Informando Desde Ilopango: La Primera Zona de Paz de El Salvador

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El Faro cuenta la historia del primer mes de Ilopango como un municipio “libre de violencia”, después de haber sido nombrado como la primera “zona de paz” en ser lanzada como parte de la tregua entre pandillas de El Salvador.

Ilopango – uno de los 14 municipios que conforman el área metropolitana de San Salvador, e históricamente uno de los más violentos – fue elegido como la primera área para la implementación de las zonas de paz. Las zonas hacen parte de la segunda fase de la tregua entre las pandillas del país, negociada entre el gobierno y las pandillas Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18. En enero, las pandillas de Ilopango aceptaron entregar sus armas y poner fin a todas las formas de actividad criminal.

No obstante, los primeros meses del área designada como zona “libre de violencia” han sido dificiles. Una serie de asesinatos en febrero, tres de los cuales tuvieron lugar en Ilopango, aumentaron la preocupación sobre las perspectivas de la tregua a largo plazo, aunque el Ministro de Justicia y Seguridad Pública, David Munguía Payés, negó que estos asesinatos socavaran la tregua o la idea de las zonas de paz.

En este contexto, El Faro entrevistó a miembros de ambas pandillas en Ilopango para hacer un cuadro de las pruebas y los logros del proceso hasta el momento. La siguiente, es la selección de InSight Crime de extractos del artículo, con el permiso de El Faro. El texto completo se puede leer en El Faro.

¿Qué pasó en Ilopango durante su primer mes como municipio “libre de violencia”? Más allá de los números fríos, que anuncian un incontestable desplome de los homicidios, Ilopango muestra a unas pandillas con el dilema de intentar reinventarse y a la vez preservar su esencia, y a una comunidad sometida por la brutalidad pandilleril deseosa de creer en la única esperanza que ha visitado en años: la tregua. Esta es la historia del primer municipio santuario y de su lucha por creer sus propias promesas.

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Están [la MS13] a punto de inaugurar una nueva granja de pollos, en el mismo lugar que hace años funcionó otra. Esta vez han sido los hommies de la pandilla quienes la han construido con sus propias manos: han aserrado, martillado, cortado, clavado, serruchado… cada pieza de esta granjita.

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Marvin [el vocero de la Mara Salvatrucha de todo Ilopango] espera que esta granja le de sustento a al menos 20 pandilleros y a sus familias. Pero no lo dice con gran contentura –aunque hay que decir que él no dice nada con gran contentura-. Torna los ojos para sacar cuentas: solo en Ilopango hay 14 clicas y la más pequeña es la Guanacos Locos, que tiene 20 miembros. Su propia célula tiene 45 homeboys activos. “Pero no es así nomás, solo nosotros tenemos como a 30 homeboys presos y no los podemos dejar perder, así que solo ahí habría 75 personas y ponele que cada clica ande por ahí… más los 37 muertos que tenemos, que también hay que ver por sus familias…”. Marvin estima que el tamaño del problema es de al menos 500 personas. “Y eso sólo de nosotros, de la MS. ¿cómo ves el problema? Púchica, es grande el problema ¿verdad?”.

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En las actas que hacen constar los acuerdos entre la alcaldía y los pandilleros hubo un cambio de palabras: ya no se trataría de pandilleros, sino de “jóvenes en riesgo”. (…)

Llega el turno de Marvin, [en la inauguración de la ceremonia] (…) “Somos los jóvenes que estamos en riesgo en el municipio de Ilopango. Estamos ansiosos de trabajar, si nos ponen una pala lo hacemos, si nos ponen un martillo lo hacemos, ahora estamos viendo los frutos del esfuerzo (…)”

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Llegó el momento final: el plato fuerte del acto: el turno del alcalde Salvador Ruano (…) Cuando levantó la vista del suelo su voz ya sonaba a grito: “Voy a hacer un llamado a ya no andar con medias tintas al gobierno central, que ¡en lugar de estar gastando grandes cantidades en publicidad vengan y nos den un par de miles de dólares!

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Edwin es el homólogo de Marvin para la pandilla 18 (…) Desde una casa sale el olor amistoso del pan recién hecho. Esta panadería de la clica Tiny Locos fue el primer proyecto de acercamiento entre la alcaldía y los pandilleros del municipio. (…) De hecho, según el alcalde Salvador Ruano, fue en uno de los pasajes de esta colonia donde le sorprendió un dieciochero, con la cara completamente tatuada, mientras hacía campaña pidiendo el voto de los ciudadanos puerta por puerta: “¿Ajá, Ruano, y si ganás será que podemos hablar?”

Edwin me explica cómo las cosas han cambiado, mientras le acaricia el cabello a su hija que se ha raspado las rodillas jugando en el pasaje: insiste en que se han suspendido todo tipo de extorsiones para los vecinos con mini negocios y para entrar a la pandilla ahora ya no se obliga a matar, como hasta hace poco, como en sus tiempos de aspirante.

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Ese [el lugar en donde el evento público se estaba llevando a cabo] es territorio de la Mara Salvatrucha: La alcaldía, el parque central, la escuela y los alrededores se consideran parte de los dominios logrados a fuerza de fuerza por la Mara. Por eso ellos se habían quedado con el parque, a la vista de todos, al lado de las piscinas inflables y habían reservado para sus huéspedes del Barrio 18 (…).

Los políticos se saludaron y se felicitaron, hubo un diputado, hubo un ministro con su viceministro, jefes de policía, pastores, curas, oraciones y se liberaron palomas blancas y Marvin ofreció su discurso en representación de la Mara: “nos comprometemos ante Ilopango a regresarle la paz a este municipio”, y luego Edwin en representación del Barrio 18: “Ya no va a haber más derramamiento de sangre”. Y hubo aplausos.

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Hoy hay reunión de padres de familia en la escuela de la Colonia Las Cañas [ubicada en un barrio peligroso desde hace mucho tiempo, que está controlado por y dividido entre la MS13 y Barrio 18], van a tratar el punto importante de la seguridad para los estudiantes (…) La concurrencia ha venido a escuchar las promesas de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.

Cuando el año pasado la alcaldía formalizó las conversaciones con las pandillas, fueron las clicas de Las Cañas de las primeras en acudir.

(…)

Ambos se comprometieron a acatar una tregua total de no agresión y la 18 se comprometió además a llevar a cabo jornadas de ornato y limpieza en su territorio. Firmó el alcalde Salvador Ruano, firmó el gerente de la alcaldía y firmó el jefe de policía. Los pandilleros escribieron su nombre y estamparon su firma y en el espacio que el documento reserva para el cargo oficial que ocupa el firmante escribieron, MS o 18.

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El 12 de febrero por la tarde el Godo salió a vender aguacates a pie, acompañado de su amigo. Era su segundo recorrido ese día. Por la mañana trabajaba como repartidor de pan para la panadería de la novena etapa de San Bartolo. Era pandillero activo del Barrio 18. Por la tarde vendía aguacates en un canasto. Su nombre real era Kevin Antonio Lemus Paz. Hacía unos días había cumplido 18 años. Cinco tipos le salieron al paso y no le dieron tiempo de nada. Le dejaron 14 agujeros en el cuerpo. Los expertos no se pusieron de acuerdo si fueron 8 u 11 balazos. A unos metros del cadáver quedaron desparramados sus aguacates. El chico que lo acompañaba aseguró que Godo ni siquiera pudo correr. La policía capturó a dos sujetos en flagrancia. Al menos uno tenía tatuada en el cuerpo la M y la S.

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Después de la muerte de Godo, el vendedor de aguacates, los teléfonos del Barrio 18 echaron fuego, hubo quien habló de traición (…) Los pandilleros solo alcanzan a explicar que esa no era clecha de la MS13, que no fue una orden oficial y que los responsables le tendrán que responder a algunos cuyos nombres no se mencionan.

(…)

Una semana después del homicidio de Godo ocurrió la primera reunión conjunta en la sala de sesiones del consejo municipal. La Mara pidió “ser serios y saber que habrá problemas”, pero que aún así hay que seguir con el proceso. También ofreció que cuando un dieciochero entre en su territorio lo van a capturar, pero lo van a entregar con vida a sus enemigos y que esperan que así se comporten también los contrarios. A partir de aquella ocasión acordaron que todas las reuniones serían conjuntas y así ha sido desde entonces.

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El 11 de febrero apareció el cadáver destrozado de un hombre desconocido. Al parecer había sido capturado en otra zona y obligado a caminar amarrado hacia uno de los lugares más miserables e indómitos de Ilopango, la Colonia San Mauricio. Todas las pistas indican que el tipo fue golpeado con brutalidad y que luego intentaron ahorcarlo en una estructura que no soportó el peso. Por eso los asesinos levantaron un tramo de los tubos de cemento que conducen aguas negras y con él le aplastaron la cabeza. La policía busca por esta muerte a dos miembros de la MS a los que solo conoce como Fredy y Alex.

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Posiblemente para que pudiéramos verlo, o quizá porque les importa un pepino si lo vemos, los pandilleros que controlan este lugar [los miembros de la clica Hollywood Gangsters de Barrio 18] se pasan una pistola de mano en mano y fuman marihuana sin parar. (…) Compran una cerveza de litro en la tienda y la beben compartiendo sorbos. Escuchan música en el teléfono (…) Llaman para tener monitoreada la presencia de la policía, activan sus alarmas cuando entra un carro que a lo lejos parece desconocido, reciben a otros homeboys que vienen a este pasaje buscando algo de hierba, se gastan bromas, hablan de la historia de sus tatuajes, escupen, escupen mucho, se adormecen por el efecto pesado y relajante de aquel humo.

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