Juárez Privada: Una Revolución en Seguridad de un Pueblo Fronterizo

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En 2010, Ciudad Juárez era una de las ciudades más violentas y peligrosas del mundo; un campo de batalla crucial en la “Guerra Contra las Drogas”. Luego, en 2011, la tasa de criminalidad comenzó a descender bruscamente, y mantuvo ese ritmo. Hoy en día, la ciudad se ha transformado de nuevo en una animada ciudad fronteriza con bulliciosos mercados y una vida nocturna activa. La Policía Metropolitana de Juárez se atribuye el crédito, pero de hecho gran parte de éste debería ir a las 177 empresas de seguridad privada que cuidan tiendas, patrullan las calles y operan como guardaespaldas personales.

El 10 de marzo de 2011, un jueves, el teniente coronel Julián Leyzaola tomó las riendas como Secretario de Seguridad Pública de Ciudad Juárez. El Alcalde Héctor Murguía pidió que Leyzaola viniera a Juárez desde Tijuana, donde supervisó una reducción de la violencia criminal para hacer frente a la violencia que estaba fuera de control.

Un año antes de la transferencia de Leyzaola, Juárez fue catalogada como la ciudad más peligrosa del mundo, con más de 3.100 asesinatos en 2010. Hubo unas 1.500 ejecuciones antes de la llegada de Leyzaola en 2011 y sólo 400 en los últimos nueve meses de ese año.

Este es un extracto de un informe de Southern Pulse. Vea la versión completa (en inglés) aquí .

La gestión de Leyzaola pareció dar sus frutos: el homicidio, la extorsión y los secuestros disminuyeron un 70 por ciento cada uno en 2012, y el número de robos de vehículos cayó un 60 por ciento. Leyzaola insistió en que podría hacerse cargo de la seguridad pública empleando únicamente a la policía municipal, por lo que el gobierno redujo el número de agentes de la policía federal y las tropas del ejército en las calles de Juárez, de más de 2.000 a un par de cientos.

Pero detrás de la policía municipal había una fuerza oculta trabajando: desde 2009 hasta la actualidad, los residentes de Juárez aumentaron la contratación de guardias de seguridad privada, a tal punto que hoy en día, en junio de 2013, hay cuatro veces más guardias de seguridad privada que agentes de policía municipales.

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Según el Secretario de Seguridad Pública de Ciudad Juárez (SSP), en la ciudad quedan 1.690 agentes de policía en servicio activo (Leyzaola llevó a cabo rigurosas pruebas de confianza y despidió a 900 oficiales que no las pasaron). En comparación, hay 6.733 guardias de seguridad privada registrados en la ciudad, con unos 2.000 más que trabajan sin autorización del gobierno.

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El esquema de seguridad del Alcalde

Al otro lado de un parque triangular, en uno de los únicos barrios que no ha sido cerrado al público, se encuentra la casa de Héctor Murguía, Alcalde de Ciudad Juárez. Pese a las especulaciones de que el alcalde vive al otro lado de la frontera en El Paso Texas, una de las ciudades más seguras en Estados Unidos, la realidad es que Murguía se ha quedado. Él duerme y se despierta cada día con su familia en una casa espaciosa en Juárez. No obstante, un equipo de seguridad compuesto por una decena de camiones blancos, tripulados por policías municipales, lo escoltan y protegen. Los agentes asignados a su esquema cuentan con entrenamiento especializado como guardaespaldas profesionales. Se visten de civil, pero llevan armas de un nivel superior a las empleadas por la policía.

El Dr. Arturo Valenzuela, Presidente de la Mesa de Seguridad de Ciudad Juárez, un grupo de ciudadanos dedicados a rastrear las tendencias de seguridad, cree que Juárez es segura para las personas que cuentan con los medios. Sin embargo, expresa su preocupación por la organización jerárquica de la seguridad en la ciudad.

“Lo que necesitamos son policías cerca, no guardias de seguridad privada dedicados a la protección de una pequeña burbuja. De la misma manera, el jefe de la policía debe ser elegido por el pueblo y no por el alcalde; son estos pseudo-policías quienes fragmentan la seguridad pública”.

Valenzuela afirma que la reducción de la actividad criminal se debe a una combinación de factores, incluyendo los esfuerzos de las comunidades locales y los tres niveles del gobierno, más el aumento de la seguridad privada pagada. No obstante, también afirma que estos últimos están presentes únicamente en las áreas de influencia de Ciudad Juárez.

“Los guardias de seguridad y guardaespaldas evitan, en algunas zonas, los delitos que caen dentro de la jurisdicción local, como robos de vehículos y asaltos, pero no los homicidios”. Además, Valenzuela considera como “muy fuerte” el aumento en el número de agentes de seguridad privada, ya que ofrecen una sensación de seguridad a las personas poderosas. “La demanda de guardaespaldas se disparó entre las personas que, hasta 2009, nunca contaron con seguridad privada. Pero, luego empezaron a moverse por todas partes con sus guardaespaldas. Esto los hace sentir más seguros”.

La periferia de la ciudad no miente

La misma semana de 2012, cuando el gobierno mexicano anunció la reducción del 70 por ciento en la extorsión y el secuestro, “Rubén”, padre y dueño de un pequeño puesto de burritos en la colonia Felipe Ángeles, una de las más violentas de la ciudad, buscó la ayuda de la autoridades para rescatar a su hija, quien había sido secuestrada horas antes.

En Felipe Ángeles, al igual que los barrios que la rodean, los “tiempos terribles” de 2010 nunca se terminaron. Los vecinos que viven hacinados en pequeñas casas extraen electricidad ilegalmente, porque no pueden darse el lujo de pagar por los servicios básicos, y se resguardan en cuanto el sol se oculta. Los parques locales están abandonados y pequeñas empresas como la de Rubén, siguen pagando entre 500 y 1.500 pesos (US$37 a US$112) semanales por concepto de extorsión a pandilleros locales que vienen a recoger el pago en nombre de los carteles de la droga.

En estos barrios, las víctimas conocen a los victimarios, todos viven en el mismo lugar. Se vieron crecer mutuamente, y los vieron ir a la escuela con sus propios hijos. Pero, cuando la policía llega para investigar un crimen, nadie los conoce, nunca los han visto y no saben cómo contactarlos.

Lucía, que vive a dos casas de distancia de la tienda de Rubén, informa que a pesar de que la policía patrulla el área constantemente, nadie se atreve a denunciar ningún crimen. Todos temen que la policía esté involucrada con los criminales. Ella dice: “Muchos de los propios policías protegen a los malos, o les dicen quién los delató. Incluso si no hacen esto, no van a hacer nada para ayudar. Nunca atrapan a nadie”.

Lucía sabe que los culpables siguen libres porque ella vive con eso todos los días. Ella ha visto de primera mano cómo su barrio quedó bajo el control de los criminales durante los últimos seis años.

Según Erika Donjuan Callejo, analista de la organización Así Estamos Juárez, quien supervisó la publicación de un reciente informe sobre la criminalidad en la ciudad, la situación está peor que nunca. Ella dice que ese tipo de crímenes, como la extorsión, el secuestro y el atraco, han aumentado vertiginosamente para “los que no pueden pagar el costo de la seguridad privada”, y espera que la tasa siga aumentando. El informe de Así Estamos Juárez calcula que esos casos aumentaron de 322 en 2011 a 1.389 en 2012.

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La ciudad más segura de México

La SSP en Ciudad Juárez dio a conocer recientemente un concepto para el “control total” de las calles: un programa que divide la ciudad en secciones, y que visualiza a la ciudad como una serie de bloques [cuadrantes], cada uno con un policía asignado para proteger un área específica. A primera vista, la ciudad se niega a reconocer que las 177 agencias privadas de seguridad jugaron un papel clave en la reducción de las estadísticas criminales en su conjunto.

Hickerson, de la Comisión de Derechos Humanos, insiste que la policía municipal no puede reconocer el éxito del sistema de seguridad privada, ya que “no van a admitir que sus esfuerzos no son suficientes para proteger” a Juárez, tan obvio como sea eso. “La seguridad privada ha sido una especie de apoyo invisible”, no es conveniente que la policía reconozca que cuenta con, y necesita, esa asistencia.

El activista de derechos humanos en realidad prefiere llamar a los guardias de seguridad privada “vigilantes”, y señala que en un sentido financiero significativo, el mercado de la seguridad privada ayuda a la ciudad mediante la externalización de los costos de seguridad.

Sin embargo, Valenzuela admite que Ciudad Juárez hoy está lejos de la Juárez de 2010, y se mantiene en ese camino. “Estamos mucho mejor, creo que si seguimos trabajando como lo hemos hecho hasta ahora vamos a seguir mejorando y podría convertirse en la ciudad más segura de México.”

*Publicado con permiso de Southern Pulse. Vea la versión completa (en inglés) aquí.

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