Limón, epicentro del tráfico de drogas en Costa Rica

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En la madrugada del 1 de enero de 2020, frente a la iglesia de Cieneguita, un pequeño pueblo ubicado a las afueras del cantón central de Limón, cinco jóvenes fueron atacados desde un vehículo del que alguien abrió fuego con una subametralladora. La balacera dejó como resultado tres hombres muertos y dos heridos.

Esta violencia que marcó el inicio del año es el pan de cada día en Limón. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), en tan solo dos meses la provincia registró 29 homicidios, 16 de estos concentrados en el cantón central de Limón, y 14 relacionados con ajustes de cuentas de bandas dedicadas al crimen organizado nacional y transnacional.

Quizá ningún lugar relata la historia de la criminalidad y violencia en Costa Rica mejor que esta provincia, y quizá en ningún otro lugar los retos de las autoridades son de mayor magnitud.

“En 25 años como policía, esto [Limón] es el reto más grande que he enfrentado”, dijo Álvaro González, jefe del OIJ de Limón, en conversación con InSight Crime.

La llegada y evolución del narcotráfico

Limón se ubica en la confluencia entre la espesa selva y el mar Caribe, y allí se encuentra el puerto más importante de Costa Rica. Los llamados canales de Tortuguero comunican de manera directa el puerto con el Refugio Natural de Barra del Colorado, en la frontera con Nicaragua. Según entrevistas de InSight Crime a autoridades costarricenses, los canales funcionan como autopistas no vigiladas de droga y han convertido a Limón en uno de los principales puntos de salida de cocaína hacia Europa y otros mercados internacionales.

La prosperidad que suele ir aparejada al narcotráfico ha dejado huellas en Limón. En la carretera que lleva a Moín hay mansiones, con puertas metálicas impenetrables y diseño extravagante, que resaltan entre las residencias comunes construidas con madera y cemento.

De acuerdo con un periodista entrevistado por InSight Crime, cuya identidad no se publica por seguridad, todo esto empezó hace unos 30 años, cuando Costa Rica se volvió un punto de tránsito de la cocaína. Actualmente, las redes criminales se encargan de recibir los cargamentos en las costas del país, transportarlos y custodiarlos en bodegas o fincas donde dejan “enfriar” la droga hasta que llega el momento de continuar el trasiego y son exportadas a través del puerto.

“Limón es un lugar donde traemos y exportamos droga”, afirma Álvaro González.

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Fuentes policiales coinciden en que Limón es también un punto de importación y ventas mayoristas de marihuana, proveniente en su mayoría de Jamaica y Colombia.

“La ruta del Caribe se ha abastecido de marihuana de Jamaica, un producto de mayor calidad con elevados porcentajes de THC, el principal componente psicoactivo del cannabis”, declaró el ex director del Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD), Carlos Alvarado Valverde. Sin embargo, en años recientes las importaciones de producto jamaiquino han caído, primero porque la arteria en el Caribe por donde se transporta la droga está desbordada de grupos dedicados al “tumbe” o robo de drogas, y segundo porque los colombianos han empezado a exportar marihuana de alta calidad para abastecer las rutas del Pacífico y el Caribe.

Los negocios de la marihuana y la cocaína van de la mano en Limón. “Las redes de narcotráfico en Limón traen marihuana al por mayor y al mismo tiempo proporcionan logística de recepción para los traficantes de cocaína”, afirma Álvaro González.

Aunque las organizaciones transnacionales a menudo pagan en efectivo por los servicios de logística, en ocasiones también lo hacen con producto, que luego es comercializado en el mercado local.

Los actores criminales

El comercio de drogas en Limón ha abierto la puerta a diferentes actores criminales, desde pandillas pequeñas hasta narcotraficantes poderosos.

Fuentes oficiales y expertos costarricenses aseguran que Las bandas criminales más poderosas son las que proveen servicios de logística y han establecido, de manera ilegal, propiedades al lado del río con garajes cubiertos a las que llegan lanchas con marihuana o cocaína. Muchos de estos inmuebles han sido confiscados por las autoridades

Algunos de los cabecillas de estas bandas están presos o han sido asesinados por sus enemigos. Sin embargo, “aunque los cabecillas cambien, el negocio siempre va a continúar”, dijo a InSight Crime Manuel Jiménez, fiscal de Limón.

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Las organizaciones más grandes son las que proveen de drogas a las pandillas que controlan las plazas locales de comercio, que son las causantes de los altos niveles de violencia en Limón. Estas pandillas ofrecen servicios de sicariato y cobran desde 50.000 colones (alrededor de US$80) por cabeza, según González.

Pero además de estas bandas existen actores más poderosos que se ocultan tras negocios legales y tienen el poderío económico suficiente para sobornar autoridades de todos los niveles. El ejemplo más conocido en Limón es Gilbert Bell, también conocido como Macho Coca.

En 2015, Macho Coca fue investigado por tener vínculos con una organización dedicada al tráfico de drogas internacional y al lavado de dinero. Fuentes policiales y de inteligencia entrevistadas por InSight Crime coinciden en que el enorme muelle en Portete que construyó Macho Coca, capaz de albergar enormes barcos pesqueros, funcionaba como una plataforma para el tráfico de drogas. Hoy, este muelle está en poder de las autoridades.

Sin embargo, a pesar de ser una leyenda del narcotráfico en Limón desde hace más de una década, a Macho Coca no se le ha podido demostrar ninguna acusación. De hecho, las fuentes policiales aseguraron que personajes como Macho no han podido ser capturados, e incluso algunos han logrado permanecer en el anonimato.

Centro de operaciones

Varias condiciones han hecho de Limón un centro de operaciones del crimen organizado.

De acuerdo con el Programa Estado de la Nación, una organización que promueve el desarrollo humano en Costa Rica y Centroamérica, Limón es una de las zonas con mayor desempleo y pobreza en el país. Esto lo confirma información del censo más reciente, que ubica a Limón con una tasa de desempleo del 12.1 por ciento y con 47 por ciento de su población envuelta en el mercado laboral informal.

La entrada en funcionamiento del complejo portuario de APM Terminals en Moín llegó acompañada de la promesa de impulsar desarrollo y empleo; sin embargo, desde su inauguración en febrero de 2019, el desempleo incluso ha aumentado. Con la llegada de APM, el puerto estatal, perdió el 70 por ciento de la carga que manejaba, así como puestos de trabajo.

Fuentes oficiales aseguran, además, que el crimen organizado en la región ha sido protegido por una red de corrupción que, a menudo, pasa desapercibida.

En Limón y en otras regiones del país donde hay presencia del tráfico de drogas “a cambio de financiar campañas de alcaldes, estos ofrecen a narcos seguridad, protección, información, control territorial, y devuelven la plata con contratos para obras públicas”, como dice Mauricio Boraschi, exjefe nacional de Servicios de Inteligencia y Comisionado Antidrogas.

Uno de los señalados es el alcalde del cantón central de Limón, Néstor Mattis, quien fue reelegido en febrero de 2020, a pesar de haber sido detenido por un breve periodo en diciembre de 2019, sospechoso de cometer delitos de malversación de fondos públicos, pago irregular de contratos, influencia en contra de la hacienda pública y falsedad en la recepción de bienes y servicios contratados, de acuerdo con el diario La Nación

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Según el Diario Extra, existen cuestionamientos sobre el papel que desempeñó Mattis como alcalde de Limón en la construcción del muelle de Portete por parte de Macho Coca, quien ha sido acusado de construir esta plataforma para el tráfico de drogas.

Mattis niega las acusaciones. “Yo nunca he sido declarado culpable en ningún caso en este país” y calificó a las acusaciones como “una campaña de fake news, que trató de afectar mi imagen durante la última campaña política”.

Fuentes oficiales y expertos aseguran que con la falta de oportunidades, el crimen organizado se ha vuelto el motor de la economía limonense y ha avanzado a pasos agigantados. Lo cierto es que existe poca esperanza de que esto cambie en los próximos años.

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