Las BACRIM de Colombia: ¿En camino hacia la extinción?

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Un informe escrito por Daniel Rico para el Centro Woodrow Wilson, insiste en que la actual generación de las mafias del crimen organizado de Colombia, las BACRIM, están condenadas a la extinción – una afirmación alentadora, aunque controvertida.

En su estudio, que invita a la reflexión, “La Dimensión Internacional del Crimen Organizado en Colombia: Las Bacrim, sus Rutas y Refugios” (PDF) – publicado como parte de una serie de documentos del Wilson Center sobre la propagación del crimen organizado en las Américas y algunas partes de África – Rico identifica algunas de las debilidades inherentes de las organizaciones criminales híbridas de Colombia, conocidas como “Bandas Criminales” o BACRIM.

Rico también compara a las BACRIM con sus poderosos predecesores del Cartel de Medellín y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Él explora la migración de las BACRIM y sus altos mandos hacia las regiones fronterizas de Colombia y los países vecinos, al igual que sus portafolios criminales cada vez más diversos.

Las BACRIM nacieron durante y después de la desmovilización de las AUC – un grupo político-militar que presuntamente se formó para combatir a los guerrilleros izquierdistas durante los años noventa – a mediados de la primera década del siglo XXI; aunque uno de estos grupos, los Rastrojos, tiene sus raíces en la organización narcotraficante del Cartel del Norte del Valle. La expansión de las BACRIM, liderada por los Rastrojos, fue muy rápida. El ocaso de los Rastrojos, después de la entrega de su jefe Javier Calle Serna, alias “Comba“, a las autoridades de Estados Unidos en mayo de 2012, fue igualmente rápido, con una serie de arrestos y la pérdida de territorio a sus rivales: los Urabeños.

Como señala acertadamente Rico, las BACRIM están en una posición mucho más débil que sus predecesores (carteles de la droga) en el tráfico de cocaína, ya que esencialmente se han convertido en proveedores al por mayor para los grupos criminales más fuertes de México. Mientras que en los días de los Carteles de Cali y Norte del Valle, en los años noventa, un kilo de cocaína generaba una ganancia de unos US$ 16.000 (y esto puede ser una subestimación), ese mismo kilo, vendido hoy a los mexicanos, sólo genera alrededor de US$ 5.000. En el nuevo mundo del narcotráfico, los mexicanos se embolsan una parte mucho mayor de las ganancias.

La segunda debilidad de las BACRIM, que no se aborda en el informe de Rico, es su dependencia en los grupos guerrilleros para la base de coca, la materia prima de la cocaína. Mientras que las generaciones anteriores de grupos narcotraficantes controlaban los cultivos de coca, o tenían un acceso garantizado a ellos, hoy las BACRIM dependen en gran parte de los guerrilleros para su base de coca, la pasta pegajosa que es la primera etapa del proceso de producción de cocaína. A diferencia de las AUC, las BACRIM no tienen la fuerza militar para enfrentarse al más grande de estos grupos guerrilleros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), o incluso al segundo más grande, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en sus bastiones, obligando a las BACRIM y la guerrilla a entrar en una coexistencia difícil y frágil.

En caso de que los guerrilleros alguna vez decidan dejar de vender base de coca a las BACRIM, las dinámicas criminales en el país cambiarían radicalmente. No obstante, las FARC actualmente se encuentran en conversaciones de paz con el gobierno, en La Habana, Cuba. Y a medida que estas conversaciones progresen hacia un acuerdo, es más probable que elementos guerrilleros se criminalicen y trabajen con las BACRIM.

El crimen organizado sigue el camino de menor resistencia y, como detalla Rico, el estado colombiano presenta ahora una seria resistencia a los narcotraficanes. El país dispone de una de las fuerzas de seguridad más eficientes y capaces en la región. Aunque puede ser una exageración afirmar, como lo hace Rico, que “la totalidad (100 por ciento) de los líderes que comenzaron las BACRIM han sido neutralizados”; las fuerzas de seguridad colombianas tienen un historial extraordinario de identificación y captura (o dar de baja) de los líderes de las BACRIM tanto dentro como fuera del país.

Esto nos lleva a la dimensión internacional de las BACRIM. Rico identifica correctamente el hecho de que las BACRIM tienen una presencia permanente en Venezuela y Ecuador. Señala la concentración de los cultivos de drogas a lo largo de ambas fronteras, aunque estos, en su mayor parte, están controlados por los guerrilleros, que de momento venden un porcentaje de su coca a las BACRIM. Venezuela ha sido el lugar de captura de líderes de las BACRIM, entre los que se destaca Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano“, de la Oficina de Envigado en noviembre de 2011 y, más recientemente, Daniel “El Loco” Barrera , en septiembre de 2012.

Ecuador también ha sido uno de los lugares favoritos de los criminales colombianos. Varios altos mandos de las BACRIM han sido capturados allí (entre ellos el líder de los Rastrojos, Juan Carlos Calle Serna), y el hecho de que el país tenga como moneda nacional el dólar de Estados Unidos, lo hace un imán natural para los líderes de las BACRIM que buscan blanquear sus ganancias. Sin embargo, la influencia colombiana en Ecuador está siendo cuestionada ya que los carteles mexicanos envían representantes para asegurar los envíos de cocaína directamente, a menudo de las FARC, tratando de eliminar a los intermediarios colombianos y maximizando los beneficios.

Rico también destaca la presencia de Héctor Buitrago, alias “Martín Llanos” (un ex comandante de las AUC) en Bolivia. La captura en junio de 2011 del primo de Martín Llanos en Santa Cruz, es una prueba de los enlaces colombianos del narcotráfico en Bolivia, y esta ciudad boliviana, sin duda, se ha convertido en un centro regional para el crimen organizado, con la fuerte participación colombiana. No obstante, la afirmación de que 1.200 hombres fueron enviados por el comandante de las AUC a Bolivia es poco probable. Cuando InSight Crime entrevistó a Buitrago en 2002, en la cumbre de su poder, su organización apenas alcanzaba los 1.200 hombres.

Más allá, Rico habló de España, que ha sido durante mucho tiempo el principal punto de entrada de la cocaína de Colombia a Europa. Allí, las mafias aprovechan el lenguaje común y las grandes comunidades de expatriados colombianos para facilitar los negocios. Rico identifica correctamente que Europa es ahora una opción mucho más atractiva para las BACRIM. Allí pueden ganar tres veces más por un kilo de cocaína que traficando con los mexicanos. El mercado europeo no sólo ofrece mejores ingresos que Estados Unidos, sino también muchas menos posibilidades de interdicción y un mínimo riesgo de extradición y encarcelamiento.

Rico también menciona que los países del Cono Sur se han convertido en puntos de tránsito mucho menos riesgosos para la cocaína que va rumbo a Europa. Estos países presentan un mercado interno cada vez más lucrativo para la cocaína y sus derivados. Los envíos a Europa pueden tener un retraso de semanas, si no meses, para el pago; mientras que la venta a las redes locales de distribución en Brasil y Argentina ofrece un pago casi inmediato.

Rico también destaca la importancia de África Occidental, centrándose en Guinea-Bissau. Esta es una ruta clave para la cocaína que se mueve hacia Europa. Su afirmación de que los criminales colombianos tuvieron algo que ver en el asesinato del presidente de Guinea-Bissau, Joao Bernardo Vieira, en marzo de 2009, es intrigante, pero sin fundamento. El asesinato al parecer se llevó a cabo por elementos del ejército, supuestamente en venganza por el asesinato del jefe del personal del ejército, Batista Tagme Na Waie, en una explosión de bomba el día anterior, que fue atribuido a Vieira.

Rico enfatiza acertadamente que la exportación de drogas sólo se ha convertido en un elemento más en el portafolio criminal de las BACRIM. Identifica el contrabando de gasolina y otros bienes, dentro y fuera de Venezuela, como un flujo importante de ingresos; aunque las principales ganancias de las BACRIM, después de la cocaína, provienen de la extorsión, la minería de oro y la distribución interna de drogas. De hecho, para muchas BACRIM, estas ganancias ahora superan aquellas de la exportación de cocaína.

Rico concluye su importante documento con que las BACRIM están en peligro de extinción. Él escribe que sólo “los Urabeños siguen manteniendo las características que tenían las BACRIM en sus inicios, lo que no significa que nos encontremos ante el final de la criminalidad en Colombia, sino que más bien lo que estamos viendo es esencialmente un cambio estructural en el crimen organizado”.

Sin embargo, las BACRIM son muy jóvenes, con menos de una década de antigüedad. Su evolución durante este período ha sido vertiginosa; de más de 30 grupos a una franquicia principal el día de hoy: la de los Urabeños. La historia de las BACRIM aún no ha terminado y su evolución hacia una franquicia criminal, tan fuerte como cualquiera en la región – que es a donde InSight Crime cree se dirigen los Urabeños – aún no ha terminado.

Históricamente Colombia ha sido el pionero en el tráfico de cocaína y lo que ha pasado aquí se está repitiendo en México, que actualmente domina la distribución internacional de la droga: la fragmentación de las organizaciones más importantes en franquicias, con grupos independientes que trabajan juntos a medida que se presenta la oportunidad; grupos volviéndose no sólo transnacionales en sus negocios, sino también en sus centros de operaciones; y el desarrollo de amplios portafolios de diferentes actividades delictivas, que no se limitan al narcotráfico. En lugar de estar condenadas a la extinción, puede ser que las BACRIM de Colombia marquen el comienzo de un nuevo capítulo y modelo del crimen organizado en las Américas.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn