Informe muestra creciente impacto del crimen organizado sobre la libertad de prensa en Latinoamérica

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La última clasificación de Reporteros sin Fronteras, sobre la libertad de prensa mundial, destaca cómo el impacto del crimen organizado en los medios de comunicación de Latinoamérica, no sólo afecta a los países más estrechamente asociados con el tráfico de drogas, sino que ahora también está en aumento en países como Paraguay y Brasil.

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2014 evalúa la libertad de prensa durante el año 2013 en 180 países, con base en violaciones incluyendo muertes, atentados, secuestros, el exilio y la censura de los periodistas, y mediante la medición de los esfuerzos de las autoridades para proteger los derechos de los medios.

Como región, América recibió la segunda mejor puntuación en el mundo, después de la Unión Europea y los Balcanes. Sin embargo, varios países de Latinoamérica registraron caídas significativas en la libertad de prensa, o continuaron registrando pobres resultados.

México, considerado durante mucho tiempo uno de los países más peligrosos de la región para los periodistas, siguió manteniendo el lugar más bajo de la lista de Latinoamérica continental, el puesto 152 (superado por Cuba, en el puesto 170).

Sin embargo, Brasil, que cayó tres lugares hasta el puesto 111 en la lista, en comparación con el año anterior, ahora se ha convertido en “el país más mortífero del hemisferio occidental para el personal de los medios de comunicación”, con cinco periodistas asesinados en 2013, según Reporteros sin Fronteras (RSF). El informe destaca cómo los grupos criminales y las élites corruptas, que buscan proteger sus intereses, hacen que la cobertura sobre corrupción, drogas y ecotráfico sea “muy arriesgada” en algunas partes del país.

Guatemala también registró una notable caída, cayendo 29 posiciones hasta el lugar 125 en la lista, con cuatro periodistas asesinados y con el doble del número de ataques violentos contra periodistas en 2013, respecto al año anterior.

Paraguay, que había caído 11 lugares en la lista de 2013, tras un golpe de Estado en junio de 2012, cayó otros 13 lugares, al puesto 105. RSF explicó que esto en parte era el resultado de la influencia del crimen organizado en la élite del país.

Honduras, donde 27 periodistas han sido asesinados desde el golpe de Estado de 2009, según RSF, cayó un lugar al puesto 129 en la lista, mientras que Colombia subió ligeramente al puesto 126.

Mientras tanto, las mejoras más significativas se registraron en Panamá, República Dominicana, Bolivia y Ecuador, y la ONG aplaudió los esfuerzos de Uruguay y Argentina para desarrollar una legislación que ayudaría a garantizar la pluralidad de transmisión de los medios de comunicación.

RWBmap

Análisis de InSight Crime

Si bien existen numerosas causas en la restricción de los medios de comunicación, incluyendo la censura del gobierno y la concentración del poder mediático en manos de unos pocos, en Latinoamérica el crimen organizado se destaca por ser posiblemente la amenaza más grande y, sin duda, la más mortal. Los países de Latinoamérica con las clasificaciones más bajas en el índice de prensa de RSF son todos los lugares estratégicos para el tráfico de drogas, y los países en donde el crimen organizado ha echado raíces.

En los dos países más fácilmente asociados con el comercio de drogas en la región, Colombia y México, la prensa ha sufrido durante mucho tiempo bajo la influencia de los grupos criminales armados. La pareja ocupa el 8 y 10 lugar, respectivamente, en la lista del CPJ de los 20 países más peligrosos para los periodistas, que se basa en los asesinatos cometidos desde 1992. En México, al menos 29 periodistas han sido asesinados desde entonces como una represalia directa por su trabajo. En Colombia, el total para el mismo período se sitúa en 45.

En Colombia, los ataques violentos contra la prensa han disminuido en los últimos años, a medida que la dinámica del conflicto y del hampa del país ha cambiado. Sin embargo, los periodistas siguen experimentando la coacción por parte de la guerrilla, los grupos narcoparamilitares y el Estado (pdf).

Por el contrario, la prensa acosada de México ha visto pocas señales de mejora, y en muchos lugares ha recurrido a la autocensura para prevenir la violencia. Los Zetas son especialmente notables por su violencia contra los periodistas y por controlar de forma obsesiva la cobertura de los medios de comunicación, según lo revelado por el reciente relato de una periodista exiliada, sobre la intimidación que sufrió a manos de ellos.

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Entre los países de tránsito de drogas de Centroamérica, Guatemala fue el país más peligroso para los periodistas en 2013, según la Campaña Emblema de Prensa (Press Emblem Campaign – PEC), con 55 violaciones a la libertad de prensa, además de los cuatro asesinatos. Parte de esta presión e intimidación proviene de las pandillas callejeras “maras”, que han llevado a los medios del país a la autocensura, según Freedom House (pdf).

En la vecina Honduras, la situación se ha vuelto especialmente grave desde el derrocamiento de su gobierno en 2009, con más de 100 periodistas y locutores siendo víctimas de amenazas y agresiones entre 2010 y 2013, según el organismo nacional de Derechos Humanos CONADEH. A raíz de la agitación política provocada por el golpe de Estado, el país se convirtió en un centro importante para los vuelos con drogas, con grupos criminales transnacionales aumentando su presencia en el país, y las pandillas del país ganando fuerza.

Aunque estos países han sido conocidos como lugares peligrosos para los periodistas, desde hace algunos años, uno de los aspectos más preocupantes que aparecerá en el informe de RSF de este año será cómo el impacto de las organizaciones criminales sobre la libertad de expresión se está expandiendo a otros países de la región, como Paraguay y sobre todo Brasil.

Aunque los principales grupos criminales de Brasil no tienen el mismo perfil que los de México o Colombia, actualmente comparte el lugar 10 en la lista del CPJ de los países más peligrosos para los medios, junto con México, con 29 periodistas asesinados desde 1992. El hecho de que 10 de estos asesinatos ocurrieran entre 2011 y 2013, y nueve de los periodistas estuvieran trabajando en historias sobre el crimen y la corrupción, sugiere que la violencia contra los medios de comunicación va en aumento.

En los últimos años, varios asesinatos de periodistas han ocurrido en el noreste de Brasil. Esta región se ha vuelto cada vez más violenta a medida que la violencia ha caído en el sureste; un fenómeno que se cree que está conectado a la migración criminal y a una creciente epidemia de cocaína crack en el norte. Los periodistas también han sido asesinados en el estado de Río de Janeiro, hogar de algunas de las bandas narcotraficantes más violentas del país, como el Comando Vermelho (CV), que ha ganado una presencia cada vez más transnacional en los últimos años. Ya han ocurrido dos asesinatos de periodistas en 2014, uno en el noreste y otro en Río.

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La relación entre el crecimiento del crimen organizado y el deterioro de las condiciones para los periodistas, plantea la cuestión de qué otros países son ahora vulnerables a este proceso.

En Argentina, que en los últimos años ha visto una creciente presencia criminal y un aparente aumento en el tránsito, consumo y producción de drogas, ya puede estar ocurriendo: tras la publicación de un informe que detalla las operaciones de una banda en la parte occidental del país, los delincuentes tomaron represalias con un ataque a las oficinas de los periódicos. Mientras tanto, las pandillas en la ciudad nororiental de Rosario han tenido como blanco a funcionarios judiciales y políticos. El uso de estas pandillas de un modus operandi común a los principales grupos criminales en otros lugares, es una señal preocupante para el futuro de la libertad de prensa de Argentina.

La violencia de los grupos criminales en estos países se ve agravada por los altos niveles de impunidad. Brasil, México y Colombia están en el Índice de Impunidad del CPJ de 2013 de 12 países que han mostrado un fracaso en el enjuciamiento de los asesinos de periodistas, mientras que en Honduras la impunidad de la violencia contra los medios ha llegado a niveles tan altos que llevó a las Naciones Unidas a reprender al gobierno por la falta de acción en 2012.

Hasta que estos gobiernos comiencen a abordar esta impunidad -y la corrupción que la alimenta- es probable que el crimen organizado aumente su control sobre la prensa latinoamericana.

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