La vida a bordo de un narcosubmarino

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Una investigación de una revista ha ido detrás de escenas de un narcosubmarino, arrojando luz sobre los riesgos y las dificultades que padecen los transportistas con el fin de ganar un dinero desesperadamente necesario.

La revista de drogas High Times, con sede en Nueva York, entrevistó a tres miembros de una nave semisumergible que lleva cargamentos semanales para un grupo con sede en Colombia, quienes describieron las condiciones altamente desagradables que se presetan a bordo, los peligros del viaje y los empleadores volátiles que esperan del otro extremo.

“Es un juego muy peligroso y por lo general del dominio de los desesperados”, dijo Jean Paul, un ex oficial naval francés de 42 años de edad, quien es el capitán de las embarcaciones. Después de dejar el ejército invirtió en bienes raíces, pero se vio envuelto en una deuda y fue introducido en el comercio de los narcosubmarinos a través de unos conocidos.

Dos de sus viajes han terminado en tener que abandonar el barco, una vez cuando el navío tuvo una fuga y otra cuando la embarcación fue avistada por la guardia costera. “Es una cuestión de descargar tantos cargamentos como sea posible y salir”, dijo Jean Paul, quien logró nadar hasta la costa de Guatemala y escapar de las fuerzas de seguridad.

Verse obligados a salir ??de los submarinos en realidad puede traer un poco de alivio, dijo el capitán, quien ahora pasa más tiempo reclutando miembros para la tripulación e ingenieros que realmente navegando”. El humo diesel también te pueden matar, y el hedor de la mierda de otro tipo durante dos días tampoco es agradable”, dijo. “Ambos son generalmente peores que la posibilidad del barco hundiéndose”.

Una vez en tierra firme, los transportistas pueden enfrentar consecuencias graves por la pérdida de carga. Jean Paul afirmó que había visto al menos diez personas asesinadas, en su mayoría miembros de la tripulación considerados incompetentes o desleales.

José, un guatemalteco de 33 años de edad y miembro de la tripulación, dijo que las recompensas financieras superan el riesgo considerable. Anteriormente era un pescador y, después de varias temporadas malas, comenzó a trabajar para los carteles recolectando sacos de droga arrojados por fuera de la embarcación por miembros de la tripulación que abandonaban los navíos –una situación común, le dijo a High Times–.

“Muchos barcos pesqueros en la región no han pescado en años”, dijo. “Ellos simplemente recogen los sacos, pero mantienen sus redes en la cubierta para parecer pescadores legítimos”.

Le gustaría volver a la pesca, pero con una madre enferma y cuatro niños no puede rechazar el dinero ofrecido por la vida en los submarinos. “No hay otra forma en la que yo pudiera ganar US$1.500 por dos días de trabajo de otra manera”, dijo.

El último entrevistado de High Times, Manuel, un salvadoreño de 22 años de edad, ha estado trabajando para los narcotraficantes desde que era un niño, y les da el crédito de haberlo salvarlo a él y a muchos compatriotas de una vida pobre. “Este negocio es muy importante para mi gente”, dijo. “Muchos de ellos no tienen comida ni refugio sin el”.

Análisis de InSight Crime

Mientras que la palabra “narcosubmarinos” puede evocar imágenes de emocionantes misiones, utilizando tecnología de punta, como High Times explica, en realidad, “no hay nada romántico (o incluso de alta tecnología) sobre el trabajo”. Al igual que muchas de las personas utilizadas por los carteles de la droga a lo largo de todos los eslabones de la cadena del narcotráfico, la explotación y el miedo son parte del curso. La pobreza que afecta a gran parte de Latinoamérica asegura que nunca habrá una escasez de personas vulnerables o desesperadas dispuestas a asumir los riesgos o las dificultades extremas con el fin de hacer algo de dinero –especialmente cuando los beneficios económicos son mucho más altos que lo que se ofrece en las líneas legales de trabajo–. Por otra parte, los que quisieran decir no, no siempre tienen esa opción, teniendo en cuenta el poder ejercido por los grupos narcotraficantes –especialmente en las comunidades pequeñas–.

La tecnología ha avanzado –la primera embarcación totalmente sumergible fue encontrada en la costa de Ecuador en 2010, y otra fue encontrada en el suroeste de Colombia en 2011– pero su construcción cuesta millones de dólares, por lo que el típico narcosubmarino sigue siendo el semisumergible hecho rudimentariamente. Un techo de fibra de vidrio se coloca en la parte superior de un bote cigarette o una lancha rápida, luego se aplica un recubrimiento exterior de plomo para darle estabilidad a lo largo de las tuberías en la parte superior para bombear aire para el motor diesel, y un periscopio de observación. Un pequeño casco por debajo de la cubierta se vuelve pequeño una vez se empacan toneladas de cocaína, combustible, alimentos enlatados y agua, dejando tan sólo 120 cm por 180cm para que la tripulación viva durante días en el mar.

No hay baño. Dado que muchos viajes toman muchos días, y que no son efectivas las tuberías, que en teoría bombean los gases tóxicos que emanan de la gasolina, la quema de combustible y los sacos de cocaína, el olor debe ser insoportable. El calor es sofocante. “Te sientes constantemente como si te estuvieras ahogando”, dijo Gustavo Alonso, un capitán de barco autorizado, a la revista Spiegel. Alonso dijo que fue reclutado a la fuerza en Buenaventura, un centro de drogas en el Pacífico colombiano donde se dice que se construyen muchos submarinos. Otros pescadores de Buenaventura han contado historias similares. “Nos dijeron que si no traíamos ese aparato, igual iban a matar a nuestras familias”, dijo Rafael Jiménez Biojo a la revista Semana en 2008. 

Pese al diseño rudimentario de los típicos semisumergibles, siguen siendo una forma muy efectiva para mover grandes cantidades de drogas a través de largas distancias, un hecho evidenciado por el aumento constante de su uso. Para 2008, las autoridades estadounidenses estimaron que alrededor de un tercio de toda la cocaína enviada desde Latinoamérica hacia Estados Unidos fue transportada en submarinos. En 2011 las misiones de interdicción marítima incautaron 129 toneladas de cocaína en su camino hacia Estados Unidos -más de cinco veces la cantidad incautada dentro de Estados Unidos. También se informó sobre un dramático aumento en el uso de sumergibles en el Caribe en el último año, con la Guardia Costera de Estados Unidos interceptando un 50 por ciento más de las drogas en 2012 que 2011.

No obstante, a alrededor de tres cuartas partes de los envíos marítimos potenciales identificados por las autoridades de Estados Unidos se les permite navegar porque no hay suficientes barcos y aviones para interceptarlos: “Mi personal ve pasar cargas de varias toneladas,” dijo el contraalmirante Charles D. Michel de la Guardia Costera de Estados Unidos a The New York Times.

Con un costo de sólo US$ 500.000, pero capaz de transportar millones de dólares en cocaína –los pequeños semisumergibles pueden llevar de dos a cuatro toneladas, y los submarinos llenos hasta ocho– las embarcaciones son una manera altamente rentable para traficar las drogas. Sin embargo, la tripulación obtiene una pequeña fracción de las ganancias. Los informes de sus salarios varían mucho, con diversos artículos indicando que los tripulantes reciben entre US$10.000 y US$30.000 dependiendo de su función. No obstante, dado que los carteles pueden fácilmente encontrar o amenazar a la gente para hacerlo por mucho menos dinero, los salarios de US$1.500 por viaje reportados por los entrevistados de High Times parecen mucho más plausibles.

“Siempre que haya alguien que la consuma, habrá alguien que produzca la cocaína, alguien que la transporte, y alguien que la venda”, como lo resumió Alonso para Spiegel. “Y los idiotas como yo, que son lo suficientemente estúpidos como para hacer esto”.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn