Informe sobre homicidios indica pacificación del norte de México

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La reciente publicación de las estadísticas de homicidios en 2014 en México muestra que el papel que por mucho tiempo ha tenido el norte como el principal promotor del derramamiento de sangre está disminuyendo en el contexto de una nación que es hoy mucho más segura que en años pasados.

 Gran parte de la nueva publicación del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de México, se concentra en los avances generales en materia de seguridad. En total, el país registró 19.669 asesinatos en 2014, lo cual representa una tasa de 16 homicidios por cada 100.000 habitantes. En ambas estadísticas, 2014 tuvo las mejores cifras desde el año 2008. En total, los homicidios disminuyeron un 28 por ciento con respecto al pico de 27.213 que se presentó en el 2011.

Las estadísticas son especialmente alentadoras en Guerrero, la zona más peligrosa de México en los últimos años. Con 1.719 asesinatos, Guerrero sigue siendo el estado más violento; sin embargo, esa cifra representa una disminución de aproximadamente un cuarto con respecto a 2013.

Las cifras del INEGI muestran que, aunque hay escándalos, no todas las noticias sobre seguridad mexicana son negativas

Suponiendo que esta información sea exacta, las cifras reflejan una perspectiva positiva que va en sentido contrario a las catástrofes de seguridad que han ocurrido en los últimos meses. Las noticias de seguridad más llamativas en los últimos 12 meses han sido la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán, la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero y la presunta masacre de sospechosos por parte del ejército en el Estado de México. Cada uno de esos incidentes, en todos los cuales se han visto implicados funcionarios de diferentes niveles, sigue siendo una vergonzosa mancha para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Las cifras del INEGI muestran que, aunque hay escándalos, no todas las noticias sobre seguridad mexicana son negativas.

Pero más allá del evidente conteo de titulares, tal vez el aspecto más llamativo del informe del INEGI es la pacificación del norte de México desde 2010. Si bien el papel tradicional de los grupos criminales en la sociedad del norte de México no va a desaparecer, y aunque la cercanía del norte a la frontera con Estados Unidos seguirá haciendo de ella una región vital, esta tendencia que se ha presentado por años sugiere que la región está deshaciéndose de su papel como epicentro del derramamiento de sangre causado por la delincuencia organizada.

Análisis de InSight Crime

Los seis estados fronterizos de México con Estados Unidos: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, además de Durango y Sinaloa, que son adyacentes a éstos, representan el inicio histórico del crimen organizado mexicano. Prácticamente todos los grupos más poderosos en las últimas décadas, como el Cartel de Juárez, el Cartel de Sinaloa, el Cartel del Golfo, los Zetas y la Organización Arellano Félix, ven a estos estados como su lugar de origen. En esta región se encuentran las plazas más valiosas de México, y los grupos mencionados han librado largas batallas por su control.

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En todos estos estados disminuyó el número total de homicidios desde el año pasado. En la mayoría de ellos, las disminuciones fueron substanciales. Nuevo León y Coahuila, por ejemplo, registraron descensos del 40 y el 45 por ciento, respectivamente. Con excepción de Sonora y Baja California, cada uno de estos estados registró su año menos violento desde 2010.

En 2014 tuvieron sólo 6.335 asesinatos de un total nacional de 19.669, poco más del 32 por ciento. Este es un ligero descenso con respecto al año pasado, cuando los ocho estados registraron el 34 por ciento del total a nivel nacional, pero representa una gran disminución con respecto al apogeo de las batallas que se han presentado recientemente entre los grupos del crimen organizado en México. En 2010, por ejemplo, el grupo de estados registró 14.540 homicidios, la mayoría de los cuales fueron producto de los conflictos del crimen organizado. Esto contrasta con un total nacional de 25.757 homicidios, lo que significa que el norte, donde habita apenas un quinto de la población mexicana, generó el 56 por ciento de los asesinatos de la nación.

La disminución de los asesinatos en el norte —hasta incluso 8.202 desde 2010— da cuenta del descenso total en México durante el mismo periodo.

La disminución de los asesinatos en el norte —hasta incluso 8.202 desde 2010— da cuenta del descenso total en México durante el mismo periodo

Desde entonces, el número de asesinatos en el norte, así como su proporción en el total nacional, ha bajado cada año. En 2011, los 12.885 asesinatos de la región representaron el 47 por ciento del total nacional, que fue de 27.213. Al año siguiente, los 10.648 asesinatos en el norte de México representaron el 41 por ciento de todos los homicidios en el país. En 2013, los homicidios en el norte bajaron a 7.857, es decir, 34 por ciento del total nacional.

El apaciguamiento de varios conflictos en el norte explica en gran medida el mayor ambiente de tranquilidad. El más sobresaliente de dichos conflictos es la confrontación que han sostenido por años el Cartel de Sinaloa y el Cartel de Juárez, y sus respectivos aliados, por el control de Juárez. La organización controlada por Guzmán esencialmente desapareció, haciendo de la ciudad fronteriza, que en algún momento fue la metrópolis más violenta del mundo, un lugar mucho más tranquilo.

Aunque las rivalidades continúan, los enfrentamientos del Cartel de Sinaloa con la Organización Beltrán Leyva, que provocó olas de derramamiento de sangre en Sinaloa y en otros lugares de México desde 2008, y la confrontación de Los Zetas con el Cartel del Golfo, que produjo la violencia en el noreste desde 2010, también han disminuido.

Esto demuestra que pacificar el norte sigue siendo clave para mantener un México seguro. Si las inevitables rivalidades entre estas organizaciones se aplacan en lugar de explotar, como está ocurriendo actualmente, la región en particular y la nación en general pueden esperar que no se repita la espiral de violencia que sufrieron entre 2008 y 2011.

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