Impunidad en masacre de albergue de niñas, otra mancha en el sistema de justicia de Guatemala

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Este reportaje tiene contenidos fuertes. Los publicamos para que no queden en la impunidad … y para que el Gobierno demuestre qué está haciendo para que estos tratos crueles e inhumanos no vuelvan a repetirse en los nuevos hogares seguros de Guatemala.

El sistema de protección a la niñez de Guatemala explotó un 8 de marzo de 2017, pero nada parece haber cambiado durante el gobierno de Jimmy Morales. El incendio en el Hogar Seguro Virgen de La Asunción acabó con la vida de 41 niñas, pero no con las razones que las llevaron y las mantuvieron allí. El caso cumplió un año y sigue en la impunidad.

Las organizaciones que han acompañado el caso y los familiares de las víctimas se han quejado de que la fiscal general Thelma Aldana no les ha dado más que una audiencia y que ha confiado el caso a su mano derecha, la secretaria general Mayra Véliz, quien busca ser electa Fiscal General. Pero tampoco Mayra Véliz ha mostrado interés por investigar a fondo el delito de tortura y las denuncias de redes de explotación sexual. Estas denuncias están en la Fiscalía de la Niñez. Cuándo van a dar resultados, no sabemos. Pero allí están los expedientes.

*Este artículo fue publicado originalmente en Nómada. Fue editado y publicado con permiso. No representa necesariamente las opiniones de InSight Crime. Vea el original aquí.

El Hogar Seguro estaba dividido en cinco grandes áreas: Casa Alegría, donde eran albergados desde bebés hasta niños y niñas de 5 años; Casa Elisa Martínez, con niños de 6 a 12 años; Mis Princesas, con niñas de 6 a 12 años; San Gabriel, para adolescentes hombres de 13 a 17 años; y Mi Hogar, para adolescentes mujeres entre los 13 y 17 años, aunque habían algunos mayores de edad.

Tanto los adolescentes hombres como las mujeres mayores de 13 años eran enviados a módulos específicos de acuerdo con el perfil que se les asignaba al ingresar al Hogar. Para separarlos de acuerdo con sus necesidades y orígenes, las autoridades del lugar decidieron sectorizarlos. Habían módulos para niños que ingresaban por consumo de drogas, por vivir en la calle, otros por ser víctimas de trata de personas.

Luego del incendio las instituciones que debían velar por la integridad de los menores de edad, tenían diferentes cifras de cuántos niños, niñas y adolescentes estaban albergados allí.

El Hogar fue creado durante el gobierno de Álvaro Colom en 2010. nunca tuvo protocolos ni procedimientos para actuar en caso de una emergencia, de una revuelta, una crisis colectiva o para saber cómo reaccionar ante niños o niñas en estado de agitación. La situación empeoró con el gobierno de Otto Pérez Molina en 2012. Y en el segundo año de Jimmy Morales ocurrió la masacre del 8 de marzo de 2017.

Un primer día en el Hogar Seguro

Clara entró al Hogar Seguro Virgen de la Asunción la medianoche de un día de septiembre del 2016. Tenía 14 años y una mochila con varias mudas de ropa. Una monitora abrió la puerta del Módulo 6 del área Mi Hogar, y despertó al resto de adolescentes con el grito: “¡Nuevo ingreso!”.

Todas voltearon a ver a Clara. Ella se acercó a la cama que le asignaron y cuando la monitora cerró la puerta, un grupo de niñas empezó a interrogarla. Bajo acusaciones de que era pandillera del Barrio 18, decidieron darle la “bienvenida”. Unas 10 adolescentes la golpearon y la patearon esa primera noche. Además le dieron 18 “pechugazos”, que en la jerga del Hogar significaba golpes en el pecho con los dos puños.

En abril del 2012, por orden de un juez, tres adolescentes llegaron al Hogar Seguro. Su ingreso fue registrado así: “por abuso de drogas, callejización, rebeldía y posible filiación a pandillas”. Tenían 13, 14 y 15 años.

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Adentro un lugar oscuro los recibió. Su primer día en el Hogar Seguro quedó consignado en una denuncia.

“El sábado en la tarde nos dieron la bienvenida, que es 18 pechugazos, o sea manadas en el pecho, estoy todo morado, después de dijeron que si quería que me nalguearan (abusar sexualmente), me agarraron entre cuatro, se empezaron a masturbar, me pusieron eso en la cara (pene) me dijeron que se las mamara, como no quería me pegaron, entonces me taparon los ojos, me agarraron las manos y me metieron eso atrás los cuatro”.

Una suerte parecida corrieron los otros dos jóvenes que ingresaron en abril de 2012 y fueron trasladados a otra área.

Los tres provenían de otro lugar oscuro y tenebroso, su casa, donde uno de sus familiares, un hombre de 33 años, abusaba sexualmente de ellos por lo que buscaron refugio en el Estado. No lo encontraron y sus denuncias quedaron olvidadas en documentos y expedientes administrativos.

Un día normal en el albergue

El Hogar Seguro era una especie de ciudad peligrosa en la que quien no se sabía cuidar sola o solo, estaba más expuesto. Después de esquivar los peligros de la calle, de la misma casa, al llegar al Hogar Seguro los niños y las niñas tenían que seguir en guardia. La violencia entre los mismos jóvenes, los abusos sexuales, la falta de capacidad y experiencia del personal y la falta de procedimientos y protocolos en la institución, todo estaba mal y complicaba la ya difícil vida de los niños y niñas.

Existen denuncias por abusos entre las adolescentes. Por ejemplo, según una de estas denuncias, el 1 de octubre del 2016, una adolescente de 15 años fue agredida por un grupo de 20 niñas de otro módulo, que le propinaron manotazos, patadas en el rostro, abdomen, piernas y espalda. En la misma denuncia dice que una de las niñas amenazó a otra por supuesta rivalidad entre pandillas.

Al día siguiente de ese incidente de octubre de 2016, dos adolescentes denunciaron que compañeras de otros módulos llegaron a buscarlas y para sacarlas de su dormitorio apagaron la luz una y otra vez y la levantaron de la cama. Fueron agredidas por aproximadamente 26 niñas, dicen la denuncia.

Cuando las niñas notaron la presencia de dos monitoras, le dijeron que se levantara del suelo, le dieron una escoba para que les limpiara el baño. Una de las monitoras la encerró en la regadera y le preguntó qué había pasado. Con temor de ser asesinada, denunció los hechos, pero terminó su denuncia con un: “es lo único que puedo decir”.

Otro día en el Hogar Seguro. Era una tarde de sábado de agosto del 2012, cuatro niños jugaban cincos sobre la tierra mojada. Había llovido.

“El sábado yo estaba jugando canicas con ellas y como llovió había ronrones, entonces dos de ellas le dieron el ronrón a la otra, ella me lo puso en la camisa y yo me asusté, entonces me lo quité de la camisa, luego se lo volvieron a pasar fue entonces cuando me lo metió a la boca, yo me puse a llorar y me lo saqué, entonces se enojó y me agarró del cuello con las manos pero la pierna me la puso en el pecho, yo pensé que me iba a matar, yo sentía que me quedaba sin aire, las otras dos se reían, fue cuando llegó una seño y ella me ayudó. Pero yo no volvía, me costó, sentía que me moría”.

Estuvo cerca de morir, relató una monitora. “El sábado yo iba por el área de juegos cuando me di cuenta que la niña lo estaba ahorcando. El niño estaba morado y con los ojos blancos, ella lo tenía con las dos manos alrededor del cuello, y con la pierna en el pecho, cuando yo llegué y le dije que lo soltara, ella comenzó a insultarme, el niño tardó aproximadamente un minuto en volver en sí”.

Otro día documentado en las denuncias fue en diciembre del 2012, cuando el gobierno de Pérez Molina y Roxana Baldetti preparaba con bombos y platillos el cambio de Baktún. Dos adolescentes caminaban juntas. La declaración de una de ellas es parte de la denuncia:

“Iba caminando conmigo cuando el policía le dijo que sí le iba a dar algo, ella le dijo que sí, entonces se la llevó al cuartito, que está por allá arriba en la garita donde está la Torre; fue como a las 6 de la tarde, ellos no vieron que yo los seguí y por un agujero que había en la puerta, vi lo que hicieron. Ella se quitó la ropa, y el policía también, luego él se le montó encima. Cuando salimos ella me dijo que me iba a verguiar si decía algo, entonces por eso no dije nada hasta ahora”.

En una carta de febrero del 2012, un grupo de psicólogos que trabajaban en el Hogar denunció lo expuestas que estaban las menores de edad: “Las niñas y adolescentes manifestaban de forma recurrente su malestar por haber sido objeto de maltrato físico, verbal y psicológico consistentes en amenazas, humillaciones con palabras soeces y apodos, sanciones consistentes en ejercicios físicos excesivos, privación de alimentos, exhibiéndolas en ropa interior en horas de madrugada, bajo la lluvia; así mismo se tiene conocimiento que las facilitadoras del área permitían que las mismas adolescentes agredieran a otras, como manera de castigo”.

En esa carta se consignaba el nombre de seis monitoras, y se enfatizaba que las autoridades del Hogar ya habían sido alertadas de la situación pero que nunca observaron seguimiento o medidas de intervención en las denuncias.

Sin lugar para la inocencia: violencia sexual

En el Hogar Seguro Virgen de la Asunción todos los niños y niñas estaban expuestos. Incluso adolescentes con discapacidades emocionales y con identidad sexual diversa.

Como William, que ingresó al hogar con diagnóstico de discapacidad intelectual, además de síndrome compulsivo, que recibía tratamiento médico y educación especializada. Pero no estuvo a salvo.

“Fuimos informados por una monitora que el niño había sido abusado sexualmente por el monitor en uno de los días en que estuvo de turno en el dormitorio siete. Dicho monitor estuvo de turno con los niños y adolescentes con capacidades diferentes del 16 al 31 de enero mientras la monitora se encontraba de vacaciones”.

Atendiendo esta petición, psicólogos encargados de dicho hogar realizaron una entrevista, tomando en cuenta la discapacidad intelectual del adolescente, obteniendo dicho relato “el profe César me hizo mañas, me tocó con el pene (señala el dibujo), me lo puso en las nalgas y me lo metió. Yo estaba acostado, los demás estaban viendo tele, también me hizo así (toma un lápiz y realiza un gesto de masturbación)”.

Los protagonistas de estas historias tenían menos de un mes en el Hogar.

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El 10 de octubre de 2016 un abogado de la Secretaría de Bienestar Social y el Hogar Seguro, denunció que una adolescente se había “dedicado a la captación de adolescentes mujeres que se encuentran abrigadas, obligándolas a abandonar el proceso a cambio de ofrecerles dinero, ropa, vivienda y estudio, lo cual no es cierto porque según la seguridad perimetral de la institución han visto que cuando salen las esperan en vehículos para transportarlas abandonando el hogar por dos, tres, cuatro hasta cinco días, volviendo algunas y otras desconocemos su paradero”.

El 13 de octubre del 2016, una menor de edad dijo que en septiembre se escapó del Hogar Seguro junto a seis niñas y que una de ellas las convenció para ir a una casa ubicada en la Colonia El Limón, en la zona 18. La casa de dos niveles, de block sin pintar, estaba frente a una garita, donde las vieron entrar al lugar y no preguntaron nada.

“Cuando llegamos a esa casa nos dijeron que íbamos a estar bien, que nos iban a dar ropa, dinero, teléfono y lo que teníamos que hacer es vigilar los camiones, no sé de qué eran los camiones. Ellos son de la mara 18 y que si nosotras mirábamos que los de la mara trece, hacían algo, ellos les iban a quebrar el culo, y nos dijeron que nos iban a tatuar y rapar para que nosotras fuéramos algo y le subieron el volumen al equipo de sonido. Más noche sentí que querían abrir la puerta del cuarto donde estábamos durmiendo pero no pudieron”. Un grupo escapó al día siguiente.

Y después de la tragedia qué

El 8 de marzo de 2017, periodistas de Nómada acudieron a cubrir la masacre de 41 adolescentes y empezaron a hablar con los vecinos para entender qué había ocasionado que una tarde antes, las adolescentes se rebelaran e intentaran fugarse.

Una mujer habló con los ojos llorosos, dijo que era una vecina. Que el 7 de marzo se acercó al Hogar cuando escuchó que había problemas, que vio cómo las niñas tiraban piedras a sus maestros y a los policías mientras gritaban:

–Viólennos aquí, delante de todos. Vengan a violarnos pues, si eso quieren otra vez.

“Ésta fue una rebelión de niñas. Cualquiera que viva aquí cerca sabe que esto es un infierno”, completó la mujer, entre lágrimas.

Recordar a las niñas víctimas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción es imaginarlas en llamas, tratando de salvar sus vidas. Es recordar los lentos procesos del sistema de justicia y protección a la niñez del Estado de Guatemala.

*Este artículo fue publicado originalmente en Nómada Fue editado y publicado con permiso. No representa necesariamente las opiniones de InSight Crime. Vea el original aquí.

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