¿Llevan los colombianos la maldición de la coca a Honduras?

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Funcionarios de gobierno creen que una plantación de coca recientemente descubierta en Honduras fue montada por colombianos, lo que indica una migración criminal que podría no solo importar los negocios de producción de la droga a Centroamérica sino también la maldición de la coca que por largo tiempo ha arrasado a Colombia.

Una fuente de inteligencia dijo recientemente a La Prensa que el lugar del cultivo consistente de unas cuatro hectáreas de arbustos de coca, un vivero con plántulas y un laboratorio de procesamiento que fue instalado hace tres años por dos ingenieros colombianos.

Los colombianos habían buscado un lugar aislado con condiciones de altitud, composición del suelo y lluvias propicias para el cultivo de coca; luego contrataron trabajadores locales para limpiar el área para un intento de prueba, según creen los investigadores.

Cuando la plantación piloto resultó exitosa la red presuntamente comenzó a cultivar más coca y a procesarla en cocaína para traficarla al norte.

Las autoridades hondureñas aún no han hecho capturas en el caso, pero informaron a La Prensa que están siguiendo la pista de los colombianos y sus colaboradores hondureños.

El investigador añadió que las autoridades no creen que sea un caso aislado y dijeron que habían obtenido información sobre otros cultivos de coca en las zonas montañosas y aisladas del país, y están planeando nuevos operativos para desmantelarlas.

Análisis de InSight Crime

A medida que se conoce mayor información sobre la primera plantación de coca de la que se tiene noticia, cada vez más indicios muestran que no se trató de una operación aislada, sino que fue parte de un plan coordinado para implementar el cultivo de coca y la producción de cocaína en Honduras.

En ciertos aspectos, sorprenden las denuncias de que haya colombianos a la cabeza de esta acusación. Actualmente Colombia está inundada de coca, y puede estar produciendo más cocaína que en toda su historia. Sin embargo, si las fuentes de La Prensa están en lo cierto, entonces el cultivo en Honduras pudo ser parte de una inversión a largo plazo pensando en un futuro que va más allá de las actuales tendencias y fluctuaciones.

Los grupos colombianos del crimen tienen buenas razones para pensar en Honduras como una zona posible de producción de coca y cocaína. En Colombia hay cuadrillas de erradicadores desplazándose por el país, capacidades de detección y monitoreo de cultivos y un marco legal que restringe la importación y la comercialización de los precursores químicos necesarios para convertir la hoja de coca en cocaína. Honduras no tiene nada de eso.

Honduras también está más cerca del mayor mercado mundial de esa droga, Estados Unidos, y por lo tanto suprimiría un etapa en el recorrido del tráfico de cocaína que es logísticamente compleja y costosa. Además, tiene extensiones de tierra rural de difícil acceso con poca presencia estatal y necesidad de cultivos clandestinos.

El estado de las instituciones hondureñas también ofrece ventajas. Las fuerzas de seguridad, los funcionarios de gobierno y los líderes políticos son débiles y fácilmente corruptibles, aun para los estándares latinoamericanos, lo que ofrece mayor protección que en Colombia, lo que les ha valido importantes avances en esta área aunque estos siguen siendo problemas críticos allí también.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre producción de coca

Hay cierta ironía histórica en la noción de que haya colombianos introduciendo el cultivo de la coca en Honduras, y las autoridades hondureñas harían bien en prestar atención a las lecciones de la historia: en las primeras expansiones del negocio internacional de la cocaína, Colombia era, como lo es hoy Honduras, en su mayor parte un país de tránsito para la cocaína producida en Bolivia y Perú. Solo hasta la década de 1980, cuando Pablo Escobar y su cartel de Medellín decidieron aumentar sus ganancias trasladando la producción al país, esta se convirtió en la capital mundial de la cocaína. Escobar y los demás pioneros de la producción de cocaína en Colombia siguieron una tendencia similar a la que se observa hoy en Honduras, buscando territorios que no solo tuvieran condiciones climáticas aptas para el cultivo de coca, sino también sitios recónditos de difícil acceso.

Para las comunidades lugareñas, la coca trajo consigo un giro criminal hacia la clásica “maldición de los recursos”. Dio dinero a campesinos pobres acostumbrados a vivir en la pobreza absoluta, pero la riqueza llegó acompañada de corrupción y violencia extrema.

La producción de estupefacientes atrajo a mafias y grupos armados. Estos actores del hampa libraron batallas sangrientas para controlar el negocio, con un saldo de decenas de miles muertos y millones de habitantes desplazados. E incluso cuando no peleaban, muchas veces ejercieron su control imponiendo su orden social brutal en las comunidades cocaleras. Entre los que se disputaban el control del negocio de la coca estaban los principales actores del conflicto civil en Colombia, que vertieron las ganancias generadas por el negocio en la financiación de décadas de guerra en todo el país.

Además, la riqueza generada por la producción de cocaína penetró las instituciones de gobierno y las élites sociales y económicas en Colombia, erosionando la credibilidad de las instituciones colombianas y el mismo tejido social del país y llevando a Colombia al límite de convertirse en un estado fallido.

Aunque Colombia pudo retirarse de ese extremo, aun hoy la coca sigue estando en el centro de los mayores problemas de seguridad del país. La producción récord de coca afecta el proceso de paz con el mayor grupo guerrillero del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con esfuerzos del gobierno por cumplir los compromisos adquiridos para ofrecer desarrollo rural y alternativas legales a las comunidades, mientras otros grupos armados aprovechan el retiro de la guerrilla para reclamar derechos sobre el negocio.

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Sin embargo, hay diferencias importantes entre Honduras y Colombia que mitigarían el impacto de una migración hacia el norte de la producción de coca.

Honduras es un país mucho más pequeño y el área geográfica apta para el cultivo es pequeña en comparación con Colombia, así que es improbable que el negocio llegue a los niveles de riqueza y poder que logró en Colombia. También, aunque Honduras puede ser tan volátil y violenta como lo ha sido Colombia, no tiene una guerra civil y los grupos armados militaristas asociados a ella, lo que ha estado detrás de las peores formas de violencia asociadas con el negocio de la coca.

Sin embargo, la historia colombiana ofrece a Honduras una severa advertencia sobre la maldición de la coca. Si los colombianos responsables de la plantación descubierta o cualquier otro pionero de la coca logran convertir a Honduras en eje de la producción de cocaína, esto podría atizar las llamas para un país ya asolado por la pobreza, la inseguridad y la corrupción. 

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