entre policías y pandillas. Asesinatos cometidos por policías. Ejecuciones. Desmembramientos. Ametrallamientos. Amenazas de muerte. Desalojos. Y nos volvemos indiferentes ante tanta sangre en el país de ver, oír y callar.

Y los muertos siguen muriendo. Hay días en que mueren hasta 52 personas, como ocurrió el 23 de agosto de 2015, el día más violento de la década. Ese mes hubo 911 asesinatos según Medicina Legal. 336 en enero, 307 en febrero, 484 en marzo, 418 en abril, 643 en mayo, 677 en junio, 477 en julio… 6.657 homicidio al final de 2015.

Antes de la fallida tregua entre pandillas que gestó el gobierno de Mauricio Funes, la violencia era ya una marca registrada en El Salvador.

El 20 de junio de 2010, un grupo de pandilleros del Barrio 18 secuestro un microbús en Mexicanos, encerró a los pasajeros, los roció con gasolina y les prendió fuego. El resultado: 13 personas calcinadas; algunos cadáveres quedaron fundidos entre los hierros del vehículo…

Ese día, las pandillas mostraron que tenían de rodillas al gobierno y al país.

Aquel 20 de junio yo estaba a 13.374 kilómetros de San Salvador y con ocho horas de diferencia; cubría el juego entre Brasil y Costa de Marfil durante el Mundial FIFA de Fútbol en Sudáfrica, y la única violencia que registré con la cámara de El Gráfico fue una falta que Kaká le cometió a Keita en el minuto 88, lo que le valió la expulsión al brasileño. Los únicos gritos que escuchaba eran de aficionados y  jugadores que reclamaban, más algunos empujones entre los protagonistas del encuentro.

El viernes 23 de mayo de 2014 fue otro día nefasto; las pandillas lo llamaron ‘’viernes negro’’. Ese día, las pandillas mostraron que tenían de rodillas al gobierno y al país. Un grupo de pandilleros disfrazados como empleados del Fondo de Conservación Vial (FOVIAL) ametrallaron el interior de un bus de la ruta 302, asesinaron a seis personas, entre ellos custodios del Penal de Máxima Seguridad de Zacatecoluca. Aquel día dejó luto a 38 familias.

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En 2014, el verdugo designado para acabar con el trabajo del general David Munguía Payés y su ‘’gang truce’’ fue el Ingeniero Ricardo Perdomo, ex jefe del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE) nombrado Ministro de Justicia y Seguridad Pública. Perdomo movió piezas y generó una reacción que llegó hasta el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, que el 5 de enero de 2015 declaró que no seguiría negociando con las pandillas.

El 28 y 29 de julio del año pasado, gracias en parte a todo el poder acumulado, las pandillas forzaron un paro de transporte que dejó al gobierno de Sánchez Cerén suplicándole a la población que no se dejara amedrentar.

Durante estos días de resignación, los salvadoreños de a pie, aquellos que  pasan de los 40 años y que a diario toman el autobús para llegar temprano a sus trabajos, han revivido escenas de los años ochentas, cuando en medio de la guerra las calles estaban custodiadas por tanquetas y los camiones ‘’Mazinger’’ servían de transporte de pasajeros.

El último informe de la PNC cuenta cerca de 100 enfrentamientos armados en lo que va del 2016 entre policías, militares y pandilleros… La guerra sin comandantes continúa.

*Este artículo apareció originalmente en la Revista Factum y fue editado y publicado con permiso, pero no necesariamente refleja las opiniones de InSight Crime. Vea el artículo original aquí

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