Informe: ‘Chapo’ Guzmán Obtiene Más Participación en el Mercado en Colombia

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El dios del crimen de México, Joaquín “El Chapo” Guzmán está reforzando su control sobre la producción de cocaína y otras drogas ilícitas en toda la región andina, según la revista de noticas más importante de México.

Citando a académicos y analistas, Proceso dice que la reciente desintegración y debilitamiento de las grandes organizaciones traficantes colombianas han dado a El Chapo, quien es un líder del Cartel de Sinaloa, un espacio para aumentar su dominio en la región.

“Todos los narcotraficantes colombianos quieren hacer acuerdos con él. Ellos lo buscan, le proponen negocios,” dijo a la revista Pablo Ignacio Reyes, un experto en crimen de la Universidad Nacional de Colombia. “En este momento El Chapo es el traficante número uno. Y sus socios aquí dicen que en México él es el dios de los dioses, y el Cartel de Sinaloa es el más fuerte que existe.”

[Vea el Perfil del Cartel de Sinaloa de InSight Crime]

Un estudio que aún no se ha publicado de Reyes y otros expertos de Colombia compara la organización que Guzmán ha forjado con un holding empresarial semejante a McDonald’s, con franquicias y sucursales en todo el continente americano. Ellos enfatizan en la presencia de representantes de Guzmán en la frontera entre Perú y Ecuador y en puerto colombiano de Buenaventura en el Pacífico Colombiano, de donde zarpan muchos cargamentos de cocaína.

El negocio de la cocaína se ha convertido cada vez más en un mercado de compradores, desde mediados de la década de los noventa, cuando las bandas colombianas comenzaron a pagar a los grupos de contrabando de México con el polvo en lugar de un simple pago por kilo traficado. Las ventajas de los traficantes mexicanos sólo han aumentado desde los éxitos de los esfuerzos del gobierno colombiano, apoyados por Estados Unidos, contra las tradicionales familias mafiosas colombianas – y la guerrilla de izquierda y las bandas paramilitares de derecha que las han remplazado.

Guzmán y sus secuaces del Cartel de Sinaloa se han aprovechado de este vacío de poder y establecieron una fuerte presencia en toda la región andina. La cuestión es hasta qué punto de la cadena alimenticia ellos llegan ahora que las grandes organizaciones de traficantes colombianos han sido desmanteladas o fuertemente debilitadas por los arrestos de los principales líderes y las luchas internas.

Análisis de InSight Crime

Cada gran organización narcotraficante mexicana ha establecido vínculos con los proveedores colombianos que han superado los múltiples arrestos dirigidos a romper la cadena de suministro. Pero los sinaloenses parecían haber llegado más lejos que sus contrapartes.

Para empezar, el Cartel de Sinaloa tiene vínculos directos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia más grande del hemisferio. No está claro a qué punto, o a qué precio ellos están haciendo estas transacciones, pero las FARC tiene acceso a los campos de coca y a los laboratorios de procesamiento. Los guerrilleros también intercambian armas por cocaína, con mayor frecuencia en Ecuador, por lo que es un escenario gana-gana para ambas organizaciones.

Sinaloa, y otros carteles mexicanos, sin duda también tienen conexiones con las llamadas “bandas criminales”, o BACRIM, como se les conoce en Colombia. Las BACRIM surgieron a raíz de la desmovilización de los grupos paramilitares de derecha durante la última década. Pero la mayoría de BACRIM obtienen el control de la cocaína un poco más arriba en la cadena de producción.

El éxito de Sinaloa en Colombia puede ser de corta duración. Los principales rivales del cartel, los Zetas, han pasado de ser en los últimos años el músculo letal del Cartel del Golfo a traficantes de drogas. La muerte del co-fundador de los Zetas Heriberto Lazcano, El Lazca, provocada por la armada mexicana el otoño pasado, parece que aún no ha hecho mucho para diluir el poder de la banda.

Formados como pistoleros a sueldo de los experimentados traficantes del Cartel del Golfo, los Zetas han inflado siempre sus ingresos mediante el cobro de impuestos a los traficantes de las ciudades que ellos controlan, y mediante la extorsión, el secuestro, y otros fraudes que afectan más fuertemente al público mexicano. Desde la ruptura con sus pagadores del Golfo en 2010, han tratado de ser más activos en el narcotráfico. Esto no ha sido fácil. Tras su captura hace 18 meses, el líder Zeta Jesús Enrique Rejón, alias “El Mamito,” dijo a los interrogadores que la banda aún carecía de contactos sólidos con los proveedores de cocaína colombianos, obligándolos a utilizar intermediarios en Guatemala y Honduras. Las autoridades estadounidenses han confirmado que los Zetas han carecido de una buena línea de suministro para el polvo colombiano.

Sin embargo, se han posicionado bien. A pesar de que aparentemente han perdido el control del puerto clave de Veracruz, los Zetas todavía dominan a lo largo de las costas de Yucatán y el sur del Golfo de México, las principales rutas de contrabando. Ellos se han relacionado con dos operaciones de tráfico de cocaína tradicionales que tienen vínculos de larga data en los Andes: la Organización Beltrán Leyva y los remanentes del Cartel de Juárez. Y algunos informes fuera de Colombia ahora sugieren que los Zetas están forjando vínculos con la BACRIM colombiana más poderosa, los Urabeños, que principalmente envía la droga por el Caribe.

Por el momento, Guzmán y el Cartel de Sinaloa tienen la ventaja. Ellos han sido los menos afectados de las bandas mexicanas por la ofensiva militar que comenzó hace seis años por el ex presidente Felipe Calderón. Mientras otras mafias de traficantes han sido desmanteladas o decapitadas, Guzmán y sus aliados han sobrevivido en gran parte intactos.

Las autoridades de Estados Unidos y México han rastreado a los operativos de Sinaloa en Europa, África and Asia, ya sea vendiendo mercancía o comprando materias primas. La aparente victoria de El Chapo en la sangrienta lucha de cinco años por controlar el corredor clave de contrabando entre Ciudad Juárez y El Paso sólo puede añadir a eso poder de mercado. Sin embargo, sigue enfrentando una dura competencia con los Zetas y sus aliados por las rutas de contrabando aguas abajo, desde El Paso a lo largo de Rio Grande.

Los blancos del gobierno mexicano del hampa han tendido a cambiar con cada nuevo sexenio presidencial. Con la mayor parte del ingreso de los mafiosos sinaloenses generado por el tráfico de drogas, Guzmán y sus secuaces han tendido a ser de alguna manera menos violentos – y mucho menos amenazantes para los mexicanos – que lo que han sido los Zetas y otros grupos. Eso podría dar a los sinaloenses un respiro de lo que sea que viene bajo la presidencia de Enrique Peña Nieto, quien, desde su toma de posesión en diciembre, se ha comprometido a reducir la violencia.

Pero Peña advirtió en un discurso la noche del lunes a la nación que poner fin a la masacre de la mafia que ha cobrado más de 60.000 vidas, tomará un tiempo considerable. Él puede decidir que derribar a Guzmán puede ser la mejor manera de mostrar resultados más inmediatos.

En resumen, aún cuando el tráfico de drogas permanezca, sus practicantes no. Guzmán puede ser el actual “dios de los dioses” del bajo mundo mexicano, tales señores del pasado susurran desde sus tumbas o celdas de prisión que dicho poder es breve en el mejor de los casos.

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